Mentiras y promesas vacías
(Rosemary Scott) 

Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Jn 8,32).:

Oración: Ven, Espíritu Santo, dispersa la oscuridad de la impureza con la Luz de la Pureza.


Satanás es mentiroso y padre de la mentira (Jn 8,44). Él nos dirá cualquier mentira para convencernos de violar la ley moral de Dios. A veces interiorizamos estas mentiras, utilizándolas una y otra vez a lo largo de nuestra vida, para justificar nuestro abuso del sexo como don de Dios. Nuestra manera de pensar se tuerce y nuestras inteligencias se oscurecen; desarrollamos un apego al pecado que alimenta conductas compulsivas, difíciles de controlar. Luego, entonces, nos volvemos esclavos del pecado: ¿No sabéis que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis; bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia? (Rom 6,16).

Solamente podremos liberarnos de esta esclavitud espiritual dejando que Jesucristo y la Verdad disipen estas mentiras oscuras. Tenemos que renovar nuestras mentes (Rom 12,2), y cambiar nuestras creencias y actitudes hacia los pecados de la carne. Es un buen punto para comenzar. ¿Cuáles son, entonces, algunas de las mentiras que el demonio ha utilizado para desarrollar el apego a los pecados contra la pureza dentro de ti? Aquí están algunas posibles justificaciones:

Quizá Satanás te ha dicho que mirar imágenes indecentes está bien porque “la desnudez es algo natural”. Sin embargo sabemos que la pornografía no es algo natural. Sus fantasías son irreales, los cuerpos son maquillados, o alterados cosmética o quirúrgicamente, y presenta actos no naturales. Pero además da al espectador una visión distorsionada de la sexualidad y de la humanidad, contraria a la voluntad y al plan de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:

La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. (n. 2354).

El Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, dijo una vez que el problema con las imágenes indecentes no es que éstas revelen demasiado, sino que revelan muy poco. Exhiben el cuerpo pero no pueden revelar el alma.

La pornografía toma un ser humano, quien por designio de Dios es ambos, alma y cuerpo, y lo reduce a una mera imagen corporal, un objeto que puede ser utilizado para una gratificación egoísta, una mercancía que puede ser comprada o vendida. En efecto, presenta a un cuerpo sin alma. Nuestro Dios y Creador no quiso que el acto procreador fuera visto como entretenimiento o fuese vendido como una mercancía. Así pues, desde el punto de vista de Dios, la pornografía no es algo natural.

O quizá tú estás solo, y Satanás te ha convencido de que los pecados de la carne te ayudarán a mitigar la soledad. Quizá pueda aliviar momentáneamente el dolor, pero lo cierto es que tú quedarás tan solo como antes de que vieras esas imágenes. Es imposible tener una relación con una fotografía, y el abuso de sí mismo es un triste acto solitario. Después de que éste ha terminado, regresa la soledad, acompañada con remordimientos de conciencia, odio hacia uno mismo y lejanía de Dios. Y después te sientes peor que antes.

Quizá el Tentador te ha dicho que “mereces un pequeño placer”. La verdad es que nosotros no “merecemos” nada que sea pecado. Un cristiano no tiene derecho a cometer pecado o a experimentar placeres ilícitos. Sólo los casados tienen el derecho al acto sexual, y solamente con el cónyuge. Tu cuerpo es miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo; pertenece a Dios, no el algo tuyo, y tú no puedes hacer lo que quieras con él.

El demonio puede susurrarte: “Dios es injusto al prohibirte este placer”. Ahora el Tentador está tratando de que pienses que Dios te quiere privar de algo. La verdad es que el Creador sólo quiere lo mejor para nosotros, y sabe que la impureza no es precisamente lo mejor para ti. De hecho Satanás quiere que termines negando tu libertad haciéndote esclavo del pecado. Quiere negarte la paz del corazón haciendo que te aborrezcas a ti mismo; y quiere, por último, negarte la felicidad eterna privándote del Cielo.

También está el viejo engaño: “Está bien, Dios te perdonará. Puedes acudir siempre a la Confesión después de pecar”…. Solamente piensa en cuánta gente pudiera haber en el Infierno hoy porque ellos creyeron en esta excusa y murieron antes de que pudieran arrepentirse. No sabes cuánto tiempo vivirás. ¿Por qué poner en riesgo tu alma, aunque sea por un breve período de tiempo?

