Esta semana lo ha sido en sucesos altamente significativos. Escribía el domingo pasado ‘¿Habrá lugar, todavía, para una filosofía política? ¿O, a lo sumo, para una teoría política? Si la respuesta es no, entonces veremos a hombres y mujeres muy audaces y astutos, pero una disminución drástica de las ideas. El mismo discurso político se pulveriza en generalidades, promesas descabelladas y, a la postre, en mentiras’. Es lo que vimos y oímos en el último vodevil. Pero todo es altamente significativo.

El futbol. Mucho hay que decir de este negocio-deporte; me quedo con lo que J. Valdano ha dicho: “es la cosa más importante entre las cosas que no tienen importancia”. Se ha dado una cosa chusca: La prohibición por parte de la FIFA  a los mexicas para portar máscaras en los estadios. Genial lo ha comentado Jorge F. Hernández: “La FIFA ha prohibido expresamente que los aficionados mexicanos que asistan a los juegos del ya inminente Mundial de Fútbol Rusia 2018 porten máscaras de lucha libre o rostros de jade (aunque no dice si podemos llevar penachos con largas plumas de quetzal). Al parecer, en la celebración de pasadas Copas del Mundo, no pocos distinguidos miembros del crimen organizado, carteles de la droga y políticos prófugos usaron las gloriosas máscaras de Blue Demon, el Santo y Espectrito para camuflarse en los estadios y evadir la garra de la Interpol, más lo que no contempla la FIFA es la necesidad de capacitarse en algo que podríamos llamar Sutiles Síntomas de Mexicanidad”. Tal vez quede vetado el grito putin coreado al momento de un saque. Bueno, en Paris, Ud. lo recuerda, unos buenos mexicas tuvieron a bien exonerar la vejiga en la eterna flama que alumbra el recuerdo de héroes caídos. Al día siguiente, el embajador de la república de los plátanos al lado la autoridad francesa hubo de asistir al nuevo encendido de la flama eterna.

Corea. Pero acontecimiento histórico acaecido esta semana ha sido el encuentro entre Trump y Kim Jong-un. Es una jugada que debe ser analizada con todo detalle. Aquí aludiré a unos aspectos.

¿Por qué dos Coreas? Imposible entrar en detalles; en las primeras décadas del s. XX, Corea fue sometida a constantes invasiones: Japón, China, Rusia. Se terminó en una guerra civil. La división ocurrió de hecho en el momento de la capitulación japonesa que puso fin a la II.G. M. en 1945. Después de esa fecha, las fuerzas soviéticas entraron por Manchuria en Corea del Norte y se hicieron con el control de las provincias japonesas. El mayor temor de los Estados Unidos durante este período fue que la península coreana fuera dominada por las fuerzas soviéticas o por las fuerzas comunistas chinas. Las autoridades estadounidenses apoyaron la influencia nacionalista del líder Syngman Rhee, que estaba a favor de la separación antes que a favor de una Corea comunista unida. La separación quedó consumada en las elecciones de 1948.

En 1950 inició la guerra como repuesta de EE. UU a los afanes expansionistas de Stalin y Mao Tse Tung. He aquí el recuento final de esa guerra: Estados Unidos lanzó 635.000 toneladas de explosivos sobre Corea, y 32.557 toneladas de napalm, una cantidad que supera todas las bombas que cayeron sobre el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Entre el 12 y el 15% de la población total de Corea del Norte murió en la guerra, con una cifra de civiles muertos que ascendió a dos millones y medio. Se estima que Corea del Sur y sus aliados tuvieron cerca de 778 000 muertos, heridos y mutilados, mientras que el bando de Corea del Norte tuvo entre 1 187 000 y 1 545 000; además 2 500 000 civiles muertos y heridos, 5 millones quedaron sin hogar y quedaron más de 2 millones de refugiados. Esto la hace una de las guerras más sangrientas de la historia. Unos 54 000 estadounidenses y 500 000 chinos murieron en ese conflicto.

Se llama a esta guerra, la ‘guerra olvidada’; ello por varias razones, una porque es una guerra que no ha terminado. Sí, se suspendieron las acciones, pero nunca se firmó el tratado de paz.

¿Qué se jugaba en esa guerra? El dominio geopolítico de Pacífico Sur, todo el sureste asiático, nada más. Apenas unos años antes EE.UU. había derrotado a Japón. Stalin y Mao quisieron medir, ahora, la capacidad de respuesta de Occidente e invadieron Corea. ¿Actores? EE. UU., China, Rusia.  EE. UU. apoyó a líder nacionalista Chiang Kai-shek para clavar el rejón a Mao.

¿Quiénes son, ahora, los actores de la nueva edición del drama? EE. UU, China y Rusia, con sus respectivos aliados. La ONU se estrenó en el manejo de guerras con la guerra de Corea; representaba la libertad y la democracia.

Corea del Norte, un país con hambrunas, sumido en la pobreza, no tiene la capacidad de producir el armamento nuclear que exhibe; podemos sospechar que es el escenario para librar batallas ajenas y las condiciones están dadas.

La precipitada visita de Trump y los suyos a Singapur se da en medio de detalles sospechosos. Acude a la reunión del G-7 a quienes se dio el lujo de humillar; Canadá es el nuevo México. La foto donde se ve a Trump sentado, de brazos cruzados, y a los restantes rodeándole, como que le suplican, dice mucho.

La reunión fue fantasmagórica. Así la resume un analista: “Vamos a tener una relación fantástica”. “Es un hombre muy talentoso” que “quiere mucho a su pueblo”. Estas son algunas de las palabras que Donald Trump ha dirigido Kim Jong-un, líder de uno de las dictaduras más férreas y opacas que existen, con entre 80.000 y 120.000 personas detenidas en los campos de trabajo para presos políticos, según datos de Amnistía Internacional. Si el presidente de Estados Unidos recibió apoyo político en este proceso de negociación para lograr la desnuclearización de Corea del Norte, la afabilidad mostrada en la cumbre en Singapur ha desatado críticas en Estados Unidos, donde lo ambiguo del compromiso del régimen ha decepcionado.

El senador republicano Lindsey Graham, de Carolina del Sur, también se desmarcó del presidente al recalcar que Kim “mata a su propia gente en masa”. “Mató a Otto Warmbier [un estudiante estadounidense que fue preso más de un año en Pyongyang. Es muy mal tipo”, enfatizó.

Todos estos acontecimientos en una semana. ¿Qué es la política? “La política se nos ha convertido literalmente en una cuestión de vida o muerte”. (K. W. Deutsch). Y nosotros vamos cruzando el canal.

 

 

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