La pregunta: Hola padre, buenas noches, últimamente he pasado por muchas dudas, mi fe no ha estado firme y quería preguntarle ¿qué puedo hacer para aumentar mi fe? Ya llevo aproximadamente tres meses con bastantes dudas y un miedo muy grande de que Dios no exista. Eso me causa mucho sufrimiento. A veces el miedo se calma pero sigue volviendo. Esta crisis ya me había pasado hace aproximadamente tres años pero conocí al padre Carlos Márquez; nos hicimos muy buenos amigos y me ayudó mucho. Después de que me volví a sentir feliz, poco a poco fui alejándome de Dios y de la Iglesia y volví a esta crisis de estar dudando sobre si Dios existe y sobre muchas cosas más. No sé qué hacer para que este miedo se vaya y mi fe esté muy firme. Tengo muchas razones para creer, ya sea por la razón o por las experiencias de mis conocidos. Todo me lleva a que Dios existe, pero siempre está la pregunta ¿y si no?

Padre Hayen: antes de contestar a tu pregunta sobre cómo aumentar la fe, veo que hay dos cosas que te preocupan. Primero, la existencia de Dios. Y, segundo, aunque no lo dices explícitamente, te inquieta saber si hay vida después de la vida, si cuando cierres los ojos a este mundo, los abrirás en una nueva forma de existencia y si verás a Dios, cara a cara.

No voy a tratar de convencerte de la existencia de Dios con argumentos filosóficos. Para eso puedes consultar obras de filosofía de la religión o de teología fundamental. Aquí simplemente te pido que trates de contemplar con los ojos limpios de un niño y con un corazón humilde la inmensidad del universo, donde resplandece el poder, la sabiduría y el amor del Creador. Puedes observar una gota de rocío, la inmensidad del mar o las lejanas galaxias, y te darás cuenta de que existimos en medio de una explosión de belleza divina. Cada criatura es un regalo que nos remite a Dios, pero sólo los corazones humildes se abren a la adoración y a la acción de gracias.

El esplendor de Dios, aunque brilla en la inmensidad del cosmos, está presente, sobre todo, en el interior de tu alma. No podrías contemplar a Dios fuera de ti, si Él no viviera en ti. Si tu cuerpo fue formado de la tierra, y a la tierra un día regresará, tu ‘yo’ interior es como un rayo de luz que brota del mismo Dios. No eres Dios, por supuesto, pero por tu inteligencia y tu capacidad de amar, y de vivir en comunión con Él, eres imagen suya en la tierra. Insisto en que para que encuentres la majestad de tu Creador debes de ser humilde y reconocer tu pequeñez de criatura. Muchos no pueden vislumbrar la existencia de Dios por su soberbia y su corazón endurecido.

¿Habrá vida después de esta vida? Muchos hombres creen que la muerte es la disolución total de la persona, incluida su conciencia. Sin embargo Jesucristo dijo “lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lc 18,27). Las religiones de los pueblos creen firmemente que la muerte es sólo una separación del alma y del cuerpo. Cuando llega la muerte, el hombre no desaparece del todo porque su alma inmortal abandona el cuerpo y continúa subsistiendo. El ‘yo’ espiritual no muere sino que entra en la dimensión definitiva de su destino eterno. Mientras que para un ateo la muerte es el fin, para un cristiano es el inicio.

¿Cómo aumentar la fe? Primero, debes pedirla al Cielo, porque la fe es un regalo que viene de Dios a las personas que son humildes. Los Apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe” (Lc 17,5). Ten por seguro que Dios te la concederá si, además de implorarla, te pones a la escucha de la Palabra de Dios. Tantas veces hacemos largas oraciones a Dios, y sentimos que nuestra fe no es fuerte. La fe no crece porque solemos cometer la equivocación de dirigirnos a Dios únicamente para pedir por nuestras necesidades -como si Dios fuera alguien al que le tronamos los dedos para que nos cumpla lo que le pedimos-, y nos olvidamos que lo más importante de nuestra oración es escuchar a Dios.

Un ejercicio que te ayudará es la ‘Lectio Divina’, es decir, la escucha orante de la Palabra de Dios. Por este método podrás leer la Palabra, meditarla, orar con ella y ponerla en práctica. Te aconsejo que adquieras la ‘Biblia de nuestro Pueblo con Lectio Divina’. No quedarás en desilusión porque trae, en cada capítulo, un ejercicio de lectura orante de la Palabra. Si dedicas unos momentos del día a ponerte con humildad a la escucha de la Palabra, con hambre de Dios, no sólo tu fe aumentará, sino también tu esperanza de alcanzar el Cielo y la caridad, que es la infusión de amor que Dios dará a tu corazón. De esa manera cualquier cosa que hagas tendrá el dulce sabor de la presencia divina.

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