Canalizar el malestar….

también podríamos decir: ‘instrumentalizar las pasiones’ y para ello, crear modelos paralelos, – no para lelos -, de comunicación con la intención de inducir una nueva identidad popular. Lo filosofía moderna se ha ocupado mucho de lenguaje y de la palabra en el fenómeno de la comunicación, (Heidegger: Das Worter der Sprach), y lo que queda claro es que hay que establecer una distancia entre el “ego” y los actos comunicativos y ver la importancia del lenguaje del que abusamos a más no poder. Y la política, sobre todo en campaña, es el ámbito privilegiado del abuso del lenguaje. Montañas de palabras que ocultan la verdad. Podríamos desmontar cualquier discurso electoral exigiendo a los implicados que nos digan, simplemente con claridad: ¿cómo le van a hacer? Bueno, prometer no empobrece …..

Por ejemplo, un candidato a la presidencia de una república tiene tres propuestas para ‘quitar el pueblo a los criminales’: a) “sustituir tierras, no solo cultivos”. El candidato considera que esta política de cambiar hoja de coca o amapola por otras materias primas ha sido un fracaso. “Si se reparte la tierra (¡!) a los campesinos volverán a las regiones más fértiles a trabajar”.

  1. b) Transformar la economía popular, la que aporta mayor número de puestos de trabajo en el país. Es un capitalismo popular, lo que denominamos empleo informal. Este sector se financia con créditos de usura que se cobran con revólver. Así lavan las mafias activos sucios. Apuesta por una banca pública que otorgue préstamos a esta economía. (Bueno; ha de ser una banca muy popular porque, mire usted, las ganancias de la banca de México, en el 17 fueron 137mmp y 2.2 millones de quejas. Un buen presidente populista, no importa si llora o no, tiene que nacionalizarla. ¿No cree Ud? ¿No es una buena propuesta? Los millennials, que van a decidir la elección, no saben qué es eso).
  2. c) Por último, ofrecer alternativas laborales y educativas a los jóvenes consumidores, es decir, evitar que se conviertan en objetivos de reclutamiento en los barrios miserables de las grandes ciudades. “Estas medidas no eliminan la exportación de las drogas, pero le van quitando poder a la mafia para así ganarles militarmente o, por lo menos, neutralizarlos”.

No se inquiete, paciente lector, esto lo propone el candidato de izquierda en Colombia, Gustavo Petro, exguerrillero del M-19 quien, no obstante, asegura que su modelo de progresismo no guarda relación con el que practicaron Chávez en Venezuela, los Castro en Cuba y el sandinismo en Nicaragua. “Aquello era el progresismo fósil basado en la exportación de carbón, gas y petróleo”. Posible presidente de Colombia este mes.

Un estupendo artículo de Ibsen Martínez, periodista venezolano que ahora come el pan del destierro, dice así: “A mí también me repugnaban en un tiempo las comparaciones por aquello de que suelen más bien oscurecer que iluminar. Pero me he convencido de que los populismos de última generación latinoamericana, con ser proteicos y polimorfos, terminan, extraña e insidiosamente, por ser idénticos en su perversidad. Esto se hará más y más patente cuanto más cerca se esté de las elecciones mexicanas y colombianas.

Me basta escuchar a AMLO decir lo que piensa hacer con Pemex o con el avión presidencial para que me ataque el déjà vu. Chávez decía, en plan candidato, que para qué tanto avión. Ya en plan presidente electo, …. sacó a la venta la flotilla de Pdvsa y remató el presidencial. Al rato, urgido por su misión de revolucionario trotamundos, encargó un avionazo para ir a sus cumbres con Putin, Lukashenko, Gadafi, Teodoro Obiang, Lula, Evo Morales y Ahmadinejad. No te cuento las coimas que corrieron cuando hubo que dotar de nuevos aviones a la petrolera estatal”.

AMLO ha sido reiterativo en sus ataques, al “Estado neoliberal” de las últimas décadas y quiere acabar con él y volver al “Estado rector” de 1982: un Estado que gobernaba la política, la sociedad, la economía y que ahora, en la propuesta de AMLO, intentará también gobernar la moral, mediante la redacción, por un grupo de sabios y ministros religiosos, de una “Constitución moral”.