Otra mentira favorita del Tentador es que “es imposible que resistas la tentación; has caído tantas veces en el pasado que es imposible resistir”. Esta mentira está encaminada a llevarte a la desesperación, y a hacerte creer que no tienes remedio, que no puedes resistir la tentación…. La verdad es que tú siempre puedes resistir por la gracia de Dios, no importa cuántas veces has caído en el pasado. Nuestro Señor ha prometido que Él proveería de algún medio para escapar:

No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito (1Cor 10,13).

Para desbaratar esta mentira debes orar pidiendo la virtud de la esperanza para contrarrestar la desesperación, creyendo que se puede resistir con la ayuda de Dios y buscando la vía de escape que Él ha hecho para ti.

O quizá pienses: “Lo haré por última vez, y nunca necesitaré hacerlo de nuevo”…. Esta es una mentira para llevarte al pecado otra vez. La verdad es que esa misma frase la has dicho cientos de veces antes. El decir “juro que será la última vez” es un vil engaño del demonio.

Quizá ninguna de las mentiras anteriores te parece familiar, y solamente piensas: “Lo hará simplemente porque me gusta”… En este caso la mentira puede ser la creencia que la gratificación física es buena y debe conseguirse a toda costa, aún si pone en peligro tu alma inmortal. Sin embargo no hay ningún placer, aunque sea muy fuerte, que valga la pena como para poner en riesgo la propia salvación. La alegría y la paz de un alma en estado de gracia, y la felicidad eterna de la Visión Beatífica de Dios, son mucho más grandes que unos cuantos segundos de sensaciones físicas.

Hay otras muchas mentiras posibles que el Tentador pueda utilizar. La pornografía en sí misma no es otra cosa que una gran mentira, una farsa, llena de promesas vacías que no puede cumplir. Los pecados contra la pureza no te harán feliz, ni te llenarán o te consolarán, ni nunca te dejarán satisfecho. Si te sientes solitario o aislado, la pornografía nada tiene que ver con el amor y la aceptación; esas imágenes no te aman. Sólo Jesús te ama. El es la Verdad, y su Cuerpo que es la Iglesia es columna y cimiento de la verdad. Vuélvete a Jesús para recibir su amor y su consuelo. Sólo Él puede dejarte satisfecho.

No necesitas imágenes indecentes ni abusar de ti mismo para ser feliz. De hecho, estas cosas solamente te harán, al final, sentir miserable. Dios basta para brindar verdadera felicidad y realización. El te ama y aliviará tu soledad. Si nunca vuelves a ver imágenes indecentes o si no te tocas impuramente de nuevo, no te sentirás “necesitado”. Dios te seguirá amando infinitamente. El quiere salvarte y no condenarte. Deja que Él te libere de tu esclavitud del pecado y puedas caminar en su luz.

Propósito: Pide a Dios que te muestre en qué mentiras has adoptado, y pide que te libere de ellas. Si vas con un consejero espiritual, aprovecha las intuiciones y consejos que puedas recibir. Escribe todas las verdades y rechaza las mentiras, haciéndolo en primera persona, por ejemplo: “No necesito pornografía para ser feliz”, etc. Lee, para ti mismo, tu lista de verdades en voz alta todos los días, de preferencia luego de una meditación diaria. Haz esto durante toda la duración de estas meditaciones, pidiendo a nuestro Señor que te ayude a interiorizar estas verdades. Esto cambiará tu proceso de pensamiento y renovará tu mente conformándola a la verdad de Dios. Y continúa acercándote a Jesús y a la intercesión de la Virgen María.

San Juan evangelista, ruega por nosotros.

Mide tu progreso: desde que hice la última meditación,

Cuántas veces:

a. Deliberadamente me toqué impuramente al despertar

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

b. Deliberadamente vi fotografías o películas indecentes

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

c. Cometí actos impuros solo o con otras personas

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

d. Deliberadamente me deleité en pensamientos impuros

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

e. ¿Cuándo fue la última vez que fui a la Confesión? __________________

f. ¿Cuándo fue la última vez que asistí a la Santa Misa?________________

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