Pregunta: Mi esposo y yo llevamos 15 años de matrimonio con cuatro hijos. Descubrí su infidelidad con una chica 17 años menor que él porque leí sus mensajes de texto. Es la segunda vez que lo perdono. Lo corrí de la casa y hasta llegamos a empujarnos lastimándonos los dos. El está muy indignado porque no respeto su privacidad. Se sinceró conmigo y aceptó que la estaba enamorando. Que no era nada serio, que sólo eran mensajes, que quería ver como se sentía tener una amante, pero que me amaba. Yo ya lo había corrido de la casa, lo volví a admitir, pero al tercer día no llegó a dormir. Regresó con un chupetón en el pecho. No sé si él se esté quedando conmigo porque me ama o por lo que le dijeron sus hijos, quienes ya le han hablado fuerte. Tengo sentimientos de rabia. Siento que lo quiero pero tengo miedo de que vuelva a jugar conmigo. La Biblia dice que debo perdonar hasta 70 veces siete, pero siento que estoy perdiendo mi dignidad. Agradezco mucho su guía.

Padre Hayen: Supongo que la edad de tu marido rondará en los 40 años. Es una edad en la que los hombres podemos entrar en crisis, al ver que se nos van los años y las canas se asoman. Muchas veces, nos entra un ‘segundo aire’ en el afán de aferrarnos a una juventud que se marcha. Por eso, seguramente, tu esposo busca enamorar a esa mujer y tener la aventura de un amante. No justifico a tu marido, pero trato de comprender qué se puede esconder detrás de una actitud que me parece sinvergüenza, inmadura, irresponsable, baja y traidora. Te invito también a que repases la historia familiar de tu esposo. Descubrirás, muy probablemente, hechos dolorosos que lo incapacitaron para amar verdaderamente a una sola mujer.

La Biblia, efectivamente, nos habla de la necesidad de perdonar siempre. Pero eso no significa que actuemos como si nada hubiera ocurrido. A Jesús, cuando le dieron una bofetada, dijo: “¿Si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Jn 18,23). Si tu esposo regresó al tercer día después de que lo perdonaste, y con una descarada señal en su pecho, eso quiere decir que está jugando contigo y que perderte le importa poco. El “¿por qué me pegas?” de Jesús es un reclamo justo que puedes aplicar en el diálogo con tu pareja. Perdónalo desde ahora para que tu corazón no guarde veneno, pero demuéstrale que no estás dispuesta a compartirlo con otras mujeres. ¡Haz valer tu dignidad de mujer y esposa! Si no actúas con firmeza, te seguirá tratando como una tonta. Por el bien de tus hijos no te aconsejo el divorcio, pero sí el diálogo, mucha oración y una saludable distancia de tu marido, incluso física si es necesario, en vistas a ayudarlo a madurar. Te mando una bendición.

(Las confesiones con absolución se dan en las parroquias; aquí sólo consejos y sin revelar nombres. Puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a mi cuenta de Facebook o en Twitter: @padrehayen)

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