La Pasión y Muerte de Nuestro Señor
(Rosemary Scott)

En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo! (Gal 6,14).

Oración: Salve, oh preciosísima y dadora de vida Cruz de nuestro Señor, tú arrojas fuera los demonios por el poder de nuestro Señor Jesucristo crucificado en ti. Él descendió al infierno y, pisoteando el poder del demonio, nos dio su preciosísima Cruz para expulsar la fuerza del adversario. Oh preciosísima y dadora de vida Cruz de nuestro Señor, asísteme junto con nuestra Santísima Señora, la Virgen Madre de Dios, y con todos los santos, hoy y para siempre. Amén. Guárdame, Señor, con el poder de tu Santa y dadora de vida Cruz, y presérvame de todo mal (Oración del oriente cristiano a la Preciosa Cruz).

Tienes una buena razón para gloriarte en la Cruz de nuestro Señor, porque la Cruz es tu esperanza para obtener la victoria sobre los pecados. Fue ahí donde Jesucristo murió por nuestros crímenes. Si no fuera por la Santa Cruz, todos estaríamos muertos en nuestros pecados, sin ninguna esperanza de alcanzar un corazón limpio o ser partícipes de la naturaleza divina.

Quizá es por esto que los demonios odian tanto la Señal de la Cruz. Muchos santos nos dicen que este gesto tan simple, que la mayoría de nosotros aprendimos desde niños, si se hace devotamente con fe en Dios, tiene el poder de repeler a los demonios y de poner fin a la tentación. El Signo de nuestra Redención es el símbolo de la derrota de Satanás; por esta razón ¡cuánto odio le tienen los espíritus malignos! Así que la próxima vez que te veas asediado por la tentación, acuérdate de hacer la señal de la Cruz; y si tienes agua bendita, utilízala.

Meditar sobre la Pasión y Muerte de Cristo te ayudará inmensamente en tu lucha por la castidad. Como vimos anteriormente, recordar los sufrimientos que Jesús aceptó voluntariamente por amor a ti, te ayudará a profundizar más en tu amor a Él, y te despertará la Contrición perfecta por tus pecados del pasado. La magnitud del sufrimiento de Cristo también revela la terrible realidad del mal, y nos ayuda a aprender a odiar el pecado.

Lorenzo Scupoli dice que, en tiempos de tentación, hemos de pensar en la Pasión de Cristo:

Tu oración debe ser conducida de la siguiente manera. Cuando veas que llegan estos pensamientos, ponte en recogimiento y háblale a Cristo crucificado diciéndole: “Dulce Jesús, ven a rescatarme para que no sea víctima de mis enemigos”. En ciertas ocasiones puedes abrazar un Crucifijo representando a tu Señor agonizante, besar las marcas de las sagradas Llagas en sus pies y decirle con gran confianza y afecto: “Oh adorables sagradas Llagas, impriman su figura en mi corazón tan lleno de maldad, y presérvenme de consentir al pecado”.

Para tus meditaciones yo no comparto la opinión (como otros autores lo son), de que cuando la tentación es más violenta, debes considerar la degradante e insaciable naturaleza de estos pecados para llegar a sentir odio por la impureza; y que debes considerar cómo después de la impureza viene el disgusto, el remordimiento y la ansiedad, aún también viene la pérdida de la fortuna, la salud, la vida, el honor, etc. Estas consideraciones no son apropiadas para liberarnos de la tentación porque, en vez de protegernos del peligro, con frecuencia suelen incrementarlo. Si el entendimiento aleja los malos pensamientos, estas reflexiones naturalmente los vuelven a llamar.

La mejor manera de liberarse de estos es quitar no sólo los pensamientos mismos, sino también las reflexiones contrarias a ellos. Tratando de combatir los malos pensamientos por los pensamientos contrarios, simplemente hace que renovemos las ideas impuras y que inconscientemente las imprimimos de manera más profunda. Por eso contentémonos con la meditación de la vida y la muerte de nuestro Salvador.

