Pregunta: Padre, asistí a un retiro porque mi esposo y yo seremos padrinos de una sobrina en su primera Comunión. Pensé que sería algo pesado, pero desde que llegué me atraparon los temas y las personas que lo impartieron por la manera tan amena en que predicaban. En el momento de la imposición de las manos para recibir al Espíritu Santo yo estaba muy emocionada. Nos sentaron a todos un poco separados. Llegaron dos personas e hicieron oración por mí, después llegó un señor y, cuando me impuso las manos, sentí que mi cuerpo se iba hacia atrás, como si me estuvieran empujando y yo hacía fuerza para no caer. También sentí mucho aire en la cara. ¿Es normal sentir eso, padre? Me siento contenta, pero a la vez tengo dudas sobre lo que me pasó. Siento mucho a Dios y a María en mi vida, y quiero pensar que lo que sentí viene de Dios. Saludos, padre.

Padre Hayen: La experiencia que viviste durante ese retiro fue, probablemente, lo que se conoce como ‘descanso en el Espíritu’. Cuando esa experiencia tiene su origen en Dios, quien participa en un retiro de evangelización, suele estar muy receptivo a la predicación. Dios va tocando su corazón a través de la palabra de los predicadores, y la persona se va abriendo a la gracia divina hacia una conversión. Esto es lo que se llama, en teología espiritual, una ‘gracia actual’. Las gracias actuales son los llamados que Dios nos hace a través de homilías, predicaciones, libros que leemos, consejos que recibimos y eventos que ocurren, todo para que entremos en comunión con Él, y así nos prepara para recibir la gracia santificante. Recibimos la gracia santificante cuando recibimos el perdón de los pecados y Dios viene a habitar en el alma.

El ‘descanso en el Espíritu’ es una gracia actual, un toque de Dios al alma para prepararla para recibir la gracia santificante. Se trata de una gracia sensible que pertenece al carisma de sanación. Dios concede una sanación interior en la persona, liberándola de algún bloqueo, trauma o resistencia a Dios. La persona experimenta la paz y el amor de Dios, de tal modo que repercute en el cuerpo.

El cuerpo cae dulcemente hacia adelante o hacia atrás, como si alguien lo depositara en el suelo, y se permanece en un estado de paz y de quietud que puede durar algunos minutos. Se trata de un signo externo de que la persona se rinde al señorío de Jesucristo en su vida.

El descanso en el Espíritu es una experiencia bíblica. En el evangelio de san Marcos, aparece un niño que, después de haber sido liberado por Jesús de un influjo diabólico, quedó como muerto (Mc 9,26) hasta que Jesús lo levantó. Y más tarde la experiencia de san Pablo en su camino a Damasco, cuando se encuentra con Jesús resucitado, Pablo cayó por tierra (Hch 22,7). Posiblemente se trató de una experiencia de descanso en el Espíritu Santo.

El Maligno puede meter su cola cuando la persona queda con una gran turbación.

Atención, no todas las experiencias de ‘descanso en el Espíritu’ vienen de Dios. El Maligno puede meter su cola cuando la persona queda con una gran turbación, con tristezas y ausencia de paz interior. O bien cuando la persona finge el ‘descanso’ para llamar la atención y distraer a los demás de la oración. Por eso te dije, al principio, que ‘probablemente’ tuviste un descanso en el Espíritu. Discierne ante Dios si te dejó paz, alegría y si hubo una sanación física o interior; o bien revisa si, por el contrario, te dejó confundida, con cierta depresión, desánimo, angustia u oscuridad espiritual.

También debo insistirte en que no debemos hacer del ‘descanso en el Espíritu’ lo más importante de un retiro de evangelización. Hay quienes creen que un retiro sólo es provechoso cuando se cae en descanso en el momento de la oración al Espíritu Santo. Eso es falso. Tampoco debemos pedirlo a Dios ni desearlo. Seamos humildes y dejemos que el Señor actúe como quiera.

Si se invoca al Espíritu Santo y se tiene el alma abierta para recibirlo, el Espíritu viene a la persona, con o sin experiencia del descanso.

Los frutos del retiro -y del Espíritu Santo- se verán en la conversión de la propia vida y en la perseverancia en el camino de la fe. Para ver cuáles son estos frutos, puedes consultar Gálatas 5,22-23. Te mando una bendición.

Ver en el Blog del Padre Hayen