San Juan Crisóstomo decía a los cristianos de Antioquía: “No es para mí ningún placer hablarles del diablo, pero la doctrina que este tema me sugiere que será para ustedes muy útil”. La Palabra divina habla de un misterioso duelo que marca la historia y que deberá continuar hasta el final del tiempo. Dios tiene un enemigo simbolizado por la serpiente, y el escenario de este combate es el alma humana. Desde el primer pecado, Satanás puso sobre la humanidad el primer eslabón de una cadena que dura hasta nuestros días. Desde entonces trata de destruir la obra del Espíritu de Dios en los corazones de los hombres. Si el Espíritu derrama en el alma humana su Inteligencia, Ciencia, Sabiduría, Consejo, Piedad, Fortaleza y santo Temor de Dios, el Tentador hará lo posible por sembrar lo contrario.

El Espíritu Santo derrama su don de Inteligencia cuando aceptamos las verdades reveladas por Dios, y así conocemos sus pensamientos, los secretos del mundo y la intimidad con el Señor. Puede ser que en la misma Iglesia perdamos este don por confusión del demonio, como me parece el caso de muchos obispos alemanes que, por querer iglesias más abiertas y modernas, se enredan en polémicas como la más reciente: dar la Comunión a los protestantes casados con católicos. Gracias a Dios la Congregación para la Doctrina de la Fe prohibió esta iniciativa.

La Ciencia, como don del Espíritu, es la capacidad que tenemos para interpretar las huellas de Dios en el mundo. Desde la contemplación de un amanecer hasta la observación de los astros, todo se vuelve señal que nos conduce hacia Dios. El Engañador intenta hacernos creer que el hombre es un animal como los demás, sin origen divino y sin fin sobrenatural, y que todo lo que existe tiene su explicación solamente en las ciencias humanas. En nuestro paso por las aulas escolares recordamos a algunos profesores que atacaban la fe religiosa y proclamaban su ateísmo.

La Sabiduría es la luz que viene de Dios para nuestras vidas para entender su proyecto. Es el gusto por las cosas de Dios y de su Palabra. El enemigo intenta destruir ese gusto y, en cambio, hacernos gustar de la falsa sabiduría que viene de las ideologías, como el feminismo de género, el comunismo, el ecologismo radical y otras más, para empujarnos a vivir una vida degradante, llena de pulsaciones desequilibradas y con tintes anárquicos. Cuando quitamos a Dios de en medio, nuestras soluciones humanas terminan por fracasar.

Con mucha frecuencia debemos tomar decisiones, a veces en asuntos importantes. El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda a través del don del Consejo, porque en cada decisión vemos comprometida nuestra santidad. Se trata de un instinto divino para acertar en lo que más conviene para gloria de Dios. El diablo quiere destruir en nosotros el Consejo poniéndonos atractivos que desequilibran la vida, y así nos volvemos personas carentes de juicio, errantes casi siempre en las decisiones, en detrimento de la propia vida y de las personas que nos rodean.

Por el don de la Piedad tratamos a Dios con el cariño de los hijos, y también a los demás como hermanos de la misma familia. El Espíritu suscita en nosotros la alabanza y la adoración. Sin embargo el enemigo llega a persuadir que la oración es imposible e inútil, que la religión es opio del pueblo o simple neurosis. Hace odiosa la piedad y presenta a Dios como extraño, incluso como un enemigo. Son ilustrativas las manifestaciones de grupos de mujeres radicales como Femen, que desnudándose, llegan a profanar templos y catedrales.

Si dejamos al Espíritu tomar posesión de nuestra vida, nuestra seguridad crece sin límites. Nos hace capaces de superar los obstáculos en el camino hacia Dios, aunque sintamos a veces temores y cansancios. Quien tiene el don de la Fortaleza supera sus miedos gracias al amor. Sin embargo el Tentador nos hace débiles y pusilánimes. Nos pone una mordaza ante las opiniones del mundo que son contrarias a la fe cristiana, y nos dejamos llevar por lo políticamente correcto, con temor de ir contracorriente de la mayoría. Hoy quienes se atreven a defender el matrimonio natural son considerados mochos y son perseguidos.

El santo Temor de Dios, último don del Espíritu, es el que por amor no desea ofender a Dios. Se manifiesta en un sentido profundo de lo sagrado, en un gozo muy grande por la bondad del Padre. Al mismo tiempo nos inspira un fuerte horror al pecado y un arrepentimiento vivo cuando se comete. Satanás ataca este don inspirando el libertinaje en cualquiera de sus formas en una cultura permisiva. La educación sexual escolar que hoy se imparte y que atenta contra la naturaleza humana es, sin duda, obra del Destructor.

Es tiempo de vigilancia y decisión. La diferencia entre los hombres que vivieron antes de Cristo y nosotros, es que no sólo podemos vencer al Tentador, sino extra-vencerlo, tomando la propia Cruz y siguiendo a Jesús. El mismo libro del Génesis señala el prolongado conflicto que terminará con la victoria del género humano ayudado por la gracia de Dios.

Que la Eucaristía de este domingo repare nuestras heridas de la batalla cotidiana, y que alimente nuestra fe y nuestra valentía: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? (Sal 27/26,1)

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