Todo gobierno tiene el deber de buscar el bien común, sobre todo de las personas más desprotegidas y vulnerables. Es un principio elemental de doctrina social, y es lo que da sentido al quehacer de la política. El Evangelio de este domingo nos muestra dos modos de hacer el bien, profundamente diversos entre sí. Encontramos a los ricos que arrojan muchas monedas en las alcancías del templo para hacerse notar y agradar a los hombres. Hallamos también a la viuda pobre que sólo da, en dos moneditas, todo lo que tenía para vivir. Así agradaba a Dios. El primer estilo es elogiado por Jesús, mientras que el otro es condenado. Es un argumento de máxima importancia porque, al final de la vida, los hombres y los gobiernos serán juzgados por las obras buenas que hayan realizado.

Los hombres y mujeres de la política no sólo tienen el deber de hacer el bien, sino de evitar los males para la sociedad. El gobierno federal electo, hoy está proponiendo cuatro iniciativas que dañarán severamente al país, y que ponen en peligro la vida y el futuro de las personas más vulnerables y frágiles de México. Con la modificación del Código Penal Nacional se pretende la despenalización del aborto en todo el territorio nacional, es decir, se quiere conceder la libertad a los padres para que puedan matar a sus hijos. Además se pretende legalizar la eutanasia, permitiendo que los hijos puedan asesinar a sus padres en la última etapa de la vida.

También está sobre la mesa la despenalización de la mariguana para uso con fines recreativos, lo que atenta contra la salud y el porvenir de los jóvenes mexicanos y contra la estabilidad y la paz en las familias. Por último se quiere imponer una extraña ley mordaza, que pretende encarcelar a cualquier persona que hable en contra de la ideología de género. Si una lesbiana o un gay, por ejemplo, piden ayuda a un psicólogo o a sus mismos padres de familia para sanar su homosexualidad, nadie podría aconsejarles la reversión de su orientación sexual o la vivencia de la castidad, ya que estaría atentando contra el desarrollo de su personalidad.

Estamos ante una situación cada vez más compleja para los católicos. Los temas de aborto, eutanasia, drogas libres y ley mordaza no fueron promesas de campaña, por lo que introducirlos ahora en la agenda política constituye una traición al pueblo mexicano. Muchos cristianos, motivados por presiones sociales, o seducidos por el espíritu del mundo, olvidan que la defensa de la vida y la familia son, para los católicos, principios no negociables; están confundidos, no se atreven a levantar la voz ante el declive moral y social, y acaban adoptando criterios opuestos al Evangelio.

La viuda pobre nos enseña que para que un acto sea bueno, ya se trate de un acto personal o de gobierno, debe tener la aprobación de Dios. La agenda de la cultura de la muerte, que hoy está siendo introducida en México, es contraria al plan divino. Dios no quiere que perezcamos en la violencia o sumidos en los vicios, sino que tengamos vida abundante; por ello la agenda de la muerte no puede tener el beneplácito de Dios. No busquemos las glorias mundanas como hacían los fariseos, y conduzcamos nuestra vida dispuestos a luchar contracorriente buscando sólo el bien del hombre, que es la gloria de Dios. México no necesita más muertes sino respeto a la vida humana, a la familia y un digno porvenir para los jóvenes.

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