Pregunta: Padre, soy un empresario restaurantero y con tristeza veo que la descomposición social nos está ganando en la ciudad. La mayoría de mis empleados son jóvenes entre los 16 y los 28 años, pero el mundo de los jóvenes está cada vez más perdido, y por ese motivo sufro yo y sufren mis negocios. Contar con un empleado digno de confianza es un milagro. Descubro que muchos muchachos que me piden trabajo fuman o venden droga, o roban, o se embarazan las chicas desde muy temprana edad. Son tan inestables que no saben apreciar ni conservar sus empleos, y eso que les pago bien. Los ambientes familiares de los que provienen son muy complicados. Hay violencia intrafamiliar y las parejas se van a vivir juntas constantemente, cambian de pareja y dejan hijos por todas partes. Nadie teme a Dios. Este desorden social me hace sentir, a veces angustiado, porque no veo un futuro brillante para tantos jóvenes y así tampoco para nuestra ciudad. La agradezco que me pueda dar una palabra, padre.

Padre Hayen: comparto tu preocupación, primero por tantos jóvenes que viven tan lastimados y que, por esas llagas abiertas en sus vidas, causan heridas a su alrededor. También comparto tu intranquilidad por tus negocios, porque si careces de una fuerza de trabajo saludable, lo resentirá la vida laboral de tu empresa. No podemos quedarnos sólo en lamentos. Estamos en medio de una sociedad muy enferma y muchos nos sentimos con la responsabilidad de sacarla adelante. Muchos de ustedes, los empresarios son, en realidad, héroes de nuestro país, sobre todo cuando se esfuerzan por crear empresas socialmente responsables, es decir, preocupadas no sólo por lucrar sino por generar un ambiente saludable de trabajo y en la comunidad en la que operan sus negocios.

Con los jóvenes hay un problema grave, quizá el más grave que tiene México porque tiene que ver con el futuro de la patria. Las nuevas generaciones están creciendo sin ninguna estructura moral, sin saber distinguir entre el bien y el mal, carentes de una verdad absoluta que guíe sus vidas. Pocos tienen religión y, si la tienen, no la practican. Son numerosos quienes tienen una vida familiar y emocional muy herida y, de esa manera, se condicionan para no poder formar, ellos mismos, familias sólidas. Vemos también que está desapareciendo una cultura del esfuerzo, en donde con trabajo duro se gana el pan cotidiano. En cambio muchos jóvenes buscan dinero fácil, viven el momento presente sin importarles mucho las consecuencias de sus acciones. Existe, pues, en las nuevas generaciones, un déficit grande de valores humanos y cristianos, y cuando falta esta educación, la sociedad se deshumaniza. Es el drama que tú puedes constatar todos los días en tus negocios.

¿Qué podemos hacer? Empecemos por no dedicarnos a maldecir la oscuridad sino a encender una luz en ella. El mundo no lo vamos a barrer y limpiar de la noche a la mañana, pero sí podemos empezar a meter la escoba en esos pocos metros cuadrados del espacio en que vivimos. Lo primero que te sugiero es seguir fomentando una empresa socialmente responsable. Te aconsejo que te acerques a la Unión Social de Empresarios Mexicanos. Ellos son hombres de empresa católicos, con los mismos problemas que tú tienes en tus negocios, comprometidos seriamente en crear una nueva cultura laboral, inspirada en valores cristianos. La unión siempre hace fuerza.

Por lo que me escribes, se nota que eres una persona que has tenido una buena formación humana. Crear un negocio exige sabiduría, disciplina, esfuerzo y valor. Si potencias todo ello con el conocimiento de Jesucristo, si logras seguir al Señor de manera más comprometida, entonces Él será el dueño de tus empresas y tú serás su administrador. Te quitará la angustia y te dará la paz en medio de ambientes laborales difíciles, sentirás más confianza en su Providencia y podrás discernir mejor en qué debes invertir una parte de tus ganancias; quiero decir, a qué organizaciones de caridad, de la Iglesia y de desarrollo social debes apoyar. Recuerda las palabras sabias de Tomás de Kempis: “Pon en Dios toda tu confianza y sea Él el objeto de tu veneración y de tu amor. Él responderá por ti y todo lo hará bien, como mejor convenga”. 

Ver en el Blog del Padre Hayen