La pregunta: Buen día padre, desde Argentina, feliz Pascua. Hace unos meses estoy aquejado por una enfermedad respiratoria. Todos me alientan, hasta mi médico, pero uno sabe mejor que nadie cómo se derrumba todo por dentro. Nunca antes tuve la percepción del final como ahora. La depresión, el dolor, la angustia y el enojo me ha superado y ha arrastrado a mi familia. Luché mucho por conseguir un empleo digno, y en febrero pasado recibí como regalo de Dios un puesto en una organización prestigiosa de mi ciudad, con un sueldo digno que sacaría de pobres a mis hijas y… pum, el golpe: mis vías respiratorias empezaron a deteriorarse, quizá sin retorno. No disfruto de mis hijas ni de mi trabajo tan ansiado. Se ha desatado mi miedo a la muerte, a la oscuridad, al olvido y al purgatorio. Lo que más temo es dejar a estas hermosas niñas sin sustento y empujadas a la pobreza. Soy sustento también de mis padres. Si me voy los dejaré a ellos, a mis hijas y a mi mujer en la situación más penosa y difícil. Le pido una oración, padre, para durar un poco más en buenas condiciones y encaminar a mis hijas en la vida cristiana. Dios lo bendiga, padre.

Padre Hayen: es un momento de cruz, sin duda, el que estás viviendo. La enfermedad, aunada a la situación económica de tu familia y la incertidumbre ante el futuro, te provocan este desconsuelo y te han hecho perder la paz interior. Sin embargo te invito a que mires tus problemas de manera diferente y que, más allá de la cruz, vislumbres a Cristo resucitado.

Tú y yo somos cristianos, y los discípulos de Jesús hemos de mantener una visión optimista y esperanzadora de la vida, por más que soplen vientos huracanados. Somos miembros de Jesucristo, quien triunfó sobre la muerte, y nuestra fe en él nos asegura el triunfo del bien sobre el mal. Por tu bautismo perteneces al Señor, Él es tu Padre, Jesús es tu adalid y quien vence en ti. Has de vivir con esta certeza, renovándola todos los días en la oración. A quien espera, su bien le llega. De otra manera los problemas pueden penetrar en tu estado de ánimo causándote desaliento y, de esa manera, le das poder sobre ti al espíritu del mal.

Es el Maligno quien se empeña en apagar la luz de la esperanza en tu corazón, y también en apagar la luz en tu hogar. Así que cuando te asalte el pesimismo y el desánimo, pregúntate ¿qué espíritu es el que me está invadiendo en este momento? Si es de miedo, de angustia o de depresión, te aseguro que no viene de Dios sino del enemigo. Haz, en ese momento, una oración de abandono en Dios como la de Carlos de Foucauld. Implora a la Virgen María y verás que pronto tu estado de ánimo empieza a serenarse. Repítete algunas veces: tristeza y melancolía, fuera de la casa mía. Y repítete muchas veces: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.

Desde hoy cuenta tus bendiciones. Al mal tiempo, buena cara. Estás vivo, tienes mujer, tienes hijas hermosas, tienes padres, tienes médico que te atiende. Todos ellos se preocupan por ti. Te animan a seguir adelante porque ven esperanza en tu recuperación. Tienes el empleo que tanto quisiste. Tienes, además, fe en Dios. ¡Cuántas maravillas sigue obrando Jesús en ti! Te aconsejo que busques a un sacerdote que te administre el sacramento de la Unción de los enfermos, junto con una buena confesión de tus pecados. Te recuerdo que la Unción no es para moribundos, sino para quienes tienen una enfermedad más o menos seria. Como sacerdote he podido ver a muchos enfermos que, después de recibir el sacramento, obtienen una gran paz interior y muchos de ellos recuperan su salud.

Finalmente te aconsejo que tengas en tu casa, alguna imagen de Cristo crucificado. Mírala con frecuencia y piensa: si Él sufrió tanto por mí para perdonar mis pecados y para que yo pudiera entrar en el Cielo, ¿por qué yo no he de sufrir un poco por Él? Éste dolor por el que estás pasando, y otros que vendrán -como nos sucede a todos- unidos a la Cruz del Señor, serán muy provechosos para tu personalidad, ayudarán a salvar a otras personas en el mundo y servirán para que otros pecadores se conviertan. La ignorancia de estas verdades que Dios nos ha revelado hace que el dolor de muchos sea inútil. Que no sea así contigo. Recibe una bendición, mi afecto y mi oración por ti.

(Las confesiones con absolución se dan en las parroquias; aquí sólo consejos y sin revelar nombres. Puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a mi cuenta de Facebook o en Twitter: @padrehayen)

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