El sábado por la noche la hermana María de Jesús Cabrera, del Instituto religioso Misioneras de Jesús Hostia (segunda de izq. a der), quien sirve desde hace varios años en la Catedral, fue hallada desmayada en el suelo, afuera de la sacristía. Un aneurisma le provocó el desvanecimiento, lo que hizo que también se golpeara fuertemente la cabeza y sufriera también una fractura de cráneo. El diagnóstico médico es muy desalentador, la hermana religiosa no ha recuperado la conciencia, y ya sólo estamos confiados a que se haga la voluntad del Señor.

En la espera de la Navidad hemos leído: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”.

En la vocación de mi hermana María de Jesús he podido contemplar hoy un reflejo de la vocación de la Virgen María, en quien la vocación de toda religiosa encuentra su esplendor. La hermana renunció a todo amor humano para entregar su alma y su cuerpo al Señor. No quiso compartir su vida con varón porque el destinatario exclusivo de su corazón es Jesús.

Las hermanas religiosas prestan un enorme servicio a la vida de la Iglesia. Con su entrega, tantas veces humilde y abnegada, nos enseñan que han encontrado la perla preciosa del Reino de Dios, y que hemos de preferir ese Reino por encima de cualquier valor. Cuando una religiosa vive su entrega por amor a Jesús, se vuelve una persona espiritualmente fecunda, y por eso las llamamos ‘madre’, porque su maternidad es espiritual y para muchos.

En mi hermana María de Jesús he podido ver cómo una religiosa vive plenamente su vida cuando el amor toca su vida. Ella ha sido mujer espiritual, libre, fuerte, ágil y alegre, de una gran capacidad de trabajo, mujer de sacrificio y con una hermosa voz que cuando la pone al servicio de la liturgia, entonando los salmos, se sienten “ángeles volando en ese lugar”.

Pido a Dios que haya más personas que entreguen su corazón indiviso a Dios, como Hostia viva, santa y agradable a Dios, y que en nuestras familias se fomenten las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. Y que a mi hermana María de Jesús, que hoy lucha por su vida, el Señor la sostenga en la palma de su mano y la conforte.

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