Escuchaba, hace algunos días, a un hombre de una secta que, frente a la Catedral decía por altoparlantes, que el Vaticano tenía más dinero que Estados Unidos y la Unión Europea juntos. Sonreí. Luego recordé con tristeza que un amigo perdió la fe porque leyó un libro que afirmaba que el papa es masón y que la Santa Sede tiene fábricas de condones que distribuye por el mundo. Pensé también en tantos que se confunden porque vieron un programa en History Channel o en National Geographic sobre lo que la Iglesia oculta y cómo tergiversó el mensaje de Jesús a través de la historia.

Es increíble la cantidad de noticias e historias falsas que se dicen sobre la Iglesia y cómo tantas personas las creen. Como católicos debemos entender que, durante siglos, la Iglesia ha sido sujeto de falsas noticias. Nuestros enemigos se gozan contando falsas historias de las Cruzadas y no se diga de la Inquisición; hay quienes afirman que la Iglesia es enemiga de la ciencia cuando, en realidad, la ciencia nació con la Iglesia; o bien, la propaganda de que la Iglesia tenía prohibido a los laicos que leyeran la Sagrada Escritura, y tantas cosas falsas del proselitismo anticatólico.

He leído un excelente artículo de Allison Low -“Fake news, the paganization of the Church”- en el que desmiente la acusación de que la Iglesia Católica se convirtió en una iglesia pagana desde tiempos de Constantino. Yo personalmente me he encontrado con esta acusación que nos hacen algunos grupos evangélicos, que afirman que desde el siglo IV, con la conversión al cristianismo del emperador Constantino, y con la consecuente aceptación la Iglesia como una religión más del Imperio, la Iglesia Católica se volvió idólatra y blasfema.

Estos grupos anticatólicos no saben lo que dicen. Piensan que si la Iglesia adopta algunos signos de origen pagano, la Iglesia se está corrompiendo. Sin embargo Low afirma que Dios, a través de la Iglesia, ha transformado lo profano convirtiéndolo en cristiano. El resultado es la cristianización del paganismo y no la paganización del cristianismo. A muchos hermanos separados de la Iglesia les cuesta creer que Dios utilizó la lengua griega -idioma del paganismo- para escribir el Nuevo Testamento. Sin embargo Jesucristo, cuando tomó carne humana, utilizó materiales como el lodo y la saliva como instrumentos para curar a los enfermos.

También Dios utilizó un instrumento pagano de tortura -la cruz- para redimir a la humanidad. Imitando a su Maestro, los cristianos transformaron los símbolos paganos, como el pez, el árbol de Navidad y el anillo de matrimonio, como signos que apuntan a Dios, señala Low. La Iglesia transformó muchos templos paganos de Roma en templos católicos, no para apoyar creencias paganas, sino para que fueran signos de piedra que proclama la victoria final de Jesucristo en el mundo.

El obelisco de la Plaza de San Pedro, en Ciudad del Vaticano, dejó de ser el símbolo pagano del dios sol adorado por los egipcios, para convertirse en un signo de victoria del cristianismo sobre el paganismo. De hecho el obelisco, que fue testigo silencioso del martirio de numerosos cristianos en el circo de Nerón en el año 64, hoy se yergue en la plaza vaticana con una cruz en su cúspide, que contiene reliquias de la verdadera Cruz de Cristo, y un letrero que dice: Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat. Christus ab omni malo plebem suam defendat. (Cristo vence, Cristo reina, Cristo manda. Defienda Cristo a su pueblo de todo mal).

Cosas que eran familiares a los pueblos paganos fueron utilizados por los cristianos para anunciar el Evangelio. San Pablo utilizó el altar al ‘Dios desconocido’ en Atenas para hablar de Jesucristo, como verdadero Dios, a los paganos. La corona de oro o la guirnalda eran signos paganos para coronar a los atletas en los juegos olímpicos y Pablo, toma estos signos para darles un significado nuevo: aquellos que perseveren como discípulos de Cristo hasta el final recibirán una corona que no se marchita (1Cor 9,25). Del mismo modo el apóstol de los gentiles citó a poetas del paganismo, en más de una ocasión, para comunicar verdades divinas (Tito 1,12: Hch 17,28; 1Cor 15,33).

Conozco cristianos que no celebran la Navidad porque la fecha del 25 de diciembre no aparece en la Biblia; otros se niegan a utilizar el signo de la cruz porque dicen que con ese instrumento mataron a Jesús; la mayoría de no católicos rechaza las imágenes sagradas por considerarlas idolátricas. Todo ello no es sino un reflejo de la obesa ignorancia que muchos grupos cristianos tienen de la historia de su propia religión, y es cerrarse a reconocer que las realidades de este mundo pueden ser encauzadas para llevarnos al encuentro con Dios.

Nuestros hermanos protestantes han querido regresar a vivir un cristianismo simple y sencillo, según ellos, al estilo de las primeras comunidades cristianas, fundamentado sólo en la Biblia. Si conocieran el estilo de vida de los primeros cristianos se maravillarían de la organización de la Iglesia, y de cómo ésta se abrió al diálogo con el paganismo para que sus realidades fueran motivo para encontrarse con el Señor.

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