La pregunta: Hola padre, trataré de ser breve. En mi trabajo estoy rodeada de ateos y, peor aún, anticlericales y pro-gays. Todos ellos nacieron en familias católicas, pero por diversas razones se alejaron de la Iglesia. Sus comentarios a veces me irritan, me enojo muchísimo, me enciendo con facilidad y temo que, si les contesto, voy a explotar. Antes solía pedir por ellos, pero ahora tengo dudas sobre si debo seguir orando por ellos. ¿Debería ignorarlos? Gracias.

Padre Hayen: en el mundo actual, cada vez más globalizado, convivimos personas de todas las religiones, y también lo hacemos con personas que no tienen religión ni creen en Dios. En Occidente el número de ateos ha crecido, sin duda. Pero esto no debe asustarnos ni desanimarnos. Al contrario, hemos de dar gracias a Dios por ser no solamente creyentes, sino practicantes. Ello tiene muchas ventajas: se ha demostrado que las personas que viven su fe, son más felices que los no creyentes. Esto por la simple razón de que la vida sólo tiene sentido cuando se tiene la eternidad como trasfondo. Quien no tiene una visión religiosa y trascendente de la existencia, se queda atrapado en el fluir del tiempo, en el sinsentido del sufrimiento y en el absurdo de que con la muerte termine todo.

Los creyentes practicantes tienen, además, matrimonios y familias más sólidas y tienden menos a divorciarse. También se ha demostrado que los padres que asisten regularmente a su iglesia mantienen relaciones más positivas con sus hijos. La religión también tiene un efecto muy benéfico para no consumir drogas y alcohol, y evitar la violencia doméstica. Los cristianos militantes tienen menos probabilidades de caer en depresión y conservan mejor su salud sexual y física. Se ha comprobado que los jóvenes que practican su fe son proclives a esperar a tener relaciones sexuales hasta el matrimonio, lo que les previene de enfermedades de transmisión sexual y de embarazos no deseados.

Otros estudios indican que quienes practican su fe desarrollan mejores habilidades para relacionarse con los demás, así como para servir al prójimo. Realmente, querida hija, da gracias a Dios por ser creyente y practicante.

Pero dejemos claro que los católicos no nos acercamos a la fe para obtener todas estas ventajas, sino que ellas son las consecuencias personales y sociales de nuestro acercamiento a Dios. No nos acercamos a Dios para obtener estos beneficios humanos, como si fuésemos personas que sólo quieren sacar ventajas personales, sino que nos acercamos porque Dios merece que lo busquemos para adorarlo, escucharlo, obedecerlo y seguirlo. Basta la presencia de Dios en la vida de una persona para darle sentido a su vida y llenarla de alegría.

Trata de ser muy respetuosa de las creencias de los demás, aunque éstas nieguen la existencia de Dios, o aunque difieran de la fe católica. Acercarse al Señor no es fácil cuando se quiere vivir una vida de inmoralidad o haciendo lo que a uno le viene en gana. Muchas veces quienes niegan a Dios o atacan a la Iglesia Católica es porque no quieren renunciar a las malas pasiones y desórdenes de su vida.

No te envuelvas en discusiones estériles con quienes atacan a la Iglesia. Eso sólo te cansará. Exígeles respeto, eso sí, sobre todo si se ataca a la persona de Jesucristo. Recuérdales que la Iglesia es tu familia, algo sagrado para ti, y que así como tú no te metes con las familias de ellos, ellos no deben meterse con la tuya. Son reglas básicas de convivencia para poder vivir en paz. No dejes de orar por ellos, puesto que el cristiano está llamado a orar por quienes lo persiguen y calumnian, como dice el Señor en el Evangelio. Que Dios te ilumine y la Virgen Santa te haga sentir su amorosa presencia.

(Las confesiones con absolución se dan en las parroquias; aquí sólo consejos y sin revelar nombres. Puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a mi cuenta de Facebook/Messenger : Eduardo Hayen Cuarón; o en Twitter: @padrehayen)

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