Evangelio según Judas.

Aprovechando los días santos, años pasados, Nat-Geo anunciaba la presentación del evangelio ‘según Judas Iscariote’. Fue anunciado como una novedad recién descubierta y diremos que le han dado el matiz “de rigor científico”.  Ello nos da la oportunidad para tratar lo que hay sobre este personaje central en la vida de Jesús. El tema y el personaje son sugerentes.

La producción de “evangelios” no terminó con las obras canónicas de los cuatro evangelistas; más bien comenzó con ellos y originó una producción literaria casi inabarcable que se extiende hasta bien entrado el s. IV. Se les llaman evangelios apócrifos, en contraposición a aquellos cuatro que fueron “canonizados” por la iglesia de manera definitiva, en el Concilio de Cartago el año 312. Apócrifo, en sentido etimológico, significa: “cosa escondida, oculta” y se refiere a cierto tipo de literatura destinada exclusivamente al uso privado de los adeptos a alguna secta o iniciados en algún misterio.

Nos consta por el testimonio de San Lucas que ya desde el principio muchos habían emprendido el trabajo de coordinar la narración de las cosas que tuvieron lugar en el tiempo de Jesús. Orígenes, muerto hacia el año 253, uno de los más grandes teólogos de la iglesia primitiva, cuando comentaba este pasaje de Lucas, (Lc. 1,1-4) distinguía ya al lado de los cuatro evangelios inspirados y recibidos como tales por la iglesia, otros muchos «compuestos por quienes se lanzaron a escribir evangelios sin estar investidos por la gracia del Espíritu Santo» (Hom. In Lc. I: PG 13, 1801) y, que por tanto estaban desprovistos de toda autoridad.  Según él, tales libros estaban, sobre todo, en poder de los herejes.  Aquí tenemos un testimonio de la iglesia católica de aquél tiempo.

Quienes han comentado estos evangelios son gente extremadamente preparada para tal labor; muchos de ellos son españoles, entre otros Aurelio de Santos Otero, Doctor en Teología y Doctor en Filología eslava y oriental, ha editado un pequeño volumen de 750 páginas llamado “Los Evangelios Apócrifos” (BAC 148. Madrid 1996).  En él analiza ¡19 evangelios apócrifos!; 10 fragmentos de papiros donde se encuentran supuestos dichos de Jesús; apócrifos de natividad, de la infancia; de la pasión y resurrección; apócrifos asuncionistas; cartas del Señor, y sobre todo los apócrifos gnósticos de Nag Hammadi. Estos se refieren a una gran reserva de textos gnósticos del siglo II – IV encontrados en el desierto del Alto Egipto. Tuve como profesor en esta materia a uno de los estudiosos del tema, el jesuita español Antonio Orbe, y nos decía admirado que en realidad no habían descubierto nada nuevo, que en la literatura de los Padres de la Iglesia se encontraba refutada toda la doctrina gnóstica encontrada en Nag Hammadi en Dic. de1945.

Santos Otero dice respecto al evangelio de Judas Iscariote: “estaba en uso entre los gnósticos cainitas. Entre los seguidores de la gnosis éstos eran los más libertinos. Tomaron el nombre de Caín, por haber visto en este personaje la más alta potencia y la fuerza más consistente. Y decían que Judas el traidor conoció estas cosas y que solamente por haber conocido antes que sus compañeros la verdad, consumó la traición. Por él, dicen además, que fueron disueltas todas las cosas celestiales y terrenas; luego de la de Judas, la traición es práctica común. Y aducen una ficción de este estilo, dándole por nombre evangelio de Judas. Este testimonio es de San Irineo, obispo de Lyon. (140-178)

San Epifanio (315-403) dice al respecto: “y afirman, que, por esta razón, conoció Judas exactamente lo relacionado con estas cosas. Pretenden también que es pariente suyo y les sitúan en el grado superior de la gnosis, hasta el punto que presentan un librillo bajo su nombre que titulan Evangelio de San Judas.

Teodorato Circense, (393-466) afirma: “dan, (los gnósticos), a conocer también un evangelio suyo, (Judas), compuesto por ellos, pues, dicen que él recibió el lazo como pago de su traición.

Así es que, Nat-Geo llega 1700 años tarde a la cita.

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