La caída del Imperio Romano

La caída del Imperio Romano no se debió ni a los cristianos, ni a la desenfrenada inmoralidad de sus últimos  tiempos. El gran error de los romanos fue subir los impuestos. Las consecuencias fueron fatales. Fueron los soldados quienes empezaron a ser recaudadores, y se vino a tierra uno de los soportes de un gobierno de ciudadanos. Mientras tanto los altos impuestos rebajaron el índice de la natalidad, ya de por sí bajo debido a las pobres condiciones de vida y a la escasez de tierras para heredar a los hijos. De esa manera el pueblo dejó de renovarse. En realidad Roma cayó por la falta de natalidad. Y mientras la Iglesia Católica exhorta a sus fieles a ser generosos en la procreación de los hijos, nuestra cultura occidental parece no aprender las lecciones de la historia.

La piedad romana


Durante la historia los pueblos católicos fueron herederos de la antigua piedad romana. Roma tuvo siempre recelo de la tiranía como de la democracia descontrolada, y se defendió de ambas cosas por la paternal virtud de la piedad. Esta virtud es la que ennoblece al hombre y lo vincula estrechamente con los antepasados, con la Ciudad y con los dioses. Piadoso era el hombre que respetaba su pasado como seña de identidad y que intentaba ser leal a esos principios y a esas personas. Era el hombre ‘arraigado’ que tenía raíces y se nutría de ellas. La Piedad cristiana tiene algunos puntos en común con esta noble idea, pero tiene algunos rasgos que la diferencian. Por lo pronto está dirigida a todos los hombres, que se sitúan en un plano de radical igualdad. El horizonte de la Ciudad, de la familia, de los lazos familiares se ensancha con el cristianismo a toda la humanidad.