La pregunta: Buen día padre, en los últimos dos años he visto un incremento muy fuerte en la sexualidad de los chavos; ya es raro que tengamos un curso de confirmaciones sin que haya una embarazada entre los participantes. Hay jóvenes servidores que mantienen relaciones sexuales, la mayoría lo niega o lo oculta. Pero he visto que ahora es muy común que viajen las parejas de novios de vacaciones, no en viajes de escuela ni viajes de grupo, sólo la pareja, como, podríamos decir, pre-luna de miel. Y lo que me aturde no es solamente lo mucho que sucede esto, sino que son jóvenes servidores de las parroquias y que cuentan con el consentimiento de los papás, que en muchos casos son también muy allegados a la Iglesia. Yo sé que pueden viajar juntos a una playa, dormir en la misma habitación y no tener relaciones, pero aún así no es correcto para un servidor. ¿Qué ejemplo puede ser para los nuevos jóvenes que se integran a los grupos juveniles parroquiales? ¿Qué podemos hacer yo y los que somos responsables de estos grupos, sobre todo, cuando tienen el permiso de sus papás?

Padre Hayen: efectivamente, no podemos negar que muchos jóvenes, desde temprana edad, empiezan a tener relaciones sexuales. El mundo en que vivimos los empuja a experimentar con el sexo haciéndoles creer que se trata de una especie de deporte, de juego, de expresión de amor y de un derecho en el que los padres no deben de interferir. Ellos así lo han aprendido en la calle, en los medios de comunicación y hasta en las lecciones que, sobre sexualidad, imparten los sistemas escolares. Quienes llegan a nuestras parroquias para iniciar una formación cristiana no vienen del cielo, sino del ambiente que nos rodea. Es lógico, pues, que muchos muchachos en los grupos juveniles parroquiales ya traigan experiencia en su vida sexual.

Los jóvenes creen que saben mucho de sexo pero, en realidad, saben muy poco. Son expertos en utilizar condones y pastillas. Les han llenado el cerebro con todo tipo de información. Muchos saben cómo hacerlo y piensan que son libres porque viajan con sus parejas a disfrutar de su pre-luna de miel, a gozar y a vivir la vida. Sin embargo nos les han dicho que, acostumbrándose al sexo desde temprana edad, ellos se llenarán de heridas físicas y emocionales. Sólo el virus del papiloma humano ha dejado estériles a muchísimas personas que sufren hoy por no poder tener hijos.

A los jóvenes no se les dice que el sexo pre-matrimonial retrasa la madurez afectiva en el varón hasta convertirlo, muchas veces, en un permanente adolescente que no madura para poder entregarse, como un hombre maduro, a sacar a una esposa y a unos hijos adelante. Tampoco les hacen saber que especialmente las mujeres suelen convertirse en objetos de placer, y muchas veces abandonadas por sus novios con un bebé en los brazos. O bien son presionadas a abortar, lo que las hiere para toda su vida.

Los padres de familia que consienten que sus hijos introduzcan en sus propias viviendas a sus parejas para pasar la noche, o que no los corrigen cuando saben que ellos tienen vida sexual activa, o que incluso les proporcionan pastillas o les dicen ‘nada más cuídate’, les están haciendo un daño muy grande. Se trata de un pecado grave de los padres. Ésos les están enviando el mensaje a sus hijos de que el sexo es un instinto incontrolable y que la castidad es imposible. No les están educando en la virtud del autocontrol, y una vida sin autocontrol corre hacia el fracaso. De esa manera verán pronto el fracaso de sus hijos para formar a sus familias, y la herida de sus nietos al verlos crecer sin uno de sus padres.

No es correcto, ciertamente, para un joven servidor soltero, tener vida sexual activa y prestar servicio en su parroquia. Es lo que se llama ‘doble vida’. ¿Puede un joven caer en relaciones sexuales y ser servidor? Por supuesto que sí, porque todos somos frágiles. Pero después de una caída hay que levantarse, para esto Jesús instituyó los confesionarios. Sin embargo acostumbrarse a servir por la tarde del sábado al Señor y pecar luego sin el mínimo arrepentimiento y esfuerzo para superar el pecado, eso es lo que se llama esquizofrenia espiritual y doblez de alma. Quien vive así, muchas veces termina siendo motivo de escándalo en el seno de una comunidad cristiana. No entran en el reino de Dios, y son piedra de tropiezo para que otros entren.

¿Qué podemos hacer? Lo más eficaz será integrar una verdadera educación en la sexualidad en nuestros programas parroquiales juveniles. No unas horas en un sábado de confirmaciones, sino cursos basados en la ciencia -lenguaje que fácilmente entienden los jóvenes- y posteriormente en la teología. Hay que abrirles los ojos para que descubran la belleza de la sexualidad en el plan de Dios y se motiven a vivirla, aun cuando sus papás los hayan inducido al error. También los sacerdotes podemos hacer mucho, en primer lugar estudiar a fondo las enseñanzas de la Iglesia sobre sexualidad y perder el temor de ser impopulares cuando abordemos el tema en nuestras catequesis y homilías. Si discrepamos de lo que la Iglesia enseña sólo sembraremos dudas y confusión, y no ayudaremos a los jóvenes a vivir en la verdadera libertad para alcanzar su madurez.

Que Jesús te bendiga y santa María te conforte.

(Las confesiones con absolución se dan en las parroquias; aquí sólo consejos y sin revelar nombres. Puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a mi cuenta de Facebook/Messenger : Eduardo Hayen Cuarón; o en Twitter: @padrehayen)

Ver en el Blog del Padre Hayen