El tiempo de Adviento es un momento propicio para tomar el telescopio y mirar a las estrellas, escrutar los misterios del universo y buscar señales de vida. El libro del Apocalipsis es el telescopio que nos proyecta muy lejos, hacia el siglo futuro, hacia la consumación de la historia, más allá del tiempo y del universo creado. Allá aparecen un sinnúmero de personas junto a un mar de cristal, y cantan un cántico nuevo, colmados de gozo espiritual. Son los justos que vivieron un día en la tierra, aquellos que vencieron a la bestia satánica, los limpios de corazón y pobres de espíritu. Todos celebran al Señor, porque ha hecho maravillas en ellos (Ap 3,15).

Y mientras el último libro de la Biblia nos proyecta hacia el siglo futuro, el tiempo de Adviento aquí en la tierra nos invita a reconocer la acción de Dios oculta hoy en la historia. Es preciso escrutar los signos de los tiempos. Éstos no son señales de terror ni amenazas contra el género humano, como gustan hacerlo algunos grupos sectarios que hablan de un inminente fin del mundo. Los signos de los tiempos son las señales de la victoria del bien sobre el mal que van marcando cada época histórica. Son los signos de esperanza por los cuales Dios habla.

El papa Juan XXIII, en su documento en que convocaba al Concilio Vaticano II decía: “Haciendo nuestra la recomendación de Jesús de saber distinguir los signos de los tiempos, creemos descubrir, en medio de tantas tinieblas, numerosas señales que nos infunden esperanza sobre el destino de la Iglesia y de la humanidad”. Los signos de los tiempos suscitan en nosotros, no el miedo, sino el santo temor de Dios, que no es otra cosa más que reconocer el misterio de Dios y llenarse de amor hacia Él.

El Concilio Vaticano II dice que los signos de los tiempos son aquellos hechos de la sociedad más relevantes y que nos plantean no sólo un mundo en proceso de cambios acelerados en todos los ámbitos del desarrollo humano -ciencia, tecnología, familia, cultura, sociedad, economía, política- sino también anuncios de esperanza para un cambio y compromiso posible entre los hombres, en vistas a construir una sociedad mejor.

Estos pueden ser algunos de los signos de los tiempos en el momento que hoy estamos viviendo:

1.- El cristianismo languidece en Europa y cobra vitalidad y expansión en Asia y África.

2.- Mientras que el mundo se globaliza y tenemos una mayor interrelación con personas de otras culturas, crece un deseo de paz y de justicia universal, de diálogo y de búsqueda de fraternidad.

3.- El papa Francisco, al ser el primer papa latinoamericano, pone en el candelero a la Iglesia de América Latina y su documento de Aparecida como modelo pastoral para la Iglesia universal.

4.- A los intentos de imponer un nuevo orden mundial que quiere redefinir la naturaleza del hombre, hay un despertar mundial para defender la vida y la familia natural.

5.- La tecnología de la comunicación, al ponernos a todos ‘en línea’ aislándonos hasta de nuestros seres queridos, está haciendo crecer el hambre y la sed de una comunicación auténticamente humana.

6.- A pesar del crecimiento del divorcio en el mundo, muchos jóvenes aspiran a formar una familia y buscan orientación de cómo hacerlo.

7.- A pesar de que el sistema de libre mercado ha logrado crear mucha riqueza en pocas manos, hoy existe mayor sensibilidad hacia la miseria y mayores esfuerzos para combatirla.

8.- No obstante que se multiplican las enfermedades transmisión sexual como el sida, muchos están descubriendo en la abstención y en la fidelidad, valores perennes que edifican la personalidad, las relaciones humanas y la fortaleza de las familias.

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