En pie de guerra

Después de la victoria en el Estado de Nuevo León, donde queda protegida la vida desde su concepción hasta su muerte natural, las cosas se pusieron muy tensas en el Congreso Federal. Algunas diputadas de izquierda y, sobre todo, Patricia Mercado (Movimiento Ciudadano), en una gran falta de respeto, repartieron pañuelos verdes en los curules para invitar a toda la Cámara a legislar a favor del aborto. Jesusa Rodríguez –senadora de Morena– insultó a las mujeres católicas llamándolas “poco inteligentes”. Las abortistas están que echan espumarajos de rabia por lo sucedido en Nuevo León.

Como en la visión de Apocalipsis capítulo 12, donde se narra que en el cielo estalló una gran batalla entre Miguel y sus ángeles contra Satanás y los suyos, así se vive hoy en México. Los pro aborto empiezan a combatir con el pañuelo verde mientras que los pro vida enarbolamos el pañuelo azul. Por su parte el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que, sobre el tema del aborto, no quiere debates sino consultas. ¿Se avecina la consulta nacional del aborto? Horror por dos motivos: el derecho de un ser humano a la vida jamás debe ser consultado, sino reconocido; y si la consulta será como la del nuevo aeropuerto o la de las estrategias de seguridad que hicieron en Ciudad Juárez, terminará con los resultados prefabricados que quiera el gobierno.

Primera corrida de la temporada

Admirar es uno de los placeres más grandes del espíritu. El domingo pasado a las cinco de la tarde, en la plaza de toros Alberto Balderas, se realizó la primera corrida de la temporada taurina en Ciudad Juárez. Con tres cuartos de plaza llena de espectadores que sacaron sus emociones con el toreo a caballo de Pablo Hermoso de Mendoza, su hijo Guillermo y el potosino Sebastián Torre, se mostró la admiración de muchos juarenses por la fiesta brava.

Quienes asistimos a la corrida no fuimos a presenciar un espectáculo cruel y bárbaro, aunque sí violento. Fuimos a admirar una fiesta que nació en el siglo XVIII –el siglo de las luces– como el triunfo del poder del hombre y de la civilización sobre la naturaleza bruta, representada en el toro bravo. Lejos de ser un espectáculo cruel, el toreo es un arte que ritualiza la violencia y la sublima con formas estéticas, y esto es admirable. Si fuera un entretenimiento sádico, los aficionados obtendrían gozo y placer con el sufrimiento del toro, pero no es así. Nadie va a la plaza a disfrutar del sufrimiento de la res. Quienes vamos a la corridas lo hacemos para admirar la bravura del toro, su poder y su combatividad; así como la destreza de los toreros o rejoneadores y su inteligencia en relación con su adversario en el ruedo.

Profesores ateos

A veces los sacerdotes escuchamos lamentos de estudiantes católicos que, durante alguna de sus clases, encuentran a profesores que, no solamente se confiesan ateos, sino que tratan de imponer su ateísmo desde sus cátedras, cuando la materia de estudio nada tiene que ver con cuestiones religiosas. Carreras como psicología, sociología o leyes suelen ser ambientes difíciles para la fe de los estudiantes.

Es curioso ver cómo la idea de Dios persigue a todo el mundo, también a los que dicen ser ateos. Si no fuera así, ni siquiera mencionarían a Dios en las aulas escolares. Esto por la simple razón de que existen grandes enigmas de la condición humana que exigen respuestas: cuál es el sentido y fin de la vida, por qué existen el bien y el mal, cuál es el origen y el fin del dolor, dónde está el camino para conseguir la verdadera felicidad, por qué existe la muerte y si habrá retribución después de esta vida por el bien o el mal que hayamos hecho. Los profesores que se jactan de ser ateos ¿tendrán respuestas satisfactorias para aclarar estos enigmas de la condición humana? Por más que traten de sofocar a Dios en los salones de clase, no deben olvidar que la religión pertenece a la esencia misma del hombre; es una constante en la historia de los pueblos. Aunque se persiga a los creyentes, brotará siempre implacable la pregunta sobre Dios. La religión siempre seguirá al hombre como la sombra al cuerpo.

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