La pregunta: Vivo en unión libre desde hace mas de once años. Al principio era tanta mi insistencia en acercar a mi esposo a la Iglesia, que lo alejé más. Desde hace un año hemos caminado juntos, servimos, aprendemos y nos fortalecemos en comunidad. Pero su violencia, ofensas y su ira no sólo me han afectado a mí, sino ahora a mis hijos que ya no desean vivir con él y me han pedido que nos separemos. En la escuela la directora y maestra me hicieron referencia a las concecuencias del matrato infantil. Sé que su esfuerzo y entrega es meritoria y confío que Dios esta obrando en la familia completa. Pero ¿cómo saber si Dios me pide continuar o salir de esta situación que sólo me aleja de Dios? Gracias por su tiempo y atención. Por favor espero una respuesta.

Padre Hayen: por varios motivos desaconsejo absolutamente la unión libre. Perdona que te hable antes de tu estado civil, pero es parte del consejo que te doy. Te metiste a vivir con un hombre que resultó ser un ogro, y ahora no sabes cómo salir del berenjenal. Entregarse a otra persona sin compromisos con Dios y con la sociedad es no actuar con la cabeza, sólo con el corazón, y las consecuencias suelen ser dramáticas. Pero para todo hay solución.

Si tu concubino está maltratando físicamente a tus hijos, sin más te lo digo: es mejor la separación. Supongo que estamos hablando de violencia física severa, y no de simples nalgadas. Cuando está en peligro la integridad tuya y la de los niños, ¡pies para qué los quiero! Los niños te lo están pidiendo, además. ¿Quiere decir esto que dejarás a los niños sin padre? No exactamente. La separación es únicamente para poner a los hijos fuera de peligro, y para brindarles a ellos una atmósfera más serena.

Considera que la separación puede ser temporal. Sin botarlo de la casa con regaños o humillaciones, hazle saber que debe retirarse. Si tu pareja se pone a trabajar seriamente en su personalidad y llega a ofrecer las condiciones para que tu familia viva tranquila, entonces no veo problema para que puedan retomar la vida en común. El último año que han caminado juntos puede ser clave. Por lo que entiendo, él se ha acercado a la Iglesia y están sirviendo, aprendiendo y fortaleciendo su fe en la comunidad. Aunque no vivan juntos, invítalo a la comunidad para que, en la oración y en el servicio, Dios pueda transformarlo. También te sugiero que lo encamines hacia una dirección espiritual con el párroco o con algún sacerdote que lo ayude a través de sus consejos.

Finalmente debes de cuestionarte: si te separas y un día decides regresar con él, ¿será para continuar viviendo en el pecado de la unión libre? No te lo aconsejo. Por eso pueden tomar este tiempo para conservar la amistad en una especie de noviazgo, sin vivir juntos y sin tener intimidad, y así podrás ir verificando los cambios de tu novio y darte cuenta si es el hombre con quien quieres compartir tu vejez, hasta que la muerte los separe, en santo matrimonio cristiano. Para eso son los noviazgos.

Que el Señor te ilumine y Santa María, la Virgen, interceda por tu familia.

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