La pregunta: padre, usted puso un artículo dónde dice que uno no entrará al cielo si no perdona. Eso me tiene muy precupada porque mi mamá me ha hecho tanto daño desde que yo tenía cuatro años hasta la fecha. Han sido abusos desmedidos, indiferencia, sin un abrazo, haciéndome siempre menos y haciendo diferencias entre mis hermanos. Soy la mayor de seis hijos y ella me dejó toda su responsabilidad desde que yo era muy niña. Ella nunca trabajó. Fue mi papá quien siempre fue muy trabajador y responsable, pero muy enérgico. Nos golpeaba mucho por culpa de mi mamá. En fin, para mi mamá su dios es el dinero, así ha sido toda la vida. Ella es una persona tan falsa, hipócrita y avariciosa, al de que a mí tiene enferma. Ella sigue igual y no le duele nada. Para ella todo está muy bien. Yo no sé qué siento, si rencor o dolor. Todo lo que ella hace me tiene muy herida; yo ya tengo 60 años y es ahora que se me ha cargado más. Hace unos tres años siempre estuve callada pero ella no cambia. ¿Qué puedo hacer ?

Padre Hayen: no es fácil perdonar cuando se han recibido tantas heridas de parte de quien debió haber sido bálsamo para el propio corazón con su amor maternal. Uno quisiera que todas las mamás fueran amorosas, prudentes, fuertes y tiernas, pero lamentablemente no en todas las familias es así. Hay unas que son como aquel personaje siniestro llamado Catalina Creel. ¿Recuerdas Cuna de Lobos? Si te tocó una madre de este tipo, no es por culpa de Dios. El Señor respeta los procesos afectivos internos a las familias, con sus luces y sombras, y conoce las heridas que podemos recibir en el seno familiar. Y quiere ayudar a que sanemos. Como señala el episodio del ciego de nacimiento (Jn 9), todo ocurre para que se manifieste Dios, su poder y su gloria.

A pesar de que no tuviste a Mamá Margarita como tu madre -ella era la mamá de san Juan Bosco- yo te invito a que poco a poco, en tu vida interior, vayas haciendo un proceso de reconciliación con tu mamá. Es obvio que no podrás abrazarla y darle de besos como si tuvieran la mejor amistad, pero lo que sí puedes hacer es empezar a orar por ella y repasar todas las bendiciones que de tu madre te han venido. Tu madre ha sido el vehículo del que Dios se ha valido para que tu existieras, pero además para que llegues a la vida eterna en el cielo. Si anhelas que la gran promesa de Dios se cumpla en tu vida -ir al cielo- ello debe ser un motivo para abrazar tu pasado -no importa si fue triste- y perdonar a cuantas personas te hicieron daño, principalmente tu madre.

¿Te has puesto a pensar por qué tu madre se comportó así contigo? Hazte esta pregunta, muchas veces. Quizá haya heridas en el corazón de tu mamá desde su infancia, heridas que la incapacitaron para dar amor y cariño a todos sus hijos. Tal vez ella rechazó su embarazo cuando tu estabas en su vientre, por motivos diversos: mala economía, trastornos mentales, abuso de parte de tu padre, entre otros. Es importante la comprensión hacia tu madre para que te vayas vaciando de tus sentimientos de rencor, lo cual es tóxico para ti, y empieces a verla, no como una mujer malvada, sino como una mujer enferma. Y si tu mamá está enferma, ¿para que aborrecerla?

Dice san Pablo en una de sus cartas: “Revístanse de sentimientos de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, soportándose unos a otros y perdonándose cuando alguno tenga queja contra otro” (Col 3,12). Expulsar el rencor de tu corazón hacia tu madre será como sacar de tus pulmones el aire oxidado. Si no lo sacas, terminará por intoxicar toda tu vida y la de los tuyos.

Es cierto que puedes recordar ciertos episodios tristes de tu vida pasada que pasaste con tu madre, y ello te puede provocar ira, tristeza o coraje. Cuando eso ocurra no significa que no la has perdonado. El dar el perdón es un acto de la voluntad, y no del sentimiento. Así que cuando te venga enojo por malos recuerdos, di al Señor: “Perdono a mi madre, de todo corazón”, o bien “Madre, yo te perdono con toda el alma”. Repítelo una y otra vez. Decide perdonarla y quedar libre de rencores. Te ayudará mucho pasar momentos de soledad y oración frente al Santísimo Sacramento, quien desde la custodia, te dirá cuánto te ha perdonado y cuánto quiere perdonar a tu mami.

No basta perdonar. Es necesario que tú también reconozcas tus errores en la relación con tu madre y pidas perdón por ellos. No porque no la odies puedes quedar tranquila. Cuando eres humilde y sabes humillarte reconociendo tus faltas, podrás vivir tranquila. Y cuando cierras el círculo del perdón con algún pequeño gesto de reconciliación, algún detalle bonito que tengas con tu mamá, estarás haciendo un acto que agrada mucho al Señor. Estos detalles hacen la unidad de los hijos de Dios, aunque haya personas que no los acepten. Si hay quienes rechazan estos actos, ¡allá ellos! El problema dejará de ser tuyo porque habrás extendido tu mano hacia tu madre. Y eso lo ve tu Padre, en lo secreto.

Por último, has de recordar que aunque no hayamos tenido en la tierra una madre perfecta, en el Cielo sí la tenemos, y se llama la Virgen María. La relación con Ella te ayudará mucho, porque ella perdonó a quienes fueron los verdugos de su Hijo, y a quienes hemos traicionado el amor de Jesús con nuestros pecados. Acércate a la Virgen como hija herida y pide que te cure tus heridas, y te revista con los sentimientos de compasión de Jesús hacia quienes lo crucificaron.

Ver en el Blog del Padre Hayen