Salvemos a los delfines

No contento con haber prohibido animales en los circos, y haber condenado a esos animales a morir errantes en las afueras de la Ciudad de México, el Partido Verde Ecologista de México ha prohibido los espectáculos con mamíferos marinos. En México existen 396 ejemplares de estas especies en cautiverio, entre delfines, lobos marinos, manatíes antillanos y leones marinos, distribuidos en 35 establecimientos del país. Menos mal que, de ser aprobada esa ley, entraría en vigencia dentro de 50 años. Así al menos los niños de las próximas generaciones tendrán la oportunidad de conocer estos animales en vivo. ¿Hacia dónde quieren llevar los verdes a nuestro país? Habiendo tantos asuntos tan importantes para legislar, ellos, siguiendo la moda ecologista, podrán prohibir un día que los vagabundos y mendigos de las calles duerman en los parques y jardines de las ciudades; así no estropearán la vegetación ni atentarán contra el medio ambiente. No sea que también duerman sobre un hormiguero y apachurren a las hormigas. La pregunta es ¿debemos de sacrificar al hombre para salvar a los animales y el medio ambiente?

Iglesias donde todo se vale

Los obispos alemanes publicaron, hace unos días, que alrededor de 160 mil católicos han abandonado la Iglesia en Alemania durante el último año. Son cifras atroces. Curiosamente la Iglesia Católica de Alemania, así como la de Austria, Suiza y Holanda, son las más liberales y permisivas en sus enseñanzas morales. No es ningún secreto que, en esos países, muchos sacerdotes se han rebelado al Magisterio de la Iglesia y piden la Comunión a los divorciados vueltos a casar, la ordenación sacerdotal de mujeres, la aceptación de las prácticas homosexuales y el aborto. En esta región del centro de Europa se predican enseñanzas que rompen con la Tradición de la Iglesia, haciendo una interpretación errada del Concilio Vaticano II. ¿El resultado? Las iglesias se están quedando vacías. A la Iglesia Anglicana, por otra parte -una Iglesia completamente liberal- solamente acude el 1.4 por ciento de los ingleses a los servicios religiosos. Son datos infames que nos dicen a gritos que las iglesias permisivas hacen que los fieles se queden en sus casas. Una Iglesia diluida con el espíritu del mundo es sal que se vuelve insípida, es luz mortecina que se apaga en las tinieblas.

Corrupción y crisis del espíritu

Cuando en México hablamos de política, uno de los temas que más nos preocupa es la corrupción. El periódico El Financiero aporta datos duros: de cada 100 pesos de riqueza que genera la economía, 10 se destinan a la corrupción; de 176 economías mundiales, en el año 2000 con Vicente Fox la percepción de la corrupción era de 53 puntos, creció con Felipe Calderón arriba de los 100 puntos, y con Enrique Peña Nieto ha llegado hasta 123.  Más allá de la corrupción el problema está en el espíritu del hombre, que vive una crisis sin precedentes. Hemos perdido el sentido de trascendencia, que es perder el sentido de la vida. Parece que al hombre contemporáneo no le interesa transformarse interiormente en una persona buena, honrada y virtuosa; en alguien que dedique tiempo para servir a los demás, en alguien que busque la sabiduría y hacer la voluntad de Aquel que todo lo trasciende. Eso es trascender. En cambio cuando robamos, hacemos fraudes o nos dedicamos a delinquir, nuestra vida no trasciende sino que se acurruca en su mediocridad y, al final, en su propia tumba.

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