“Huid del país donde uno solo ejerce

todos los poderes; es un país

de esclavos.” (Simón Bolívar).

 

¿Por qué callan?, titula E. Tenembaum, su artículo, este miércoles, en el País. “El triste silencio —o la abierta complicidad— de la izquierda de Latinoamérica frente a la represión en Venezuela”. O bien, las izquierdas se están curando en salud. Varios artículos míos sobre el tema, están en El Diario, tanto sobre la equívoca nomenklatura de izquierdas o derecha, cada vez más borrosas por las ‘alianzas’, como el haber tomado a Bolívar como bandera de satrapías.

Lo sucedido el miércoles en Caracas debería alertar a América Latina; existen muchas réplicas bolivarianas en el Continente. Las imágenes y el parte informático deberían llevarnos a una reflexión seria a todos los ciudadanos sobre la importancia vital de las opciones políticas que votamos, la calidad moral de los elegibles, su escala de valores, su compartimiento ético, su sinceridad, su recta intención.

“En estos días, en América Latina, se ha producido un cambio sustancial que solo puede generar tristeza y preocupación en quienes defienden la democracia y los derechos humanos. En cualquier otro momento de la historia del continente había una sola manera de interpretar las imágenes de tanquetas militares que pasaban por encima de civiles desarmados, o de gorilas uniformados y armados hasta los dientes que disparaban sus metrallas contra jóvenes envueltos en banderas. Todo era muy claro: los victimarios provenían, siempre, de dictaduras alineadas con Estados Unidos y las víctimas eran militantes populares. La resistencia a esa barbarie desarrolló en la izquierda del Continente, a partir de la década del 80, un consenso anti represivo, de respeto a los derechos humanos y de respaldo al régimen democrático”. Pero todo esto ha cambiado; al haberse desperfilado, ni a izquierdas ni a derechas, parece importarles lo que sucede en Venezuela. En escena no aparece el buen samaritano, sino los personajes que pasan de largo ante el hombre que ha caído en manos de los bandidos. Para EE.UU, la crisis es pesca en río revuelto: la mayor reserva petrolera del mundo, está ahí, a su disposición. Se trata de la lógica perversa del pragmatismo político.

“(El consenso de la izquierda), es una de las víctimas de la escalada represiva que se espiralizó en Venezuela desde abril, escribe Tenembaum. Ahora quienes disparan son los militares del régimen de Nicolás Maduro y quienes reciben las balas son los que lo denuncian. Y la mayoría de la izquierda calla o apoya a los represores. Las víctimas de otros tiempos se solidarizan ahora con los victimarios del presente: el ser humano es una especie muy cruel”.

Venezuela lucha en solitario. Resulta increíble. Es la degradación política de América Latina y de la política en general. Desde que el staff de comunicación de Trump oficializó, el ‘los hechos no existen’, ‘cambiar los hechos o fabricarlos’, (maquillaje de las cifras de asesinatos en México. En realidad, se han disparado 70%.), sino de las ‘percepciones alternativas’, ‘las verdades alternativas’, la ‘verdad postfactual’, para hacer más digerible la vil mentira.  En la última reunión de la OEA, un grupo de países liderados por Bolivia y Ecuador bloqueó una sanción contra el régimen de Maduro. México fracasó en el mismo intento hace unas semanas.  Desde que arrancó la represión, el PT brasileño solo produjo muestras de solidaridad, más o menos vergonzantes, con el Gobierno venezolano. En su último Congreso, por ejemplo, recibió una delegación de la embajada venezolana. Lula Da Silva no habla del tema, algo que correspondería dado que en la última campaña electoral grabó un spot pidiendo que votaran por Maduro. Las principales muestras de solidaridad con Maduro en Buenos Aires se produjeron en el Instituto Patria, búnker de la fuerza política que lidera Cristina Kirchner, quien, además, en su reciente gira por Europa, solo concedió una entrevista al canal estatal venezolano, Telesur, desde donde se justifica la represión. El kirchnerismo tiene una gran influencia en los organismos de derechos humanos de la Argentina, que en su mayor parte también callan. Y así las cosas. (ibid). Selectividad pura y dura.

