El discurso.

Subió con lágrimas, la voz entrecortada. El Globo de Oro honorífico que recogía Meryl Streep a sus 67 años, era el noveno de una carrera que, resumida en un vídeo, fragmento a fragmento, intimida y maravilla. Pidió perdón por dudar, desenvolvió un papel y, con la voz entrecortada por el llanto, olvidado el papel, pronunció un discurso digno del mejor foro y de oradores de oficio: “Hollywood se hizo con extranjeros”. Dicho, y en esa forma, en el epicentro de la superficialidad, banalización y comercialización de la cultura, adquiere un relevante plus de significado. Dejó la impresión de limpieza y meditación.

No solo Hollywood, todo EE.UU. es un país de migrantes. “Llego a EE.UU., un país de migrantes”, fue el saludo de JP.II cuando arribó, por vez primera, a ese país. No solo Hollywood, en las universidades, la medicina, la industria, la inversión, el deporte, por todas partes se ve la diversidad racial que, antes que llevarla a un enfrentamiento, deberían potenciarse la unidad y el propósito común. El abuelo de Trump era alemán y cuando quiso regresar a Alemania no fue aceptado por haber salido de su país sin el debido permiso.

Sin mencionarlo, Streep aludió a Trump y recordó el episodio en el cual, todo un presidente de EE.UU., se burló de un periodista discapacitado: “si es el poder quien abusa de los débiles todos los demás lo imitarán”. “La falta de respeto incita a más faltas de respeto. La violencia, a más violencia”.

En efecto, vi el momento cuando Trump se burla de un periodista, (NYT), con discapacidad, Serge Kovaleski, (no es sajón), imitando sus limitaciones y la escena es grotesca. Fiel a su estilo, acto seguido lo negó, y a tuitear, que ahora, – ¿quién podía imaginarlo? -, se gobierna con el tuiter. Basta un tuit para desestabilizar al mundo. ¿Quién podía pensar que el imperio se podría manejar con un tuit? El discurso de la señora Streep es una joya; helo aquí:

 “Gracias Hollywood Foreign Press. Para seguir la línea de lo que dijo Hugh Laurie, nosotros, todos los presentes, pertenecemos a un segmento denigrado de la población. Piénsenlo: Hollywood. Extranjeros. Y la prensa. Pero, ¿quiénes somos? ¿Qué es Hollywood? Es un grupo de gente que viene de todos lados. Yo nací, crecí y me eduqué en las escuelas de New Jersey. Viola nació en una cabaña en Carolina del Sur y creció en Central Falls. Sarah Paulson nació en Florida y la educó su mamá soltera en Brooklyn. Sarah Jessica Parker era una de siete u ocho hijos en Ohio. Amy Adams nació en Italia y Natalie Portman en Jerusalén. ¿Dónde están sus actas de nacimiento? Y la hermosa Ruth Negga nació en Etiopía, creció en Londres. No, en Irlanda, me parece. Está aquí nominada por hacer el papel de una chica de un pueblo de Virginia. Ryan Gosling, como toda la gente más amable, es canadiense. Y Dev Patel nació en Kenia, creció en Londres, y está aquí por hacer el papel de un indio que vive en Tasmania…

Así que Hollywood está lleno de extranjeros y foráneos, y si nos quieren echar a todos se van a quedar sin nada que ver más que futbol y artes marciales mixtas que NO son las artes… Me dieron tres segundos para decir esto… El único trabajo de un actor es entrar en la vida de personas que son diferentes a nosotros y dejarte sentir lo que (con) eso se siente. Y hubo muchas actuaciones poderosas este año que lograron justo eso. Un trabajo asombroso y compasivo. Pero hubo una actuación este año que me impactó, metió sus ganchos en mi corazón. No porque fuera buena, no tenía nada de buena, pero era efectiva y hacía su trabajo. Hacía reír a su audiencia y enseñar sus dientes.

