Individualismo.

La política se nos ha hecho difícil de valorar, tanto desde la perspectiva religiosa como de la perspectiva sociológica. Muchos de los males de nuestro tiempo, desde la pobreza galopante que atenaza a la mayor parte de la humanidad, hasta el calentamiento global, amenazante realidad de nuestro mundo, hunden sus raíces en decisiones políticas. J.M. Mardones* define esta situación como el triunfo del’ individualismo’, el otro nombre del ‘egoísmo’. O, el vaciamiento de la política. O sea, la pérdida de contenido y significado.

 

La política se preocupa (o debería) por organizar nuestra vida en común: una vida buena presidida por la libertad, la justicia y la igualdad, tal es su razón de ser.  Pero se tiene la sensación que la política se orienta más hacia un interés de índole personal o de grupo, de lucimientos personales, y que los gravísimos desequilibrios mundiales reflejan el deterioro del quehacer político, desmienten la esencia de la política como la entidad preocupada por organizar la vida en común de los seres humanos: una vida presidida por la libertad, la justicia y la igualdad. Dicho en forma más sencilla, las gravísimas injusticias de nuestro mundo, pobreza, inseguridad, corrupción, descubren el fracaso de la política.  La Secretaría de Desarrollo Social, ha gastado en el combate a la pobreza 1billón, 546mil millones en un lapso de 25 años. y, ¡estamos peor!

Mark Zukerberg, fundador de Facebook en su discurso en la apertura de Harvard, donde fue alumno y abandonó los estudios para hacer su empresa, ha pintado bien esta situación. Fue crítico consigo mismo y con el sistema actual, que ha permitido que sea una de las personas más ricas del mundo en menos de una década: “¿Y si actualizásemos la democracia y se pudiese votar online? ¿Y si pudiéramos aprender de manera personalizada? El siguiente éxito será tener la libertad para equivocarnos. «Hay algo mal en nuestro sistema si en 10 años yo puedo hacer millones de dólares y muchos estudiantes no pueden pagar sus matrículas». Tenemos que explorar ideas como la renta básica universal, porque vamos a cambiar mucho de trabajo. La sanidad no puede depender de que tengamos un empleo. Vamos a tener que reinventarnos”. (¡!). Y la política no responde.

En los comienzos del siglo XXI nos encontramos con un mundo que es un auténtico paradigma de los desbarajustes y la injusticia, donde las grandes desigualdades son tan palpables que se cruzan con nosotros en la calle; el comité de recepción, viniendo de El Paso, lo integra un comité de gente miserable, dolorosamente pobre, que nos tiende las manos. Dichas desigualdades se nos atraviesan diariamente y en todas las formas. La denominada «globalización neoliberal» queda expuesta en esta sencilla constatación. La inevitable vinculación de nuestro mundo es un hecho, pero las diferencias son tan grandes que, mientras unos se desplazan en avión, otros lo hacen en barcazas, o a pie través del desierto. Este miércoles, El País publica la foto que exhibe, flotando en el Mediterráneo, a 1700 náufragos. Todo, mientras Trump continúa su gira triunfal  y en su propuesta de paz ha vendido a Arabia Saudí, 100,000millones en armas!

Nuestro mundo se unifica bajo el impulso irresistible del mercado y de la industria cultural y de las comunicaciones de masas al tiempo que se desgarra por efecto de estas mismas realidades.  En este sentido, la ética de la globalización es todavía un deseo. Si en este contexto lo social ha sido eclipsado por el interés individual, entonces no tiene nada de extraño que el mercado ejerza su tiranía y que el consumismo nos aprisione.

Los resultados no se hacen esperar. Con el triunfo del individualismo se destruyen vínculos sobre los que descansa el yo social:  cuando más necesitamos el fortalecimiento de los vínculos sociales, más constatamos su debilidad; mientras más necesitamos de la unidad del ser familiar, más descubrimos su disfunción  y su ruptura; cuanto más precisamos de una liga contra las injusticias de este mundo, contra la pobreza y la violencia, las pandemias, la enfermedad y la muerte que aplastan a miles de millones de personas, más nos desentendemos de la justicia social. Iniciativas que golpean estos cimientos, no pocas veces, salen de los parlamentos. Ello cuestiona seriamente la naturaleza auténtica de la política.

