La pregunta: padre, gracias por sus reflexiones en el Evangelio. Le soy honesto, me cuesta trabajo orar, puedo leer artículos con mucho interés, puedo escuchar podcasts y homilías católicas, pero orar me es difícil, sin embargo lo hago y lo disfruto, pero me es difícil porque siempre encuentro algo más. Ayer escuché una homilía del Padre Mike Schmitz que es capellán de la universidad de Dulluth en Minnesota y casi siempre se enfoca en puntos para jóvenes. A mi esposa y a mí nos agrada porque es “buena onda” y “moderno”. El padre Mike dijo que una vez escuchó, ¿qué pasaría si Dios sólo supiera de ti lo que le platicas durante la oración? ¡Ay caray!, esa pregunta me llegó cómo “headshot” en videojuego. Pensé en compartirlo con usted. Que esté bien, y siga haciendo ese trabajo tan grandioso de evangelización por las redes sociales, que debe ser ingrato, porque a veces ni un like le damos pero en realidad hace diferencia. Benjamín.

Padre Hayen: gracias por escribir, Benjamín. Efectivamente, no es fácil orar. De niños aprendimos oraciones vocales como el Padrenuestro y el Avemaría, el Ángel de mi guarda o el Dulce Madre. Son oraciones que sabemos de memoria y son muy buenas porque nos ayudan a invocar la presencia de Dios. Jesucristo mismo enseñó este tipo de oración a sus Apóstoles cuando les enseñó el Padrenuestro. Lo más importante de la oración vocal es decir estas plegarias conscientes de la presencia de Dios en nosotros. Sin embargo nuestro corazón no se satisface sólo con oraciones vocales, sino que quiere aprender otras formas de entablar un diálogo con Dios.

Personalmente me encanta saber que no sólo yo tengo necesidad de hablar con Dios sobre mis asuntos, sino que Él también quiere hablar conmigo. Dios tiene cosas qué comunicarme para mostrarme su voluntad y decirme por dónde tengo que caminar y qué decisiones debo tomar. El padre Mike, a quien mencionas, lanzó esa pregunta de “qué pasaría si Dios sólo supiera de ti lo que le platicas durante la oración” para estimular a sus feligreses a practicar la meditación. Esta forma de orar es como una búsqueda para que la Palabra de Dios ilumine la propia vida.

Lo que te recomiendo, querido Benjamín, es que dediques una parte de tu tiempo para hacer una pequeña meditación, diariamente. En ella dejarás que Dios te hable por su Palabra y podrás confrontar tu propia vida. Toma la Sagrada Escritura y elige un texto. Puedes escoger uno de los grandes pasajes de la Historia Sagrada en el Antiguo Testamento, pero te recomiendo elegir algún pasaje de los Evangelios, que son la parte más importante de la Biblia porque ahí está la vida de Jesús, Dios hecho hombre que nos habla de manera directa.

Trata de permanecer en silencio unos minutos e invoca al Espíritu Santo para que estés atento a lo que Dios quiere decirte por su Palabra. Luego lee despacio el pasaje y vuélvelo a leer, fijándote en los personajes, sus gestos y actitudes. Recrea la escena del texto con tu imaginación, como si estuvieras viendo una película. En un segundo momento, introdúcete tú mismo en el pasaje como si fueras uno de los personajes. Por ejemplo, si lees la curación de Jesús al ciego Bartimeo (Mc 10,46-52), colócate en el lugar del ciego y confronta tu propia vida. ¿Qué limosna pides? Así como Bartimeo pide compasión a Jesús, ¿por qué pides tú que se compadezca de ti? ¿Quién te dice que te calles y no grites a Dios? Mírate dejando tu manto y saltando hasta donde está el Señor, y pídele que veas, que cure tu ceguera.

En un tercer momento de la meditación, platica a Jesús, ora al Señor. Puede ser que vengan a ti inspiraciones de adoración, de arrepentimiento o de pedir perdón, o bien puede el Espíritu Santo llevarte a la acción de gracias y a las peticiones por asuntos concretos de tu vida. Cuéntale tus cosas al Maestro. Trata de terminar con algún propósito delante de Dios para que tu vida sea mejor. Termina dando gracias por haber estado en la presencia del Rey eterno y cierra con un Padrenuestro, Avemaría y Gloria al Padre.

Por último te recomiendo, Benjamín, que si quieres comprar una Biblia que te ayude para estos ejercicios de meditación, adquieras “La Biblia de nuestro pueblo”, con texto de Luis Alonso Schökel y Lectio Divina. Es fantástica para alguien que quiere orar y meditar la Palabra de Dios. En cada pasaje de la Historia Sagrada trae un ejercicio de meditación con cuatro puntos: lectura, reflexión, oración y acción.

Lo importante es que perseveres en este camino de la oración. Empieza por un tiempo pequeño, quizá 10 minutos diarios, y verás que, poco a poco, Dios te irá haciendo gustar su paz, su amor y su alegría. Él siempre te escuchará, aún cuando sientas que tu oración es torpe o que tienes muchas distracciones, pues Él dijo: “Sabía que siempre me oyes” (Jn 11,42). Que sigas progresando en tu camino hacia Dios.

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