Fue en ese momento, que la persona a la que se le pidió sentarse en el asiento más respetable en nuestro país, imitó a un reportero discapacitado. Alguien a quien superaba en privilegio, poder y la capacidad de defenderse. Eso me rompió el corazón. Todavía no puedo sacármelo de la cabeza porque no era una película. Era la vida real.

Y ese instinto de humillar, cuando está modelado por alguien en la plataforma pública, por alguien poderoso, se filtra dentro de la vida de todo mundo, porque como que da permiso para que otra gente haga lo mismo.

La falta de respeto invita a la falta de respeto. La violencia incita a más violencia. Cuando los poderosos usan su posición para abusar de otros, todos perdemos…

Ok, esto me lleva a la prensa. Necesitamos, la prensa principal, hacerlos responsables, por cada atrocidad que hagan. Por eso, los fundadores de nuestro país, usaron la constitución para proteger a la prensa y sus libertades. Así que solo quiero pedirle a la Hollywood Foreign Press y a todos los que pertenecemos a esta comunidad que se unan y me apoyen en el comité para proteger periodistas. Porque vamos a necesitar que sigan adelante, y ellos van a necesitar de nosotros para salvaguardar la verdad.

Una cosa más. Una vez, estaba parada en un set quejándome por algo, horas extras, o algo así. Tommy Lee Jones me dijo: “¿no es un privilegio, Meryl, ser un actor?” Sí, sí lo es. Y tenemos que recordarnos los unos a los otros sobre el privilegio y la responsabilidad del acto de la empatía. Debemos estar orgullosos del trabajo que Hollywood honra esta noche.

Como mi querida amiga, la recién fallecida Princesa Leia, me dijo una vez: “toma tu corazón roto y conviértelo en arte. Gracias”.

El discurso, dadas todas sus circunstancias, merece una lectura de fondo; denuncia una situación que acumula en el sótano materiales altamente peligrosos. Fondo y forma son en extremo admonitorios.

La respuesta de los francotiradores de Trump, fue un tuit: ‘Meryl Streep es una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood y una lacaya de Hilary Clinton. No me conoce pero me atacó anoche’. Es el mismo patrón de comunicación que observó durante la campaña, como presidente electo y seguirá siéndolo durante su presidencia: el insulto inmediato, la descalificación, el descarte.

Cierto, Hollywood apoyó a Hilary; compañer@s de Streep apoyaron su discurso. Bette Midler tuiteó: ‘Gracias a Dios por Meryl Streep, que le dijo la verdad al poder…”; y Mía Farrow dijo: ‘El discurso de M. Streep no fue político, a menos que la decencia, la empatía y respeto sean políticos’.

El primer síntoma de la psicopatología de los megalómenos es autodefinirse en relación con Dios, se creen seres providenciales, creados especialmente: «Seré el mayor productor de empleos que Dios creó» (Trump).

+ Aleccionados por decenios de embustes totalitarios y manipulaciones políticas nos enfrentamos ahora al poder de la “posverdad”. Exijamos a las grandes empresas de Internet, no que sean árbitros, pero sí que ayuden en la lucha contra la mentira. (TIMOTHY GARTON ASH). De esto me ocuparé luego.

+ Los subsidios son mala política. Subsidiar la pobreza es demasiado caro. Pero, si la pobreza es el resultado final de la corrupción y la ineficiencia, ¿qué se debe hacer? El gasto público de México es de ¡4.8 billones! No sé si estén incluidos en este rubro los ¡4 mil millones de los partidos políticos!

+ Los acontecimientos de última hora son perturbadores. Las clases dirigentes, políticas y empresariales, todas las fuerzas pensantes, han de avocarse para repensar el modelo de país. Cuando se apostó todo a la oferta de obra de mano barata se levantaron voces que advertían sobre el peligro. México necesita ahora un líder al estilo de Gandhi en la India: un líder que nos invite, nos ayude y nos enseñe a vivir con lo que somos y tenemos y a potenciarlo.

 

Leer el artículo en JesúsMaestro