No es una coincidencia el que el Año de la Misericordia, que ya terminó, haya quedado junto al año en que celebramos el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima. ¿Por qué? ¿Qué contemplamos en uno y en el otro año? Durante el año 2016 el papa Francisco nos hizo saber que estamos “llamados a tener la mirada fija en la misericordia de Dios para poder ser también nosotros mismos un signo eficaz del obrar del Padre”. El Año de la misericordia nos hizo sentir muy cercano el amor misericordioso de Dios, quien, a pesar de que fácilmente nos cansamos de pedir perdón, nunca se cansa de perdonar nuestras miserias. Por más horrífico que sea nuestro pecado, “la misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona”, ha dicho el papa. Personalmente doy gracias a Dios por aquel bendito año jubilar, sobre todo en los momentos en que acudí al Sacramento de la Confesión e hice mi peregrinación a la Catedral.

Las apariciones de Fátima son otra cara de Dios, y nos muestran su justicia divina. La Virgen en ‘Cova da Iria’ dejó claro a los videntes Lucía, Francisco y Jacinta, que el mundo tenía una gran necesidad de hacer penitencia. En una visión les hizo ver el infierno, donde los niños pastores vieron que caían almas como copos de nieve.” “¡Es necesario orar mucho -les dijo- para salvar almas del infierno!… Hagan sacrificios por los pecadores y digan muchas veces, y especialmente cuando hagan un sacrificio: Oh, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María.” Pareciera una contradicción entre que Dios sea infinitamente misericordioso y que, al mismo tiempo, vayan almas al infierno. No existe tal contradicción. Si bien es cierto que Dios jamás se cansará de perdonar a los pecadores más recalcitrantes que se vuelven a Él con humildad, también es verdad que será respetuoso de la libre decisión de aquellos que rechazan su misericordia. ¡Qué ocasión tan bella es la cuaresma para vivir la penitencia y la misericordia!


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