Santa Claus, monos de nieve, regalos, juguetes… ¿Y Jesús, dónde está?

En estos días previos a la Navidad, el centro histórico de la ciudad tiene un tráfico intenso con circulación del triple de visitantes que el resto del año. La gente gasta sus aguinaldos en compras de última hora para su cena navideña o para compartir regalos. Los centros comerciales están atiborrados de gente que camina con sus bolsas de compras, y las filas de coches para cruzar la frontera parecen interminables. Parece que el dinero recibido en esta época nos hace cosquillas y queremos gastarlo.

El conocido apologista británico y cristiano C. S. Lewis publicó en 1942 un libro llamado ‘Cartas del diablo a su sobrino’. La obra contiene 31 cartas que escribe Escrutopo, un demonio malvado, a Orugario, su sobrino, un demonio principiante. Lewis imagina el infierno como una sátira en la que demonios se organizan para hacer el mal, debilitar la fe de las almas, precipitarlas a la indolencia, la tibieza, la gula y la promiscuidad. Sabía que los demonios no pueden proponer a los hombres directamente obras muy perversas; más bien los van precipitando al infierno por un camino gradual.

Recientemente me encontré un documento con semejanzas inquietantes a las enseñanzas de Lewis. Veamos.

Decía un demonio a otro: “¡Otra vez llegamos a esta época del año! Hace unas semanas las preparaciones para ese evento llamado ‘Viernes negro’ fueron febriles. ¡Oh qué ironía! El mismo día de la semana en que una multitud colocó una cruz de madera en su espalda, los compradores enloquecidos se apresuraban a poner una cruz financiera en la suya, comprando regalos que no pueden pagar para dárselos a personas que no los necesitan; regalos que se volverán obsoletos para cuando llegue la Navidad.

Durante siglos los demonios creímos que aquella promesa de ‘poner enemistad’ entre nuestro Maestro y la mujer era una amenaza inútil. Pero cuando menos lo esperábamos, un ángel le dijo a una joven judía campesina que sería bendecida. El anuncio envió ondas de choque a través de nuestras cavernas. Pero descubrimos que la chica no estaba casada. Entonces nos entusiasmamos porque creíamos que sería apedreada por adúltera. Pero no fue así. José decidió casarse con ella. Pensábamos que su niño sería ilegítimo. ¿Es así como él planeó aplastar la cabeza de nuestro Maestro? ¡Estábamos desconcertados!

Recuerdo mi satisfacción cuando él estaba colgado en la cruz como un criminal, pensando qué apropiado y poético fue cuando se acostó en aquel pesebre como un bastardo. Pero mi satisfacción duró muy poco. Tres días después sus seguidores vieron la tumba vacía, y el escándalo que rodeaba su nacimiento fue casi olvidado. De la noche a la mañana su indignidad se convirtió en gloria, su derrota en victoria y treinta y tres años de nuestra maldad fueron neutralizados.

Gastar lo que no se tiene, la locura del consumo navideño

Una vez que se conoció la historia de su muerte y resurrección, millones lo siguieron en todo el mundo. ¿Quién hubiera imaginado que la cruz se convertiría en objeto de adoración exhibido en las iglesias, hogares e incluso como adorno de los cuerpos? Sin embargo lo que originalmente fue una celebración religiosa en honor a su nacimiento, ahora es una temporada de consumismo total. La velocidad con que se asimilaron las tradiciones paganas superaron nuestras expectativas. Las prácticas religiosas se fueron eclipsando hasta que el significado cristiano se convirtió en algo secundario. El mayor éxito que tuvimos fue la tendencia desbocada en la entrega de regalos.

Impulsados por la codicia, los comerciantes crearon la combinación de insatisfacción y deseo con su última línea de productos de moda hasta que el los regalos bajo el árbol eran más importantes que el mismo nacimiento. ¿Quién hubiera dicho que en una celebración tan espiritual los feligreses gastarían más en regalos de Navidad que en el diezmo de todo el año en sus parroquias, y más del doble de lo que comparten con los más necesitados?

Tal como están las cosas, aunque hemos podido conquistar gran parte de Europa y hemos avanzado mucho en Estados Unidos, estamos perdiendo el combate en los países en vías de desarrollo. En ellos hay más fe todavía. Pero mientras continúe la tendencia a dar regalos, no te preocupes por sus posadas ni por sus villancicos empalagosos. ¡Y hablando del hombre de traje rojo, pocos personajes nos han servido tan bien como él! Lo que fue un bienhechor común del siglo IV, se convirtió en una leyenda sobre un juez que les trae regalos a los niños buenos. Una vez que un niño aprende la desalentadora verdad sobre la existencia del hombre del traje rojo, naturalmente se preguntará si lo engañaron también diciéndole que Dios existe.

¡Oh! ¿No te mencioné el aumento de depresión mental, abuso de sustancias, suicidio, crimen y violencia doméstica durante esta época tan alegre del año? Como ves, esta es la temporada, repleta de oportunidades, para cazar gente para nuestra causa. Aprovecha entonces, mi alumno, aprovecha”.

¡Feliz Navidad a todos!, pero Navidad con el amor de Jesús. ¡Feliz Navidad!

Ver en el Blog del Padre Hayen