Desde niño me han gustado los espectáculos circenses. Son varios los que he visto y desde que se instauraron leyes que prohíben exhibir animales en esos espectáculos, la gente del circo ha tenido que echar a andar aún más su creatividad para poner en escena shows verdaderamente atractivos. Por esa razón y por querer presenciar un espectáculo que ha levantado tanta polémica, decidí ver el Circo de las pesadillas.

Mi primer susto lo recibí en la taquilla cuando llegué con la idea de pagar 370 pesos por un boleto en la sección llamada ‘desesperación’, tal como lo había anunciado la prensa. Ahí me dijeron que el boleto costaba 407 pesos. A regañadientes pagué y me dispuse a hacer fila para entrar en la carpa. El público era mayoritariamente de adultos jóvenes y había contados niños.

La atmósfera dentro de la carpa nos introdujo en un escenario de reino de las tinieblas. Ruidos estridentes y música tenebrosa, acompañada de juegos de luces moradas, rojas y blancas que encendían y apagaban, creaban un ambiente tétrico. En tanto, entre las butacas aparecían personajes de ultratumba que desfilaban entre los espectadores, tratando de asustarles.

Inició la función con el tema de una niña que tiene pesadillas y para salir de ellas debe cruzar el umbral que la llevará hacia el inframundo. Es en el averno donde se desarrolla la historia, en la que aparecen con frecuencia una hechicera y un payaso siniestro que representa al demonio. La trama se alterna con diversos actos circenses de acrobacia que ejecutan diversos personajes como la muñeca que cobra vida, el prisionero y su verdugo, un grupo de zombis, y muchos otros. Las acrobacias son verdaderamente espectaculares y el público queda boquiabierto. La tensión se baja con algunos números cómicos bastante divertidos.

Me pareció que el Circo de las pesadillas tiene un dulce y un envoltorio. El dulce son los actos acrobáticos que, repito, son fantásticos. Es lo que me agradó del Circo de las pesadillas. El envoltorio es la atmósfera del reino del mal en el que se desarrolla el espectáculo. Esto no me agradó. Así como en una película de terror nadie se relaja ni sale sonriendo, así me sucedió con este circo. Mirar el mundo de la oscuridad no es agradable para muchos, especialmente para quienes somos practicantes de nuestra fe católica. Esto es suficiente para pensar bien si se está dispuesto a aguantar dos horas y media que dura la función.

Desaconsejo que vayan los niños, ni siquiera acompañados por adultos. Más de dos horas en un ambiente de terror, fácilmente herirá la sensibilidad de los pequeños y les hará fuertes impresiones. Ellos sufrirán, muy posiblemente, inquietudes y miedos nocturnos. Tampoco aconsejo el Circo de las pesadillas para las personas sensibles al tema del horror.

Para los católicos la Semana Santa es un tiempo especial de gracia y de reflexión. Viviremos estos días el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, nuestro Dios y Señor. No es espiritualmente saludable distraerse con un espectáculo de horror y fijar la mirada en el reino de las tinieblas, cuando nuestros ojos y corazón deben quedar fijos en el Señor. Y menos aún hay que mirar a las tinieblas cuando comience el tiempo de Pascua, tiempo en el que celebraremos la alegría de la Resurrección de Jesús. ¿Para qué voltear a ver a la oscuridad, cuando podemos gozarnos en tanta luz?

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