La pregunta: Padre tengo un conflicto muy grande con los muchachos que acompaño en un grupo de mi parroquia. Nos juntamos los lunes a estudiar el catecismo, y a ellos les gusta mucho salir a los antros. Yo pienso que esto no es una práctica cristiana, pero ellos me piden más fundamentos, no me creen cuando les explico lo incorrecto de ir a estos lugares. ¿Podría ayudarme, padre? ¿cuál es exactamente nuestra postura de ir a antros?

Padre Hayen: Creo que tenemos que hacer una distinción entre antros y antros. En la categoría ‘antro’ podemos meter a los clubes nocturnos, discotecas, bares y ‘table dances’. En estos lugares los clientes suelen bailar, comparten con amigos y consumen bebidas alcohólicas. Hay lugares donde la gente va tranquilamente a encontrarse para conversar; yo no veo que pueda ser nocivo el distraerse sanamente cuando se tiene control en la manera de beber -siendo, por supuesto, mayores de edad-, al visitar lugares de atmósfera agradable donde se pueden encontrar a los amigos. Subrayo la palabra ‘agradable’, porque una gran cantidad de antros son de ambiente sombrío y depresivo. Si se trata de menores de edad, ellos no deben ni siquiera visitar este tipo de lugares. Son los padres de familia quienes deben buscar y supervisar que sus hijos se puedan reunir en casas y con diversiones sanas.

Es cierto que hoy la vida nocturna ha crecido enormemente, sobre todo en las ciudades grandes. Millones de jóvenes buscan lugares oscuros para divertirse, y en todo ello existe el riesgo de que a ellos se les encierre en la oscuridad de su egoísmo y en la indiferencia ante los problemas que hay en el mundo. El ambiente de muchos antros envía mensajes a los jóvenes de que la vida no tiene sentido, de que hay que consumir alcohol y que no hay que pensar. En muchos de estos lugares la música es tan ensordecedora que es imposible la conversación, las personas se aíslan unas de otras y se impide pensar. Sabemos que también en muchos de estos lugares se venden y consumen drogas. Todo se dispone para que las personas actúen por instintos y usando mínimamente su inteligencia.

Hay otros antros que son abiertamente bajos y denigrantes como los ‘tables dances’, donde las mujeres se exhiben como objetos sexuales en una atmósfera morbosa y lasciva. Imagino el dolor de un niño o un joven que sabe que su madre se gana la vida bailando en esos lugares. Basta pensar que hay mujeres y familias que sufren por estar involucradas en esos empleos tan vergonzosos y depresivos, para no pisar nunca uno de esos lugares y así no contribuir a aumentar ese dolor y esa humillación. Nadie que se llame cristiano debe frecuentar un ‘table dance’. Es algo que duele al corazón de Dios.

Si a algunos jóvenes de tu parroquia les gusta frecuentar los antros, hay que preguntarse por qué lo hacen. Es necesario escucharlos, entenderlos. Muchos de ellos quizá los utilizan como un escape de sus problemas familiares. Quizá se sienten muy solos, y terminan dominados por el ruido del antro, creyendo que por estar en medio de la gente alivian su soledad, cuando en realidad son muchas las soledades que sólo bailan y no conversan.

Me parece importante que no les prohibas a esos jóvenes, tajantemente, ir a los antros, ni tampoco te enojes porque asisten. Te invito a formarles la conciencia sobre los peligros que hay en esos lugares y dejarlos que ellos decidan libremente. Pero también te exhorto a que busques crearles ambientes cristianos en la parroquia o en sus propias casas, donde puedan conocer otras formas de diversión en las que no haya necesidad de consumir alcohol ni de tener desenfrenos. Te propongo que los introduzcas en el servicio a las personas necesitadas. El mundo en que vivimos tiene heridas enormes: hay niños de la calle que necesitan atención, niños que son explotados, jóvenes que se drogan, millones de niños que son asesinados por el aborto, injusticias de todo tipo, ancianos que sufren soledad, enfermos mentales y una larga lista que son, como enseña el papa Francisco, las llagas de Jesucristo hoy en el mundo.

Dices que estudias el catecismo con los jóvenes, y está bien. Pero sólo te recuerdo que el estudio por el estudio de las cosas de Dios no funciona bien. El catecismo ha de llevar a los jóvenes a un encuentro con Jesucristo, a orar y a compartir experiencias de Dios. Luego ese encuentro con el Señor debe motivarlos a salir de la parroquia para aliviar necesidades que haya en el mundo.

Si logras entusiasmar a tus jóvenes con actividades alternativas a los antros, y si logras crear un ambiente de reflexión entre ellos y de entusiasmo por Jesús, entonces tus muchachos descubrirán que ir a los antros es algo enormemente aburrido, es perder el tiempo, y que en el encuentro con Jesús y en el servicio a los demás por amor a Él está la clave para vivir una vida enormemente apasionada e interesante. Pide a san Juan Bosco, patrono de los jóvenes, que te inspire; y a ellos, que los despierte.

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