Ángela Merkel, la canciller alemana e hija de pastor protestante, habló sabiamente. Lo dijo en una entrevista en la Universidad de Berna a principios de diciembre: “Europa debe volver a Dios y a la Biblia para superar la crisis de inmigración”, la cual tiene contornos religiosos.

¿Cuál es la crisis? Hoy Europa es el continente que más fuertemente rechaza sus raíces cristianas. La mayoría de los habitantes del viejo mundo se han vuelto ateos o agnósticos, viven con altos índices de depresión y muchos ven el futuro sin ninguna esperanza. Abiertos al aborto, a la contracepción y a conceptos de familia extraños a la naturaleza humana, los europeos se están quedando sin hijos. Y sin hijos no hay futuro. Mientras tanto la inmigración musulmana está poblando el continente de manera silenciosa, tanto por los inmigrantes como por el número de hijos que procrean; por su visión religiosa de la vida, los musulmanes guardan la esperanza de que Europa se convierta en continente de moros. Y mientras Europa se está islamizando, crece el peligro del radicalismo musulmán. Ángela Merkel, quien es practicante de su fe cristiana, se ha dado cuenta y lo ha dicho: la salvación de los europeos es redescubrir y regresar al cristianismo, raíz de la cultura del continente.

Quienes vivimos en América hemos de aprender las lecciones que nos llegan del viejo continente. Lo más precioso que tiene nuestra cultura es Jesucristo. Por eso encendemos tantas luces en esta época del año. Navidad es la fiesta de la luz, y Jesús es la luz sin la cual no se puede vivir, no se puede caminar y no se puede ver. Él es la luz de la vida, Él es el sentido de nacer, de trabajar y de morir. Mientras que la mayoría europea ha rechazado a Jesucristo y camina con pasos de ciego y sin una meta final hacia la cual debe orientar su desarrollo, nosotros hemos de hacer todo para salvar nuestra cultura de la tristeza y de la angustia del materialismo. En esta Navidad abramos el corazón al anuncio gozoso del nacimiento del Salvador del mundo que proclaman los ángeles, y encendamos el corazón con esa alegría. ¡Feliz Navidad!

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