Hace un año…!

 Y bien se puede añadir: ‘que yo tuve una ilusión’. Se cumple, en efecto un año de la visita de papa Francisco a México. Los últimos papas han visitado México, ¿y su mensaje? ¿Habrán predicado en el desierto? Tres mensajes trascendentes en Juárez, pero yo no he sabido de grupos de reflexión, de mesas de trabajo, de estudio sobre los temas tratados.

Hace un año, el NYT, titulaba un editorial: “El Papa Francisco en la frontera”. “El viaje que hizo el Papa Francisco a México terminó el miércoles en Ciudad Juárez, un lugar que en algún tiempo fue infernal por la violencia de las drogas y que aún sigue oprimido por la pobreza y el crimen. El pontífice no pareció tener miedo y sólo trajo consigo sonrisas, abrazos y palabras de consuelo y aliento. Visitó una cárcel y saludó uno por uno a los internos, urgiéndoles a vivir como ‘profetas’ para cambiar su sufrimiento hacia el bien. Trabajen, dijo, para que esta sociedad que usa a las personas y luego las descarta, no cobre más víctimas.

Oró en la frontera por los migrantes muertos y condenó ‘las graves injusticias’ que han cometido contra aquellos que se han visto forzados a dirigirse al norte debido a la pobreza y violencia”.

El milagro reside en el hecho que las voluntades separadas y las tendencias disgregantes, alcancen un punto común. “Si tan sólo ese mensaje de decencia y de valores humanos pudiera ampliarse, en inglés, y llegar a Estados Unidos cruzando el río hacia Texas y llegar más lejos, a Washington”.

Añade: “Por la tarde, el Papa celebró una misa en las antiguas instalaciones de la feria, a un lado del río Bravo. Frente a él estaban miles de residentes de Juárez y sus vecinos de El Paso, además de peregrinos que viajaron muchos kilómetros para orar con él.

Un poco más alejados de ellos, al otro lado del río, estaba una nación que se encuentra aterrorizada hasta el punto del pánico respecto a los extranjeros, con la ayuda de los republicanos que se han postulado para ocupar la presidencia del país.

No sólo se trata de Donald Trump o de Ted Cruz, o de los demás que podrían expulsar a millones de inmigrantes y negarles la seguridad a los refugiados que huyen de la guerra en Siria.

Así de profundo es el temor republicano, que la campaña a favor de la reforma de inmigración, que en algún tiempo era factible, ahora yace dañada más allá de la esperanza y el reconocimiento”.  “Yo creo que no entiende, los problemas que tiene nuestro país”, dijo el Trump, refiriéndose al Papa, mostrando de esta manera, la ignorancia que le es característica.  No creo que él entienda el peligro que representa abrir la frontera que tenemos con México. Se necesita valor para vivir en Juárez, para enfrentar los peligros que hay allí, o para salir de ese lugar y cruzar hacia el norte en busca de una nueva vida. Se necesita valor para satanizar a los inmigrantes desde la seguridad de Estados Unidos y avivar el temor para obtener votos y poder”. Esta editorial del NYT es de hace un año

La sangre sigue corriendo en Juárez y en México de forma abundante y crueldad patológica. Más pobreza, inestabilidad, impunidad y corrupción; vivimos en el círculo del miedo por muchas razones. La violencia en Juárez es terrible y más terrible que estamos acostumbrados a ella. Hace un año, el papa dijo: “A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de reinserción que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a determinada actitud. El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social. «La reinserción social comienza insertando a todos nuestros hijos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos, por nombrar sólo algunas medidas. Ahí empieza todo proceso de reinserción”».

Vivimos ahora una situación de especial dificultad; cae el empleo, es la noticia. Hace un año dijo el papa: “La mentalidad reinante pone el flujo de las personas al servicio del flujo de capitales provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos a usar y tirar”, en el Gimnasio de Bachilleres.

“Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas”, advirtió el pontífice.

“¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral o de tráfico de trabajo esclavo? ¿O quiere dejarles la cultura de la memoria de trabajo digno, del techo decoroso y de la tierra para trabajar? Tres ‘T’: trabajo, techo y tierra.