El corazón de aquel “Estado rector” que lo gobernaba todo era un “presidente rector” que gobernaba todos los estamentos. Esos fueron los presidentes y el Estado que terminaron en 1982, en medio de una crisis mayúscula de legitimidad política y de finanzas públicas, con un déficit fiscal de 16 puntos del PIB, justamente en el año 1982, ha escrito Aguilar Camín. Mientras los toros en los corrales andan inquietos, bravos, impredecible, con giros muy rápidos, más que los de Santa Coloma. Y con la mejor sonrisa.

Mientras, tanto AMLO crece y crece y la única esperanza para los que no quieren que gane es que hable y hable mucho, y que demuestre su verdadera cara. Pero es mucho peje; en el debate, perdiendo ganó, pues su imagen fue la de alguien que anda perdido y no se siente muy seguro en la soledad del foro y teniendo que confrontar propuestas. Pero no dio flanco. Y lo que parecía iba a ser la silla eléctrica, en tercer grado de ebullición, con los mastines de la otrora odiada televisa, resultó ser casi la silla presidencial. Riva Palacio, que denunció al hijo mayor de AMLO como el dueño de Morena, y desató una tormenta en el lago, se vio mansito, mansito. Ese no es su ámbito vital.

Los tiempos cambian; los regímenes cambian; hay nuevos trajes, como los que lucen la reina Isabel y May después de Brexit. También hay cambios que parecen, pero no lo son. Cambia el presidente en Cuba con un triste augurio: seré fiel a Fidel. Luego, no hay cambio. Puede avenir una época de cambio o hemos iniciado ya un cambio de época. La ley del caos puede hacer inevitable un cambio de régimen.

Cambian las formas de hacer campaña. Hilary se ha la-mentado no haberse percatado de ello: “cómo no me di cuenta de que no estaba haciendo una campaña tradicional, sino que se trataba de un reallity show contra la política ya superada”. En esto el enemigo era y es un maestro.

El último informe de las agencias de seguridad norteamericanas nos dice que “Putin ordenó una campaña en 2016 contra las elecciones presidenciales de EE.UU. el objetivo era socavar la fe pública en el proceso democrático, denigrar a la secretaria Clinton y dañar su elegibilidad y potencial presidencia. Putin y el gobierno ruso desarrollaron una clara preferencia por Trump”. Eso, y la tormenta que le ha levantado la tormentosa Stormy, serían suficientes para acabar con cualquiera en otras circunstancias. Con el rancho ardiendo, qué mejor que atizar la guerra en Medio Oriente, suben precios, el pueblo se asusta y todo arreglado. Y subimos el muro. Airoso, el setentón campea, dueño de honras y haciendas. O sea, hay una nueva forma de diseñar una campaña electoral que, sobre todo el rebaño electoral, debía tenerlo en cuenta.

En realidad, la materia y el diseño de los debates y campañas en todos lados, lo detrminan el cansancio de la gente; tal es la mejor campaña y hoy todo parece indicar que hay mucha gente cansada del sistema, de la corrupción y de la ineficacia, de la pobreza a tal grado que el discurso de la racionalidad ya no tiene cabida; sencillamente, a cualquier partido y a su adalid, se le puede decir: ‘y por qué no lo hiciste antes’. Esta campaña no es racional sino emocional.

La situación tiene límites y los límites las necesidades instisfechas. El hambre, las medicinas imposibles, la inseguridad, la impunidad, la simulación, “las tripas y el corazón”, no la racionalización, determinarán las elecciones. Churchill dijo en cierta ocasión: “para venceré a Hitler, si es necesario hago alianza con el diablo”. En Latinoamérica a la gente le importan un bledo las siglas y las autodenominaciones, quiere lo mínimo para cubrir lo básico para vivir. Un hombre con tres días sin comer es un asesino en potencia. (V. Hugo).

Me ha hecho reír Zepeda Paterson cuando escribe: “Ni López Obrador puede contra López Obrador”. Canalizar todo ese enorme desencanto, tal es el secreto. Pero es peligroso, puede salirse de control. Canalizar positivamente el descontento, el malestar, el enojo, es necesario, pero de alto riesgo. Me imagino a mí instalando un cableado de alto voltaje.

 

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