“La vida cotidiana de los primeros cristianos”, es un libro de Ediciones Palabra, en el que Adalbert G. Hamman, su autor, nos transporta al Imperio Romano del siglo II. El libro es un clásico para quienes quieren sumergirse en el cristianismo de la antigüedad. Con una narrativa amena, salpicada de anécdotas y relatos insólitos, y con una aguda precisión histórica, Hamman nos lleva a conocer el escenario geográfico de las primeras generaciones de discípulos de Jesús de Nazaret; nos describe cómo vivían, cuáles eran sus costumbres, el ambiente social, los métodos que tenían para evangelizar, la situación de la mujer y los motivos por los que el cristianismo fue conquistando adeptos rápidamente.

El autor, quien murió en el año 2000 a los 90 años de edad, fue un sacerdote franciscano francés. Una de sus mayores aportaciones fue la publicación de cerca de cien traducciones de textos patrísticos en francés, en la colección llamada ‘Padres en la fe’, aunque fueron muchas sus publicaciones litúrgicas y sociales. Hamman está señalado como uno de los mejores conocedores de la antigüedad cristiana. Enseñó en las universidades de Québec y Montreal, así como en el Instituto Patrístico de Roma. Conferencista también en diversas universidades de Europa y América, Hamman contribuyó, con sus escritos, a preparar el caldo de cultivo del Concilio Vaticano II. En este sentido, el concilio es una invitación a retornar a las fuentes, al cristianismo del primer amor para dialogar y hacer la propuesta de la salvación en Jesucristo a una sociedad en crisis.

En sus 250 páginas, “La vida cotidiana de los primeros cristianos” nos sorprende porque nos hace descubrir los paralelismos del cristianismo primitivo con la Iglesia del siglo XXI: el choque de los seguidores del Nazareno con la moral del paganismo; la gnosis como el eterno enemigo del pensamiento cristiano; la aparición de sectas dentro de la Iglesia; la fuerza de la caridad fraterna como elemento clave para la expansión de las comunidades cristianas; las reuniones de los cristianos en las casas; los falsos místicos y hasta los exaltados montanistas, quienes podrían asemejarse a los grupos pentecostales de nuestro siglo. Es por eso que leer este libro no es contemplar un pasado enterrado, sino descubrir un mundo fascinante que hoy recobra vida.

Ya el acoso existía en aquella época. En la escuela de pajes al servicio del emperador había un alumno llamado Alexameno, que era cristiano. Este mozo recibió las burlas de sus compañeros, quienes dibujaron en la pared un asno crucificado con un letrero que decía: “Alexameno adora a su dios”. A lo que el joven discípulo de Jesús escribió también: “Alexameno es fiel”. Se trata de una anécdota que nos habla del codo a codo en que vivían los cristianos con los paganos, y los abucheos que aquellos recibían por creer en un dios crucificado, algo impensable para un gentil.

El siglo II fue una época de grandes genios del cristianismo como san Justino, el filósofo pagano convertido a la fe; Ireneo, el obispo de Lyon que combatió a los gnósticos con sus maravillosos escritos; Ignacio de Antioquía, el obispo que, por estar al servicio de la Verdad asumió las consecuencias y fue devorado por las fieras en Roma. También aquel siglo fue escenario del martirio de santa Blandina, la esclava que agotó a sus verdugos con indecibles formas de tortura y nunca renegó de su Señor; y de santa Perpetua, quien tomó la decisión de no volver a ver a su hijo y a sus padres antes de apostatar de su fe. Historias heroicas como estas se contaron en las diversas iglesias del Asia Menor y fueron semilla de nuevos discípulos de Jesús.

El libro tiene más de mil citas de pie de página con referencias a textos de la Sagrada Escritura, los Santos Padres de la Iglesia, historiadores antiguos y comentaristas de nuestros tiempos, lo que le hace ser un libro de una fiabilidad científica absoluta.

Adalbert Gautler Hamman (1910-2000)

¿Cómo oraban los primeros cristianos? ¿Dónde se reunían para el culto? ¿A qué horas lo hacían? Hamman nos descubre también la vida íntima de los hombres de aquellos tiempos: los ágapes, las costumbres durante sus comidas, el comportamiento en las mesas, el influjo de los gimnasios, las tabernas y los juegos de azar, las recreaciones de los niños. Por supuesto, también el libro nos revela la importancia del Domingo como día del Señor y su centro, la celebración de la Eucaristía; cómo se celebraba la misa y qué partes tenía.

La obra está dividida en cuatro partes, con dos o tres capítulos en cada una. La primera parte habla del entorno, su marco geográfico, los caminos, medios de penetración y el ambiente social del siglo II en el Imperio Romano. La segunda, nos describe cómo la fe cristiana se separó del judaísmo, y el enfrentamiento de los cristianos con la ciudad. La tercera parte nos relata la organización de las diversas iglesias cristianas diseminadas por Medio Oriente, norte de África, Asia Menor y buena parte de Europa, pero formando parte de la única Iglesia que Jesucristo fundó bajo el primado de san Pedro; la acogida del huérfano y de la viuda como signos de fraternidad cristiana, así como los relatos biográficos de los más grandes testigos de Cristo Jesús en aquella época. La última parte nos narrará cómo transcurría el ritmo de los días y cuáles eran las etapas de la vida cristiana.

Agradezco a Adalbert Hamman su flamante trabajo en “La vida cotidiana de los primeros cristianos”. Me ha ayudado a redescubrir mis raíces católicas, a afianzar mi amor por la parroquia y mi adhesión al primado de Pedro. Me ha ayudado a apreciar más el Domingo, día del Señor, y a sentirme en comunión con aquellas primeras generaciones de cristianos a través de la Eucaristía. Pero, sobre todo, me inspira a seguir creyendo en una presencia misteriosa que forma parte de mi vida cotidiana, presencia oculta que me exhorta a creer en medio de la no evidencia y a saber esperar, entre las batallas de la vida, el día en que Él se manifieste.

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