La interpelación de la injusticia ha obtenido una respuesta humana y moral que, frecuentemente, no presenta una motivación religiosa explícita.  Pero igualmente ha nacido una verdadera red de ONGs religiosas que constituyen la respuesta al imperativo evangélico del «Dadles vosotros de comer».  Tal vez esta alternativa que brota del sentido religioso y moral de nuestro pueblo sea la respuesta ante el desencanto de lo político.

Ni grandes ideas.

No es de extrañar, entonces, que el amplio espectro de las propuestas políticas se haya reducido dramáticamente; los extremos están desapareciendo en el mundo de lo imposible o en el descrédito y la política tiende, más bien, a refugiarse en una zona de confort llamada «centro». Hoy hablamos de centro- izquierda, o de centro-derecha, o de simplemente de centro cuando queremos definir una actitud ambivalente de la política. Y con esta decisión las grandes diferencias, las grandes opciones, las grandes palabras, también desaparecen.  A esto es a lo que llama Mardones el vaciamiento de la política. Se trata del resultado final del individualismo y de la mediatización de lo político.  Y del descrédito. Tal vez el 80% de los mexicanos desconoce a sus diputados, ignoran a qué se dedican realmente y qué es lo que hacen por la comunidad y cuánto cuestan, esto explica, que la política se encuentre en la zona más baja de las preferencias y que tenga como resultado final la despolitización de la sociedad.

 

¿Qué diferencia hay entre un partido y otro? ¿Cuál es la novedad y la diferencia entre las propuestas de unos y otros? Salvo desplantes personales, ¿cuál es la diferencia entre los últimos Presidentes de México? Ya no hay casi nada que subsista al margen del ridículo, dice Mardones. El PRI ya no es el PRI de los grandes ideales revolucionarios; el PAN poco tiene que ver con el espíritu de Gómez Morín y lo que éste tomó de Vasconcelos; las izquierdas latinoamericanas son percibidas por los analistas como un desesperado viaje por el túnel del tiempo. “La tentación, en este momento de baja ideológica, es que la política haga uso de maniobras de distracción y diferenciación prácticamente inexistentes. Se trata de lo que J. C. Guillebaud  ha denominado «nuevo maniqueísmo» y que consiste en resaltar en exceso las pequeñas diferencias cuando ya no hay casi diferencias; poner las diferencias, curiosamente, en un pasado que ya no es el nuestro y apelar a que «viene la derecha» o que «llegan las izquierdas», ambas inexistentes; centrar las cuestiones en puntos culturales y religiosos que se sobredimensionan y magnifican para que se note el ‘progresismo’ de los unos, o la defensa de los valores tradicionales de los otros”.  Resaltar ‘diferencias’, en voz de políticos es clientelismo.  Se trata de un simple subterfugio para ocultar el vaciamiento de la política; por ello no hubieran luchado ni Juárez ni Madero, el bueno. Entonces la política se esconde tras la materialidad de la obra.  Ni siquiera llega a cumplirse el vaticinio de Nietzsche según el cual la política sólo se ocupa del bienestar del hombre, nunca del hombre.

Ni grandes ideologías.

Con la caída del Muro de Berlín han caído también las grandes visiones e ideologías, las grandes palabras. ¿Acaso el pragmatismo democrático dominante no significa el vaciamiento funcional de la democracia?, se pregunta Mardones.  Y ese pragmatismo se ve reflejado hasta el ridículo en nuestro mundo.

 

Nos avecinamos a una campaña, una más, sin grandes ideas, sin novedades, sin ideologías, sin propuestas trascendentes.  A falta de ello, y como el peor fruto del vaciamiento político, esperemos el mejor espectáculo de “la guerra sucia”. Los medios nos distraerán hasta límites en que la tragedia queda oscurecida por la banalidad.

Es lo que escribe J.Z.  Patterson “Logramos superar al presidencialismo, pero no sustituirlo por un orden democrático. Las cosas nunca han estado del todo pegadas en México, pero es evidente que algo importante se rompió en los últimos años y no parece tener compostura. El Estado ha sido desbordado una y otra vez desde adentro y desde afuera; igual por bandas que desafían abiertamente a la autoridad que por gobernadores que convierten el erario en botín personal, o por un mandatario dispuesto a boicotear los comicios en el Estado de México con una violación masiva de las normas electorales, con tal de mantener el control en este que es su reducto”. (EP.24.05.17).

*J. Ma. Mardones. Recuperar la Justicia. Madrid. 2005.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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