Pregunta: Padre, una amiga abortó y yo sentí mucho coraje con lo que hizo. Sé que no debo juzgarla, pero ella pedía tener un bebé, y al darse cuenta de que el padre del niño la abandonó, ella decidió abortar. Traté de comprenderla, pero yo no quise continuar esa amistad. Dejé a mi amiga porque lo de su aborto me pareció muy mal, y además yo veía que ella estaba viviendo un círculo vicioso con su pareja. Tengo frecuentemente a mi amiga en mi pensamiento. He soñado que me llama por teléfono y arreglamos las cosas, pero cuando despierto siento que no quiero volver a ser su amiga. ¿Estoy haciendo mal?

Padre Hayen: tres reflexiones se desprenden de tu mensaje. La primera es la referente al aborto. Sentiste mucho coraje por lo que hizo tu amiga, y tienes toda la razón. Un aborto no es ir con el médico a quitarse un quiste o a sacarse una muela. Es asesinar a un ser humano, que es el propio hijo.

Aunque la madre afirme que se trata de una decisión muy personal, y que nadie tiene por qué meterse en el asunto, a ti te lastimó porque el aborto no sólo elimina a un hijo, sino a un hermano nuestro.

Cada niño que viene en camino es miembro de nuestra raza humana, un regalo para todos, y no sólo para su madre. Alguien que aborta no sólo mata a su hijo, sino que hiere a una comunidad. Tienes razón en estar muy indignada.

Lo segundo que hemos de reflexionar es sobre la herida que, al abortar, se hizo tu amiga. El aborto no sólo mata a un inocente, sino también a la madre. La mujer que aborta se hace una herida de muerte en su conciencia. Puede ser que utilice la negación del hecho como mecanismo de defensa, pero tarde o temprano brotará la pus de su herida y se manifestará en fuertes sentimientos de culpa, en depresiones, en un vacío interior muy profundo y, puede ser que hasta en tendencias suicidas. El dolor brota por haber herido de muerte su naturaleza materna, su capacidad de dar y custodiar la vida.

Por gracia de Dios existe la curación para la mujer que abortó, sobre todo acercándose a la infinita misericordia de Dios, que nos lava las heridas dándonos el perdón de los pecados. Acercarse a un sacerdote lleno de comprensión y compasión será de gran ayuda.

Por último, considerando que lo que hizo tu amiga fue horroroso, para su bebé y para ella misma, la caridad cristiana nos invita a hacernos cercanos a quienes han cometido graves pecados como este. Te sugiero que tengas compasión de tu amiga. Mira la manera en que Jesucristo trató a la mujer sorprendida en adulterio. No la condenó, sino que la perdonó y la curó interiormente.

Miremos al Señor que comía con publicanos y pecadores. Así también hemos de llevar la suave caridad de Jesús a quienes han cometido pecados graves como estos.

¿Y quién te dice que el aborto no será para ti una tentación, algún día? Dios guarde la hora, pero nunca digamos ‘de esta agua no beberé’. Somos tan frágiles que no hay pecado que no podamos cometer, si nos falta la gracia de Dios. Quizá tu amiga no será tu mejor amiga en este momento, y lo que sucedió es una prueba para verificar si tu amistad hacia ella es auténtica. Te recomiendo hacer el esfuerzo de no alejarte de ella. Le harás un gran bien escuchándola e invitándola, cuando juzgues oportuno, a acercarse al sacramento de la Confesión. Acuérdate de que “El bálsamo y el perfume alegran el corazón; los consejos del amigo alegran el alma”. (Prov 27, 9) Que Dios te llene de su bendición.

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