Pregunta: Mi esposo y yo tenemos tres años de casados y nos empezamos a cuidar con el método bilings, pero no lo hicimos de la manera correcta y, a los tres meses de casados, me embaracé. Cuando mi primer hijo tenía un año y un mes, volví a quedar embarazada pues seguimos utilizando el mismo método (por lo visto no lo aprendimos correctamente). Tener dos niños es muy agotador para mí, y esto me hace pensar en un método anticonceptivo que sea definitivo. Padre, quisiera preguntarle si está mal que yo le pida a mi esposo que se haga la vasectomía. Yo sé que la Iglesia no ve con buenos ojos los métodos anticonceptivos pero, de verdad, no estoy lista para otro hijo. Estoy tentada a utilizar un método, aunque me da miedo, pues sé que ello implica muchos cambios hormonales. En cambio para el hombre es un poco más sencillo y rápido realizarse la cirugía, pero no quiero estar haciendo mal y que mi esposo luego tenga problemas para comulgar o recibir la absolución al confesarse, y todo por mi insistencia. Cabe mencionar que él sí está dispuesto a hacerse la cirugía. Le agradeceré su consejo.

Padre Hayen: una de las decisiones más grandes y generosas que una pareja de esposos puede hacer es la de decidir traer al mundo a un nuevo ser humano, fruto de su amor. No es una decisión fácil porque implica una enorme responsabilidad y un gran compromiso. Sin embargo para que ustedes estén tranquilos con su conciencia, la decisión que tomen debe estar en armonía con diversos valores, como son la unidad y la comunión que tengan como pareja, la fidelidad que se tienen y la fecundidad a la que está llamado el matrimonio.

Uno de esos valores con los que deben armonizar su decisión son las leyes divinas. Dios creó leyes que están inscritas en la naturaleza humana, y es necesario saber descubrirlas, y esto no es algo difícil. El cuerpo tuyo y el de tu marido tienen sus leyes biológicas que es necesario respetar. ¿Qué te parecería si uno de tus hijos voluntariamente se cortara un dedo, o se privara de un ojo o de un pie? Sería una decisión moralmente equivocada, una transgresión a las leyes de Dios porque afectaría gravemente la integridad de su ser. Así también sucede con la función reproductiva. Privarse de ella por una cirugía, ya sea que la mujer se ligue las trompas de falopio o el hombre se haga la vasectomía, es una castración, y por lo tanto es una decisión moralmente incorrecta porque violenta la integridad de la persona.

Ponte a pensar que si tú presionas a tu marido para que se castre, él podría comenzar a almacenar cierto resentimiento o rencor contra ti por ‘obligarlo’, de alguna manera, a hacer algo que va contra su propia naturaleza. Piensa también que, una vez liberados sus actos conyugales de la fecundidad, tu esposo podría presionarte más para que tú accedas a tener intimidad cuando él quiera y como quiera, y así puede terminar faltándote al respeto y mirándote sólo como un objeto sexual en el que él se complace. Considera también que tu marido, una vez castrado, podría volverse un donjuán o, al menos, buscar aventuras fuera del matrimonio, sin miedo a tener hijos con otras mujeres. Caza, guerra y amores: por un placer, mil dolores.

Ustedes no conocen lo que les depara el futuro. Dios quiera y no suceda, pero tú puedes morir de repente y tu esposo puede querer contraer nuevas nupcias. Si se hace la vasectomía ya no podría tener hijos con su eventual cónyuge. O bien -¡Dios guarde la hora!-, tus dos hijos pueden morir por cualquier enfermedad o accidente, y ustedes, esterilizado el uno o el otro, no podrían traer nuevos hijos a su matrimonio.

El que tú utilices un método anticonceptivo tampoco te lo recomiendo. Es una violencia brutal contra tu cuerpo. Los riesgos físicos para la mujer al tomar métodos hormonales son muchos, incluyendo el infarto y la trombosis. Trata de leer los efectos secundarios de los métodos hormonales, son terribles. Yo casi no puedo leerlos porque mi vista no me alcanza. Son tan pequeñas las letras que me resulta imposible. La razón es muy sencilla: los fabricantes de anticonceptivos están haciendo el negocio de su vida y hacen todo lo posible para evitar que la gente conozca las consecuencias físicas de sus productos. Y ¿qué decir de otros métodos anticonceptivos como el dispositivo intrauterino (DIU) y la píldora del día siguiente? Pues que son directamente abortivos y, por lo tanto, gravemente inmorales.

El acto conyugal tiene la doble función de unir en amor a los esposos y eventualmente traer una vida humana. Si ustedes aprenden bien a adecuar su conducta sexual a la estructura biológica de tu cuerpo femenino, se respetarán más como pareja y tendrán más diálogo conyugal. Por eso les aconsejo regresar a utilizar el Método Billings. En el respeto a la naturaleza de las relaciones conyugales, como Dios las creó, encontrarán la paz en sus corazones. Si ustedes son cristianos maduros, más fácilmente buscarán una solución en sintonía con el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia. Dios los bendiga, y a sus hijos también.

(Las confesiones con absolución se dan en las parroquias; aquí sólo consejos y sin revelar nombres. Puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a mi cuenta de Facebook, Messenger o en Twitter: @padrehayen)

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