Maduro no deja lugar a dudas: “Lo que no lograremos con los votos, lo conseguiremos con las balas”, ha dicho. ¿Qué más hace falta para entender a alguien que, como los antiguos dictadores de los 70, no disimula nada? Hubo un líder mexicano de la vieja guardia que dijo, con alguna variante folclórica, lo mismo.

“La más importante batalla por la libertad se está dando en las calles de Venezuela y no es justo que los jóvenes, que la lideran, no obtengan el apoyo de Gobiernos y organizaciones democráticas”, escribía Varga Llosa en un estrujante artículo (El País, 05.14). ¿Por qué, me pregunto yo, esa lucha humanamente hablando tan importante como las demás luchas   que se llevan a cabo en el mundo por la dignidad humana, la libertad, la propia identidad, con la atención precisa de los organismos internacionales, por qué, digo, esa lucha por la dignidad en Venezuela, sostenida por estudiantes, primero, luego por todo el pueblo, parece no importar a nadie, ni a la OEA ni a la ONU ni ninguna de tantas e inútiles organizaciones internacionales que exhiben flamantes títulos?

Créame, siempre que escribo sobre tales situaciones, estoy pensando en México. El jefe de la seguridad americana ha visitado México, al Presidente y sobrevolado la zona del cultivo de la amapola, en Guerrero. Narcotour, le llaman los medios, no sin humor. Y se le ofreció el espectáculo los sacrificios aztecas en Acapulco, saldado con una treintena – o más – de víctimas. El mensaje es claro; EE.UU siente que la casa de  lado está en llamas. Y los dueños en el G20.  Resulta altamente preocupante que detrás de todo esto se encuentre una determinada forma de entender y hacer política.

“La muerte les sienta bien” titula un enjundioso artículo sobre el tema Venezuela, Paulina Gamus, venezolana ella: “A esto nos ha conducido un proceso político que se ha empeñado en excluir a la mitad del país, en maltratarla con insultos y atropellarla con los hechos. No es de extrañar la actitud indiferente, casi de hábito, ante las muertes violentas de 200.000 venezolanos desde que comenzó el gobierno de Chávez, un 400% más que en los 40 años anteriores. Una vez dijo Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo  que hay que tener cuidado al elegir los enemigos porque tarde o temprano uno termina pareciéndose a ellos. Justo lo que nos pasa”. Se ha dicho que existen políticos mexicanos que simpatizan con ese régimen y  hasta han hecho visitas. ¡La polítca!

Uno de los discursos de B.XVI más trascendentales, me parece ser el pronunciado en el Bundestag, (22.09.11). “Permítanme que comience mis reflexiones sobre los fundamentos del derecho con un breve relato tomado de la Sagrada Escritura. En el primer Libro de los Reyes, se dice que Dios concedió al joven rey Salomón, con ocasión de su entronización, formular una petición. ¿Qué pedirá el joven soberano en este momento tan importante? ¿Éxito, riqueza, una larga vida, la eliminación de los enemigos? No pide nada de todo eso. En cambio, suplica: “Concede a tu siervo un corazón dócil, para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y mal” (1 R 3,9). Con este relato, la Biblia quiere indicarnos lo que en definitiva debe ser importante para un político. Su criterio último, y la motivación para su trabajo como político, no debe ser el éxito y mucho menos el beneficio material. La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente, un político buscará el éxito, sin el cual nunca tendría la posibilidad de una acción política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho. El éxito puede ser también una seducción y, de esta forma, abre la puerta a la desvirtuación del derecho, a la destrucción de la justicia. “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”, [S. Agustín. De civ. Dei. IV,4,1]. Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra él; cómo se pisoteó el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y llevarlo hasta el borde del abismo”

“Adolf Hitler era un ídolo pagano, que quería ponerse como sustituto del Dios bíblico, Creador y Padre de todos los hombres. Cuando no se respeta a este Dios único, se pierde también el respeto por la dignidad del hombre”.

Cuando la política anda tan movida e inquieta, bien haríamos en meditar textos de este calado. El peor síntoma de la política se hecha de ver cuando Trump se erige como adalid de la cultura, la civilización y los valores de Occidente. (¡!!!¡).

  1. A los chicos que actuaron en Las Varas solo les faltan hospitales de campaña; tiene flota aérea para traslado de sus heridos, ergo, aviones, plantilla de pilotos y pistas de aterrizaje. Ya los quisieran nuestros gobiernos.

 

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