Pregunta: Hola padre, espero que se encuentre bien. Mi esposo es muy coqueto con algunas compañeras de su trabajo. Ha tenido cuatro empleos diferentes y en todos se ha conseguido una amiga, que después termina gustándole. Cada vez que lo he descubierto ha roto mi corazón. Me he convertido en una mujer insegura, celosa y poco cariñosa. Cada vez que salimos de casa sólo estoy vigilándolo para ver si empieza a coquetear. Me siento fea, me comparo con otras mujeres y pienso que son más lindas que yo. Quisiera dejarlo pero Dios me ha hecho entender que debo de orar por él. Sin embargo es difícil orar por alguien a quien tengo resentimiento. No puedo controlar el enojo que a veces siento. Siempre fui buena esposa para él, hasta que descubrí sus coqueteos. ¿Qué debo hacer, padre?

Padre Hayen: así como lo describes, parece que tu esposo es una persona que le falta madurez afectiva para el matrimonio. La vocación del varón que decide formar una familia es establecer, mantener y proteger una comunión de personas entre él, su mujer y sus hijos, y entregarse a ellos para custodiar el bien de la familia. Cuando en su juventud un varón tiene muchas aventuras sexuales con mujeres, debido a una adecuada educación en su sexualidad o a heridas interiores, existe el peligro de que su amor no madure al punto de renunciar a las faldas para dedicarse exclusivamente a amar la mujer que elige como esposa. Solamente existe una manera de amar como adulto, y consiste en aceptar totalmente a otra persona como alguien tan importante como uno mismo. Aquí parece que tu esposo sigue siendo un chamaco disfrazado de adulto.

Es obvio que si tú has tolerado los coqueteos de tu marido, te compararás con otras mujeres, y eso será causa de gran sufrimiento para ti. Ya lo está siendo, de hecho, al sentirte desprovista de belleza, resentida, celosa y timorata. Es hora de que hagas valer tu dignidad, ¿no crees? Si no ayudas a tu esposo a corregir su comportamiento, terminará dejándote por otra. Él o tú se marcharán de la casa, tarde o temprano, a menos de que estés dispuesta a soportar la situación por tiempo indefinido. Me parece que es una cruz que puedes evitar, no huyendo del matrimonio sino tomando al toro por los cuernos para superar el problema.

A Dios rogando hija mía. Aunque te cueste orar por él, hazlo, pero viendo en él a una persona inmadura en el amor a la que quieres ayudar a superar ese estado. Descúbrete linda ante los ojos de Dios. Haz de saber que tu belleza primero, proviene de tu interior, de tus valores y cualidades, de tu valor como hija de Dios. Sube tu autoestima y la seguridad en ti misma. Si tú no te quieres y valoras primero a ti, difícilmente harás feliz a tu esposo, y así serás alguien que mendigue amor toda la vida. No mereces eso. Descubriendo tu dignidad y la grandeza de tu ser dejarás de contentarte con migas y exigir que el amor de tu marido tenga la calidad del tuyo. Si él te ve que eres débil, no cambiará su conducta infantil. Te sugiero que hables con él para ponerle un límite, un ultimátum, un hasta aquí.

Aunque puede ser difícil, debes de superar los celos. Éstos crean una atmósfera opresiva y destructora del amor conyugal. Trata de establecer un diálogo con él en el que ambos reconozcan las dificultades y compartan los éxitos. En ese diálogo tenle paciencia, aprende a tolerar la situación por amor, ponte en la situación de tu marido para comprender sus reacciones y, dialogando, corrije lo que haya de falso o de injusto en ellas. Invítalo a hacer lo mismo contigo. Este esfuerzo puede tardar algún tiempo, puede ser muy penoso y quizá en él haya recaídas. Pero luchar por el matrimonio bien vale la pena. La beata Isabel Canori Mora interceda por ti.

(Las confesiones con absolución se dan en las parroquias; aquí sólo consejos y sin revelar nombres. Puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a mi cuenta de Facebook o en Twitter: @padrehayen)

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