La investidura presidencial había quedado atrás en el palacio de San Lázaro. Ahora Andrés Manuel, el nuevo presidente, sería investido con el bastón de mando labrado en madera que le regalaron los pueblos indígenas. En la ceremonia participaron algunos brujos vestidos de blanco que dirigieron al nuevo mandatario palabras de consagración, tocaron el caracol y le hicieron una limpia.

Circula en redes sociales un video, que se hizo viral, en el que se hace la denuncia de que el presidente López Obrador, al ser partícipe de este ritual, consagró México al demonio. El mandatario se puso de rodillas. Los brujos le entregaron el bastón de mando con listones de colores, símbolo de autoridad, y en la cabeza del bastón se apreciaba la cabeza de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Además uno de los chamanes invocó a los viejos abuelos guardianes que cuidan el rumbo del universo. Se le entregó al presidente un crucifijo. Por todo ello, concluye la persona que realizó el video, el presidente puso a México en manos de Satanás.

Considero como algo totalmente fuera de lugar afirmar que el presidente, al haber participado en este ritual indígena, haya entregado México al diablo. Es una afirmación que no tiene sentido. En primer lugar fue un gesto de cercanía y de consideración hacia los pueblos indígenas el haber recibido el bastón de mando, una especie de banda presidencial entre las etnias. López Obrador no participó en el ritual como un creyente de las religiones indígenas, sino como un presidente invitado que recibió, de ellos, un regalo. Pudo haber acudido a un templo evangélico a recibir una Biblia, o a una misa para recibir la bendición de los obispos católicos. Por supuesto que esto último hubiera sido lo ideal.

¿Violó AMLO el estado laico por haber participado en este ritual? Tampoco lo creo. Como presidente debe gobernar para todos los mexicanos y para todas las religiones. A todas debe escuchar. Me pregunto ¿qué tal si el tabasqueño hubiera ido el 1 de diciembre a la basílica para encomendarse a la Virgen de Guadalupe? Es muy probable que las pedradas le hubieran llovido. Sin embargo haber asistido a una ceremonia con brujos no suscitó la mínima crítica. Sin importar si se trata de una falsa religión o la religión verdadera, un buen presidente sabe reconocer lo que aportan las religiones institucionales al bien común y mantener el diálogo con ellas.

Los católicos consideramos que las ceremonias prehispánicas con copal, celebradas por chamanes que utilizan caracoles e invocan a espíritus guía, para alejar las llamadas “malas vibras”, son ritos sincretistas. Es decir, son acciones de religiosidad que mezclan elementos paganos y cristianos y, por lo tanto, se trata de una fe contaminada con elementos mágicos. Y sí, efectivamente, pueden abrir las puertas para que espíritus malignos –demonios– perturben a las personas que participan en ellas. Sin embargo la acción de estos espíritus malos depende también de las disposiciones interiores que tienen los creyentes de estos rituales. Por ello no considero que López Obrador, en una mera participación externa, pueda quedar perturbado, a menos de que sea un asiduo practicante de la brujería y consulte chamanes para conducir su vida personal.

Lo grave y lo preocupante del presidente Andrés Manuel es que él, junto con su equipo, traigan a México la despenalización del aborto, la eutanasia, la libre experimentación con embriones humanos, la legalización del consumo de drogas, los derechos reproductivos, la agenda LGBT y la ley mordaza contra quienes se opongan a estos desórdenes. Entonces sí los males se multiplicarían porque México habría perdido su rumbo moral, la cultura de la muerte avanzaría implacable destruyendo familias, y el país estaría en manos del príncipe de este mundo.

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