Pregunta: Padre, recuerdo que cuando fui niña tuve una infancia hermosa. Jugábamos juegos al aire libre, en casa leíamos libros de cuentos, hacíamos travesuras normales, convivíamos con otros vecinos y todo aquello era muy sano. Hoy veo a mis hijos adolescentes que no se ensucian la ropa arriba de los árboles ni la manchan con lodo porque casi no salen a jugar en la calle ni en el parque. Se la pasan metidos en el internet durante horas, y tengo miedo de que se vuelvan seres inadaptados en el mundo real o que, de plano, se vuelvan estúpidos. ¿Tiene alguna opinión sobre esto?

Padre Hayen: se ha hablado mucho acerca de los efectos que internet puede tener en quienes somos usuarios de la red. Hay algunos investigadores que dicen que internet nos está volviendo a programar el cerebro. Ellos afirman que los jóvenes se concentran menos para leer libros o textos muy largos, y que no podemos procesar la información con la profundidad de tiempos atrás. Según ellos, vivimos en la era del pensamiento superficial y anecdótico, lejos del pensamiento profundo. Y así el cerebro se vuelve disperso. Además, abrimos y cerramos ventanas en las páginas web, bloqueamos amigos en Facebook y así, con esa facilidad y rapidez, abrimos y cerramos relaciones interpersonales en el mundo real.

Investigando sobre este tema, para mi sorpresa, siglos antes de Cristo, la sociedad griega se preocupaba porque la gente estaba comenzando a escribir. En ese tiempo las cosas se aprendían de memoria, y afirmaban que enseñar a la gente a leer y escribir las volvería tontas y perezosas. No sucedió así. También cuando se inventó la máquina de escribir, se creía que algo ocurriría en el cerebro, al dejar de utilizar las silenciosas plumas y tinteros para escribir con esos ruidosos aparatos con teclas.

Según últimas investigaciones, utilizar el internet no incide sobre la estructura y funcionamiento de la mente. La web parece que no afecta el cerebro, a menos de que ocurra un abuso o un mal uso de ésta. El hombre ha tenido que adaptarse a lo que el ingenio humano va creando. Hoy no tiene sentido que trate de sacar una raíz cuadrada quebrándome el cerebro cuando tengo una calculadora que lo puede hacer. Las nuevas tecnología permiten reducir muchísimo los tiempos y costos en adquirir información, y nos permite ser más eficientes. Además nos ayudan a interactuar más unos con otros.

Se dice que el hombre tiene una capacidad limitada para manejar información. Así que, por más que tengamos acceso a revistas y publicaciones, no podemos asimilar tanta información. Debemos tratar de especializarnos en un campo de nuestro interés. De los demás campos del saber convendría que supiéramos algo, pero sólo como periodistas, es decir, por encima y sin tanta profundidad.

Lo que creo que internet está afectando más es nuestra voluntad. ¡Ah cómo nos cuesta dominarnos para no curiosear en internet! Despertamos en la mañana y, a cambio de elevar el pensamiento hacia Dios, vamos a echar un ojo a las nuevas notificaciones que tenemos en nuestras redes sociales. Los padres conviven menos con sus hijos porque éstos se la pasan chateando. Y si un padre castiga a su hijo quitándole el celular o el internet, ese padre debe estar preparado para enfrentar verdaderas batallas que podrían costarle un golpe de estado en casa, o al menos una buena dosis de sudor y lágrimas.

Hay algo en las redes por lo que, en verdad, debemos de dar gracias a Dios. Por las redes podemos hoy tener acceso a personas, instituciones en un gran intercambio de ideas. Antes de las redes, los gobiernos nos transmitían la información que querían, y una visión de la realidad muy reducida según sus intereses políticos. Eso ya terminó, para gloria de Dios. Gracias a internet hoy soy un fiel radioescucha de Sputnik, una estación de radio de Moscú en español que me ofrece una visión de noticias de prensa muy distinta a CNN, la BBC de Londres o Televisa.

De verdad no creo, señora, que sus hijos se estén volviendo más estúpidos por utilizar las redes. De hecho saben tan bien hacerlo, que nosotros podríamos ser catalogados como estúpidos por ellos, debido a nuestra torpeza para navegar por el ciberespacio. Lo que sí le aconsejo es que los discipline para convivir más en el mundo real que el virtual. Nuestras generaciones tenemos cosas muy valiosas, como la buena convivencia, que muchos adolescentes hoy no tienen. Anímelos a tener juegos al aire libre. Ponerles horarios de navegación puede ser una idea que funcione bien. Eso sí, que a la hora de comer juntos, todos coloquen sus celulares en un lugar para no textear, chatear, contestar ni navegar. Dios la siga bendiciendo.

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