La pregunta: Buen día Padre, no tengo el gusto de conocerlo personalmente. Leo su columna en el Presencia y también sus publicaciones en este medio. Quisiera hacerle unas preguntas, para ver si es tan amable de darme su opinión al respecto: ¿Qué opina usted del liberalismo?, ¿El Liberalismo es incompatible con la Doctrina Católica? ¿Cree que el Concilio Vaticano II, tuvo como objetivo poner al día a la Iglesia o dar cabida a ciertas ideas liberales o modernistas? Agradezco de antemano las respuestas que sea tan amable de dar. Saludos.

Padre Hayen: Gracias por escribir. Ubiquémonos primero. El liberalismo es una corriente política, económica y social cuyo centro es el individuo y su libertad. Trata de limitar mucho los poderes del Estado y exaltar las libertades de la persona. Según esta ideología, el Estado no debe violar los derechos individuales de los ciudadanos. Se basa en una visión del hombre donde lo más importante es su libertad. Ésta debe ser absoluta.

El liberalismo enseña que el hombre no debe estar subordinado, sino que debe ser independiente y autónomo. Es una filosofía que no responde a las preguntas últimas de la existencia humana: quién soy, de dónde vengo, a dónde voy, qué hay más allá de la muerte y si existe una Verdad absoluta a la que todo esté supeditado. Son preguntas incómodas para un liberal. El liberalismo conduce, tarde o temprano, al relativismo moral. El individuo termina por fabricar sus verdades y no se somete a la existencia de una verdad absoluta y definitiva.

El sistema económico del liberalismo es el capitalismo, que apoya la propiedad privada, el libre mercado y el lucro como su motor. El liberalismo adora al dios dinero. Sin una moral que lo regule, el capitalismo es causa de grandes problemas sociales, sobre todo de una desigualdad espantosa entre pocas personas que tienen una superabundancia de bienes materiales y todo el poder, y multitudes de seres humanos que viven en la más absoluta pobreza, y que son manipulados por aquellos.

Mi opinión es que se trata de una ideología, es decir, un sistema simplificado de ideas para ser aplicado a las masas, con fines de poder y de lucro. Se basa en una idea equivocada del hombre; éste, si bien es libre, no se define por ser libertad absoluta, sino que tiene una libertad limitada. El problema mayor del liberalismo está en el campo moral. Cuando el criterio de moralidad es solamente la autonomía de la persona y sus verdades, la sociedad acabará por considerar intolerante a toda persona o grupo que piensen diversamente. Hoy quien defiende a la familia, a la vida y a la naturaleza humana es perseguido por el sistema liberal.

Todo católico debe saber que el liberalismo es anticristiano porque no contempla a Dios en su horizonte. Sin Dios se engendran las más duras injusticias que se vuelven contra el hombre. El ejemplo más claro lo tenemos en los intentos por legalizar el aborto a nivel mundial. Para ello sólo se habla de los derechos de la mujer para decidir sobre su cuerpo, pero no se toma en cuenta el derecho del no nacido. Además el lucro es también el motor de esta industria de muerte porque el aborto legal es un asqueroso negocio. A gloria huele el dinero aunque se saque del estercolero.

¿Cómo creer que el Concilio Vaticano II tuvo por objetivo imponer ideas liberales? ¡Por Dios! Eso es absurdo. El Concilio, por el contrario, abre una propuesta, un diálogo con el mundo para ofrecerle la salvación en Jesucristo. En su Constitución Gaudium et Spes, el Concilio nos puso en alerta sobre los desequilibrios de nuestro mundo originados por una crisis del espíritu humano debida a la pérdida de la fe. Cuando expulsamos a Dios de nuestra manera de pensar entonces surgen las ideologías que tratan de sustituirlo por filosofías mundanas que, en su intento por dar recetas fáciles para resolver los problemas, acaban por convertir al mundo en un infierno. Esta es mi opinión sobre el liberalismo. Espero haberte servido y te agradezco tu confianza. 

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