La pregunta: Mi esposo hace muchos años, antes de conocernos, no tenía a Nuestro Señor en su corazón; era “católico social”. En una ocasión, acompañando a alguien, fueron a buscar quién les leyera la mano. Él dijo que era escéptico a esas cosas, pero se le ocurrió preguntar a la adivinadora cuál sería la fecha de su muerte. En aquel momento no le dio importancia. Después nos conocimos, nos casamos y hemos formado una bonita familia. Puedo decir que somos felices. Sin embargo desde hace cuatro años él sufre de ansiedad y tiene un gran temor de morir. Somos una pareja que nos comunicamos, y hace unos meses le pregunté directamente por aquella vez en que le dijeron cuándo se iba a morir. Me contestó que cuando tuviera la edad que tiene ahora. Por eso tiene miedo, piensa que en cualquier momento puede morir y dejarme sola. ¿Cómo puedo ayudarlo a ser feliz?

Padre Hayen: primero, ayúdalo a reconocer su error. Uno de los errores más graves que podemos cometer -espiritual y psicológicamente- es consultar adivinos pretendiendo conocer los secretos de Dios. Se trata de una falta espiritual, un pecado grave de desconfianza en los designios de la Providencia del Señor. Es una violación al primero de los mandamientos: “Amarás al Señor, tu Dios, y a Él sólo servirás”. Estoy seguro de que su pecado se debe, más que a maldad, a ignorancia. Cuando somos ‘católicos sociales’ fácilmente hincamos la rodilla ante cualquier promesa de consuelo y solución barata a nuestros problemas. Ayudarás mucho a tu marido si lo encaminas hacia un confesionario para que Dios, por medio del sacerdote, además de absolverlo, dé paz y tranquilidad a su alma.

Segundo, hay que convencernos, una vez más, que todos esos médiums y adivinos son una caterva de charlatanes, merolicos y estafadores que quitan el dinero a los incautos y siembran dudas y confusiones en los corazones. ¿Cómo alguien puede creer que el futuro de una persona pueda estar escrito en la palma de la mano, o que nuestro destino está ligado a la posición de las estrellas? Es absurdo.

No podemos dar nuestra confianza ni al universo, ni a los astros, ni al café, a los cigarros, a las energías, a las barajas y a toda la lista de cosas materiales con que el hombre quiere conocer su futuro. Todo esto son meras criaturas, entidades, cuerpos, objetos, artefactos y, por lo tanto, todo eso es efímero y caduco. Nuestra confianza está puesta en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Solamente Dios conoce el día y la hora en que habremos de ser llamados a su presencia, y nadie más. Los agoreros lenguaraces son utilizados por el diablo para sembrar cizaña en las personas incautas y llenarles el cerebro de miedos y sobresaltos.

Tercero, a tu marido debes encaminarlo para que aprenda a entregarse en las benditas manos de la Providencia de Dios. Invítalo, si puedes, a algún retiro de evangelización para que ahí deje de ser, con la gracia del Señor, un católico social y se convierta en un católico practicante que viva como hijo de Dios y de la Iglesia, con una inmensa confianza en Él. Entonces se dará cuenta de que Satanás lo tenía ahogándose en un vaso de agua, y de que su vida, en realidad, está en las manos del Padre, quien le ha predestinado un lugar especial en su Casa. Saludos y bendiciones para ti y tu marido. 

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