La pregunta: Padre, tengo una amiga que hace dos años fue diagnosticada con cáncer. Se dio cuenta de su enfermedad debido a que estaba embarazada a sus 50 años de edad, lo que fue una sorpresa. Los médicos que le atendieron sin dudar le pidieron que abortara, ya que ella necesitaba con urgencia ser atendida, a lo que ella se negó a pesar de sus pobres posibilidades de sobrevivir. Tuvo su hijito que nació muy sanito a pesar de que su mamá recibió tratamiento durante su embarazo. El niño va a cumplir pronto tres años y ella, desde entonces, lucha contra su enfermedad. Ella no deja de atenderse en el hospital con sus médicos pero también desde hace más de un año ha acudido a la ayuda de una persona, digamos ‘espiritual’, que ha ayudado a muchos enfermos a salir adelante. Él se llama Juan de Dios, es brasileño y mi amiga viaja como cada cuatro meses para atenderse con él. Juan de Dios les dice que es san Ignacio de Loyola es quien utiliza sus manos para ayudarles a ellos. Yo estoy con dudas de que lo que hace mi amiga esté bien, no quisiera que estuviera en peligro de ningun tipo. ¿Usted ha oído sobre esto? ¿Está bien?

Padre Hayen: primero, felicita y bendice a tu amiga por haber rechazado el aborto, a pesar de que los médicos la invitaron a abortar. La vida siempre es un don de Dios. Él la regala a quien quiere y como quiere, en este caso a tu amiga con medio siglo de vida. Cuando las madres rechazan el aborto y deciden valientemente dar a luz a sus bebés, Dios derrama bendiciones abundantes sobre ellas y sus familias. ¿Sobrevivirá tu amiga a su cáncer? Le pedimos a Dios que así sea. Sobreviva o no, ten la certeza de que ese niño llevará impreso en el corazón un amor grandísimo, pues sabrá que tuvo una madre heroína que se jugó su vida para dársela a él. Esto me recuerda una frase de Jesús: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15,13).

Ahora vamos con lo del tal Juan de Dios. Esta persona vive en Brasil, en un pueblo cerca de Brasilia, la capital. Se trata de una persona no cristiana, espiritista, médium y curandero que recibe en su pueblo a miles de personas que viajan de diversas partes del mundo para recibir sus supuestos poderes curativos. Él dice que está rodeado de espíritus y que son éstos espíritus los que ayudan a la curación. En el caso de tu amiga, el supuesto espíritu de san Ignacio de Loyola estaría asociado al curandero para sanar. Juan de Dios dice que es Dios el que cura, y que él solamente es un instrumento por el que los espíritus actúan para dar salud a los enfermos; no cobra dinero pero pide un donativo voluntario, y las personas a quienes atiende lo visitan varias veces al año. Hay periodistas que dicen que buena parte de la economía del pueblo depende de los visitantes que buscan a Juan de Dios.

Aquí hay gato encerrado. Primero, un espiritista y médium como es esta persona, al invocar espíritus de luz o espíritus guía, o al invocar muertos, está faltando gravemente a una práctica condenada desde el Antiguo Testamento por el pueblo de Israel, práctica que es reprobada, sobre todo, por la Iglesia. En el número 2117 del Catecismo señala que “Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión”… “El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo”.

Me pregunto, ¿cómo san Ignacio de Loyola va a asociarse con un curandero y espiritista, cuyas prácticas son condenadas por la Iglesia para curar a la gente? San Ignacio tiene poder de intercesión, sin duda, pero su poder no le viene por sí mismo sino porque está asociado al misterio de la Comunión de los Santos en Jesucristo. La intercesión de san Ignacio y de cualquier santo es eficaz sólo en Cristo. El tal Juan de Dios ni siquiera es cristiano y su actividad curanderil es una práctica contraria a la voluntad de Dios.

El diablo, hija mía, es muy astuto, y se viste de ángel de luz haciendo milagros, incluso, para finalmente apartar a las personas de la fe en el Dios vivo y verdadero, y sembrarles inquietudes en el corazón. Sin temor a equivocarme te puedo decir que en la actividad de Juan de Dios hay olor a azufre. Seguramente con él anda metido Satanás y sus secuaces, así que si puedes aconsejar a tu amiga que no gaste su dinero viajando a Brasil, y que recurra mejor a la medicina tradicional o a otros tratamientos alternativos naturistas que no tengan que ver con invocación de espíritus, ni con energías, le harás un gran bien.

Es curioso, pero uno pensaría que visitar curanderos es asunto de la gente pobre que no tiene dinero para pagar médicos. Si tu amiga viaja varias veces al año a Brasil, eso quiere decir que ella no es obrera de una fábrica, sino que se trata de una persona solvente. Sin duda, la desesperación y la ignorancia espiritual hacen a ricos y pobres víctimas de embaucadores. Curanderos del pueblo y curanderos finos, todos están cortados con la misma tijera del Engañador.

Invítala a acercarse al sacramento de la reconciliación y a recibir la unión de los enfermos. Esta unción sí es eficaz, pues es Jesucristo quien directamente toca al enfermo para unirlo a su Pasión redentora, confortarlo, animarlo y, muchas veces, curarlo. A Dios le pedimos la salud, pero lo dejamos actuar como quiera, pues Él es Dios, y si su voluntad no es curarnos, hemos de pedir la gracia de llevar con paciencia su Cruz redentora.

Muchas personas, en su desesperación por obtener la salud, y en su ignorancia, cometen graves errores como tu amiga, que caen en manos de charlatanes que les quitan su dinero y la paz interior que sólo el Señor puede dar. Pongo a tu amiga en mis oraciones y te pido, nuevamente, que la felicites con un abrazo muy grande de mi parte por decir ‘sí’ a la vida y dar un hijo a luz, aún en riesgo de su propia vida. Bendiciones.

(Las confesiones con absolución se dan en las parroquias; aquí sólo consejos y sin revelar nombres. Puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a mi cuenta de Facebook/Messenger : Eduardo Hayen Cuarón; o en Twitter: @padrehayen)

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