Murió el creador de Playboy

Hace unas semanas murió Hugh Hefner, el magnate creador de la revista Playboy. Cuando Hefner publicó su primer ejemplar de la revista en 1953, la estrategia era llevarla a los distribuidores como pornografía ligera, e introducirla al mercado como una revista de estilo de vida. Así comenzó un cambio cultural en la imagen pública de la pornografía. Para el lector, las fotos de mujeres desnudas eran uno de los muchos atractivos de la publicación. Leer Playboy era pertenecer a una élite cultural que discutía sobre filosofía y consumía alimentos de la clase media alta. El objetivo era introducir la pornografía como algo socialmente aceptado para acabar con una sociedad a la que se consideraba sexualmente reprimida.

Hugh Hefner contribuyó a abrir a la sociedad al mundo del porno y, con ello, a empujar a la humanidad hacia la adicción a esta actividad. Para muchos, la obsesión con la pornografía empezó por hojear un ejemplar de Playboy y continuó con imágenes más fuertes. Hoy millones de adictos sufren por no tener la fuerza de voluntad para regular sus deseos, impulsos y pasiones, y son incapaces de integrar la sexualidad con el amor verdadero. Una sociedad de personas maduras, felices y familias fuertes nunca será una sociedad donde abunda la pornografía y el vicio.

Recuperar el centro histórico

Los gobiernos estatal y municipal han determinado que el rescate del centro histórico de Ciudad Juárez es un proyecto de primera importancia. Urge hacerlo, porque durante las últimas décadas hemos visto un interés exclusivo de los gobiernos por promover el desarrollo económico. Muchos juarenses observamos con pesadumbre que, justamente por alentar sólo la economía, no se le da importancia a la preservación de los edificios históricos y espacios públicos como parte del fortalecimiento del amor a nuestra tierra. Los inmigrantes son una riqueza pero también son un reto para despertar en ellos el cariño y el arraigo en Ciudad Juárez. A ello contribuye el rescate del centro histórico.

Cuando visitamos una ciudad descubrimos la personalidad que esta tiene a través de su centro histórico. El cuidado a sus monumentos, a sus edificios y sus plazas refleja el amor de un pueblo a sus raíces. Ahí están las huellas de los sacrificios de grandes personajes que ennoblecieron su historia. Ahí están las plazas como lugares de encuentro y convivencia, y las catedrales y las iglesias que indican el destino final y trascendente del pueblo. Quienes amamos a Ciudad Juárez por lo mucho que nos ha dado, hemos de pedir insistentemente a los gobiernos el rescate del centro histórico, porque sólo alimentándonos de nuestras raíces, podremos construir el futuro.

Niños y el lado oscuro de internet

Cuando éramos jóvenes, nunca imaginamos que existiría el mundo digital. En pocos años internet ha transformado nuestro ambiente, la forma en que nos comunicamos y vivimos. El mundo digital fascina y maravilla a todos, pero también provoca temor y miedo por los problemas que plantea. Son 800 millones de menores los que hoy navegan en la red. Ellos tienen acceso a imágenes pornográficas cada vez más extremas. Ha crecido el fenómeno del intercambio de fotografías de desnudos que ellos mismos se toman. Y hay también personas que se comunican con menores con fines sexuales. En el mundo digital existen redes de prostitución, de tráfico de personas, escenas en vivo de violaciones y violencia contra menores. Este es el lado oscuro de internet, donde el mal actúa y se expande con eficacia.

Ante todo ello, estamos llamados a movilizarnos juntos. No subestimemos el daño que el lado oscuro de internet puede hacer a los niños. Tampoco es suficiente poner filtros para bloquear imágenes en las pantallas. Los delitos en la red deben ser combatidos por la policía y todos debemos cooperar con ello. Pero los retos más grandes son para los padres, maestros y líderes espirituales de los niños. Solamente si los educan en el uso correcto de su libertad, en la formación de la conciencia moral, en el fortalecimiento del carácter y el autodominio, internet será un instrumento para el desarrollo de su personalidad y no una herramienta que perjudique gravemente sus vidas.

Ver en el Blog del Padre Hayen