“¿En qué cultura queremos ver nacer a los que nos seguirán? ¿Qué atmósfera van a respirar? ¿Un aire viciado por la corrupción, la violencia, la inseguridad y desconfianza o, por el contrario, un aire capaz de generar alternativas, generar renovación o cambio? “Generar es ser cocreadores con Dios. Claro, eso cuesta”, dijo.

Hace un año escribí lo siguiente: “Pero la visita papal no fue una marcha triunfal, no hay triunfalismos, y lo que ha quedado claro, aquello que brota del hecho mismo, es la necesidad del compromiso. Ahora surge una pregunta todavía más inquietante: ¿qué sigue? ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Todo habrá de quedar en la simple emotividad fugaz del momento? ¿Todo va a terminar en un anecdotario? ¿Qué tan cerca estuve? ¿Desde dónde lo vi? ¿Simple turismo religioso, curiosidad?, y cosas así. En realidad, se trata de algo más profundo, luego de los hechos altamente simbólicos, están los mensajes que el papa ha pronunciado en nuestra ciudad y que son como las variaciones de un mismo tema. Sobre esos hechos, esa vivencia, sobre esos mensajes, habremos de ocuparnos permanentemente y trazar desde ahí nuestras opciones operativas. Se trata de la memoria. Lo que hemos vivido tiene que convertirse en memoria, en constante interpelación, en norma de acción. Si olvidamos y nos hundimos de nuevo en la indiferencia, en los egoísmos, en los fundamentalismos; si olvidamos, pues, estaremos perdidos.

Tentación diabólica es el gusto de colgarnos medallas. Todo ha sido gracia y regalo de Dios. No nos queda más que el agradecimiento a su misericordia y la decidida intención de retomar la brega de cada día bajo un nuevo espíritu.

Las palabras finales del papa iluminan la larga y penosa noche de nuestro Juárez, de nuestro México. Helas aquí:

«Amigos todos:

Es el momento de dar gracias a Nuestro Señor por haberme permitido esta visita a México, que siempre sorprende, ¡México es una sorpresa!

No quisiera irme sin agradecer el esfuerzo de quienes han hecho posible esta peregrinación. Agradezco a todas las autoridades federales y locales, el interés y la solícita ayuda con la que han contribuido al buen desarrollo de este propósito. A su vez, quisiera agradecer de corazón a los que han colaborado de distintos modos en esta visita pastoral. A tantos servidores anónimos que desde el silencio han dado lo mejor de sí para que estos días fueran una fiesta de familia, gracias. Me he sentido acogido, recibido por el cariño, la fiesta, la esperanza de esta gran familia mexicana, gracias por haberme abierto las puertas de sus vidas, de su Nación.

El escritor mexicano Octavio Paz dice en su poema Hermandad:

«Soy hombre: duro poco y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba: las estrellas escriben.

Sin entender comprendo: también soy escritura

y en este mismo instante alguien me deletrea».

Tomando estas bellas palabras, me atrevo a sugerir que aquello que nos deletrea y nos marca el camino es la presencia misteriosa pero real de Dios en la carne concreta de todas las personas, especialmente de las más pobres y necesitadas de México. La noche nos puede parecer enorme y muy oscura, pero en estos días he podido constatar que en este pueblo existen muchas luces que anuncian esperanza; he podido ver en muchos de sus testimonios, en sus rostros, la presencia de Dios que sigue caminando en esta tierra, guiándolos y sosteniendo la esperanza; muchos hombres y mujeres, con su esfuerzo de cada día, hacen posible que esta sociedad mexicana no se quede a oscuras. Muchos hombres y mujeres a lo largo de las calles, cuando pasaba, levantaban a sus hijos, me los mostraban: son el futuro de México, cuidémoslos, amémoslos. Esos chicos son profetas del mañana, son signo de un nuevo amanecer. Y les aseguro que por ahí, en algún momento, sentía como ganas de llorar al ver tanta esperanza en un pueblo tan sufrido.

Que María, la Madre de Guadalupe, siga visitándolos, siga caminando por estas tierras –México no se entiende sin Ella–, siga ayudándolos a ser misioneros y testigos de misericordia y reconciliación.

Nuevamente, muchas gracias por ésta, tan cálida, hospitalidad mexicana»

¡México es una sorpresa!

¡Vaya que lo es!

Pero ya Jesús condenaba a los fariseos que levantan mausoleos y monumentos a los profetas. Hace un año y todo peor.

 

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