La pregunta: Hola padre, buenas tardes, acudo a usted en busca de un consejo; no sé qué hacer, tengo una duda muy grande. Una de mis hermanas asegura que puede ver espíritus, adivinar cosas que ocurrirán o saber qué nos duele físicamente, tan sólo con vernos. También dice que puede curar y salirse de su cuerpo, viajar y visitarnos, ver cómo estamos y muchas cosas más. Yo tengo miedo porque no sé qué creer, y no quiero faltarle a Dios. Pero mi hermana es una persona seria, que no creo que me esté engañando, no sé qué pensar o cómo actuar.

Padre Hayen: ese tipo de facultades que dices que tiene tu hermana, se llaman ‘fenómenos místicos extraordinarios’. No sé qué grado de unión haya alcanzado tu hermana con Dios, pero cuando una persona ha llegado a altos niveles de contemplación a través de la oración, de la caridad y la unión con el Señor, esos fenómenos pueden ocurrir. Así sucedió en la vida de grandes místicos como santa Gema de Galgani, san Juan de la Cruz o santa Teresa de Ávila. ¿Habrá llegado tu hermana a esos niveles de mística cristiana? Si no es así, lo más probable es que se trate de una psicología perturbada, o de fenómenos diabólicos.

Pronosticar hechos futuros y salir del cuerpo para viajar apunta más al esoterismo que a vida cristiana. En el mundo esotérico se habla de viajes astrales y de visiones del futuro. Pero nos preguntamos, ¿qué utilidad puede tener un viaje astral y la adivinación para la edificación del Reino de Dios? Ninguna. El futuro sólo pertenece a los secretos de Dios y nadie puede conocerlo. Es cierto que han habido santos, como san Juan Bosco, que tuvo sueños y profecías pero, repito, Dios lo concede raramente a personas santas y para la salvación de las personas.

El viaje astral es una experiencia en aquellos que padecen algún desorden emotivo. Muchas personas en estado de duermevela sienten que caen en el vacío o que salen fuera del cuerpo. Pueden escuchar voces y ver diversos seres.

Estos fenómenos son sólo proyecciones de la mente y no hechos reales. Son un autoengaño. Suelen ocurrir cuando la persona va saliendo del sueño profundo hacia el estado de conciencia. Ahí se puede tener la sensación de ver el propio cuerpo como una realidad separada. Todo queda como una experiencia subjetiva, es decir, queda sólo dentro del sujeto que tiene esas sensaciones. Es muy posible que la causa sea haber visto películas fuertes, la sugestión mental o haber entrado en el mundo esotérico.

La bilocación, en cambio, es un fenómeno místico auténtico y objetivo. Hay personas que vieron a algunos santos en algún lugar, cuando de manera simultánea se hallaban en otro sitio. San Martín de Porres tenía este don, así como también san Pío de Pietrelcina y sor María de Ágreda, la monja española que visitaba a los indios de Nuevo México en el siglo XVII para evangelizarlos, cuando ella nunca dejó su convento en España. La bilocación es un hecho objetivo, real y con testigos, mientras que los viajes astrales son sólo subjetivos.

Si una persona trata de salir de su cuerpo o hacer curaciones con el poder de la mente; si creyéndose médium trata de contactar a espíritus, que son los muertos, únicamente se sugestionará. Si persiste en ello, probablemente desarrolle enfermedades mentales como la esquizofrenia, o bien se expone a ser perturbada por demonios. El espiritismo es un fraude y su práctica es un pecado contra el primer mandamiento, que nos invita solamente a confiar en Dios.

Si tu hermana es humilde y quiere poner toda su confianza en el Señor, ella misma debe pedir a Dios que la aleje de esas experiencias. Nuestra relación con Dios, aquí en la tierra, es a través de la fe y no por medio de visiones, apariciones y mucho menos por viajes fuera del cuerpo. Lo que eleva nuestra condición humana es ejercer la conciencia, la inteligencia y la voluntad. No se entiende entonces cómo las experiencias hechas en la semi-inconsciencia pueden elevar al hombre. Por eso hemos de evitarlas y huir de ellas.

Por último te aconsejo que no des tu asentimiento a lo que te dice tu hermana. Es peligroso porque puedes empezar a poner tu fe y tu confianza, más en lo que ella te dice que en el mismo Dios. Si no quieres terminar confundida, cree a Dios y a la Iglesia, no a las experiencias de tu hermana. Aconséjala que consiga un sacerdote que pueda ser su director espiritual para discernir bien qué es lo que le sucede y ore por ella.

A ti, que Dios te mantenga en el camino de la fe a través de la oración, la catequesis y la caridad a tus hermanos, y que Santa María interceda por ti.

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