La Iglesia nos ofrece diversas maneras de considerar la Muerte salvadora de Jesús. Por ejemplo, uno puede cultivar la devoción a su Preciosísima Sangre o a sus Santas Llagas. Además está el Viacrucis y los Misterios dolorosos del Santo Rosario. Quienes luchan con los pecados habituales contra la castidad encontrarán elementos en estas devociones que aplican específicamente a ellos. Por ejemplo, en la décima estación del Viacrucis “Jesús es despojado de sus vestiduras”, se reza frecuentemente por la intención de obtener la “pureza de la mente y el cuerpo”. El fruto del segundo Misterio doloroso del Rosario “La flagelación de Jesús” es obtener la virtud de la castidad o superar los deseos de la carne, o mortificar los sentidos. Muchos santos han dicho que Jesús soportó los horrendos azotes para reparar los pecados de la carne.

Finalmente, meditar la Pasión y Muerte de Cristo debe recordarnos nuestro deber y misión de tomar nuestra cruz y seguirlo. Ser permisivo en pecados solitarios como las fantasías, el deleitarse con imágenes impuras y cometer pecados contra el propio cuerpo es una indicación de que estamos centrados en nosotros mismos, que vivimos enfocados en nuestra propia gratificación persiguiéndola a toda costa. Esto se opone a la intención de nuestro Creador de que utilicemos nuestros órganos genitales solamente durante el acto de comunión entre dos personas, y no para el placer solitario. La impureza, pues, es con frecuencia síntoma de un problema más hondo que tiene que ver con el egoísmo. A menos de que trabajemos con la raíz que lo causa, tendremos muy pocas esperanzas de obtener la victoria sobre esta clase de vicio, o muy pocas posibilidades de tener una vida cristiana que dé frutos.

Los cristianos tenemos que vivir centrados en Jesucristo, y no en nosotros mismos. Muchas veces tenemos que negarnos a nosotros mismos y no ser indulgentes. Recuerda las palabras de nuestro Señor: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? (Mt 16,24-26).

¿Qué te traerá de beneficio, querido cristiano, el experimentar todo el placer en el mundo si pierdes después tu alma inmortal? En verdad que esa hora de placer es despreciable porque con ella estás comprando tu sufrimiento eterno.

Para seguir a Jesús, tenemos que negarnos a nosotros mismos, aún morir a nosotros mismos. Tenemos que mortificar nuestros deseos, pedir la gracia de decir “¡no!” a la tentación y a nuestra lujuria, hacer en cambio la voluntad de Dios y no la nuestra. Si tú estás haciendo los propósitos al final de cada una de estas meditaciones, ya has comenzado a negarte a ti mismo. Síguelo haciendo. Volveremos a hablar de esto más adelante en otras meditaciones.

Como se dijo en el versículo inicial de esta meditación, por Cristo y su Santa Cruz, el mundo está crucificado para ti, y tú para el mundo. Vive como si ya hubieras muerto para el mundo.

Propósito: si no tienes todavía un crucifijo en alguna de tus paredes, coloca uno o, al menos, lleva uno contigo para recordarte el gran precio que Jesús pagó por tus pecados. Medita con frecuencia sobre la Pasión de Cristo, especialmente en tiempos de tentación. Pide humildemente a Dios la gracia de soportar tu cruz, niégate a ti mismo los placeres de la carne y aprende la autodisciplina, que es parte de la vida cristiana.

La próxima vez que el Tentador susurre a tus oídos: “Te mereces un pequeño placer”, di a ti mismo: “Tengo que negarme este placer, cargar mi cruz y seguir a Jesús. Ofreceré este acto de negación de mí mismo en unión con la muerte de mi Señor en la Cruz”. Luego pide la gracia a Dios para cumplir tu propósito.

Te adoramos oh Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Mide tu progreso: desde que hice la última meditación,

Cuántas veces:

a. Deliberadamente me toqué impuramente al despertar

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

b. Deliberadamente vi fotografías o películas indecentes

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

c. Cometí actos impuros solo o con otras personas

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

d. Deliberadamente me deleité en pensamientos impuros

_____0 _____1 _____2 ­­­_____3 o más veces

e. ¿Cuándo fue la última vez que fui a la Confesión? __________________

f. ¿Cuándo fue la última vez que asistí a la Santa Misa?________________

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