Comentario a la Palabra de Dios, viernes XIV del tiempo ordinario. Mt 10,16-23

El lobby LGBT la ha emprendido contra la Iglesia Católica, y está dispuesto a llevar a la cárcel a cualquier persona que afirme que el matrimonio igualitario es un capricho de una minoría y no un derecho. Este lobby ha ganado muchos adeptos, incluso hay católicos que simpatizan con el aborto y ven la homosexualidad como algo para sentirse orgulloso.

Los católicos que queremos ser fieles a las enseñanzas de la Iglesia recordamos la frase de Jesús: “Yo los envío como corderos en medio de lobos”. Pero, ¿dónde quedó aquella solicitud del Señor por las ovejas de su rebaño? Él había dicho que era el buen pastor que venía por la oveja perdida para llevarla a su casa. ¿Dónde quedó su ternura y su protección? ¿Por qué parece que entrega sus ovejas a los lobos?

En realidad, una primera etapa de la vida cristiana es sentirse oveja arrancada de las asechanzas del lobo, es decir, del pecado, verdadero enemigo del hombre. Pero quienes perseveran en este camino y conviven con Jesús; quienes conocen sus pensamientos y sus palabras, saben que Jesús los envía cuando dice “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio”. Sí, los envía por los caminos peligrosos del mundo, donde hay lobos.

Caminar con el débil y el abandonado trae, muchas veces, el rechazo del mundo. Cuando el papa Francisco defiende a los descartados de la sociedad, los lobos se incomodan. Cuando el papa Juan Pablo II defendía con tanta pasión a los niños no nacidos, sobre el papa llovían ardos venenosos.

No es nada fácil cambiar el pensamiento de un lobo, sobre todo cuando no se lleva bastón, ni bolsa, ni sandalias, sino sólo la fuerza del amor. Sin embargo esa fuerza que se manifiesta en la sencillez y en la humildad, es capaz de romper los corazones más duros. Teresa de Calcuta, por ejemplo, sin dinero en la bolsa, fue una mujer muy poderosa. Su poder era el poder de Dios que se manifestaba en su caridad.

Hoy pedimos al Señor que seamos sus testigos, en un mundo de hostilidad e incomprensión con los cristianos. Sea el Espíritu Santo el que nos guíe.

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