Más que nunca, debemos celebrar el primer aniversario de la visita del papa Francisco a Ciudad Juárez. No sólo por aquello que ‘recordar es volver a vivir’, sino porque nuestro huésped del 17 de febrero de 2016 nos dejó un legado que debe marcar el rumbo de nuestra pastoral para los próximos años. ¿Tarea de la Iglesia solamente? No. La palabra del papa es para todos los que formamos esta sociedad fronteriza: políticos, empresarios, obreros, sindicatos, estudiantes, familias, jóvenes. Son cuatro ámbitos en los que el pontífice nos dejó una tarea para realizar.

Crear la cultura del encuentro, es el primer desafío. Las grandes guerras, dijo Francisco, surgen por la falta de comunicación creados por los pequeños desencuentros. No cansarnos de dialogar, nos recomendó. En Ciudad Juárez se deben de seguir fomentando los espacios de diálogo para que grupos aparentemente antagonistas se unan en la responsabilidad de crear espacios de trabajo digno y útil para todos, especialmente para los jóvenes, a quienes les faltan oportunidades.

El segundo desafío es la reinserción social. Más allá del trabajo que realizan los centros de readaptación social para reinsertar a los presos en la vida social, Francisco fue más a fondo y habló de que la readaptación social comienza con la curación del tejido social. Esto se logra, poco a poco, insertando a todos los niños en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando las instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos. Se trata de una tarea que rebasa el ámbito de la Iglesia e involucra a todos los actores de la sociedad civil.

La misericordia como lubricante de las relaciones sociales, es el tercer desafío. El papa nos comparó con Nínive, una gran ciudad que se estaba destruyendo, fruto de la degradación, la violencia y la injusticia. Dios movió el corazón de Jonás para ser profeta de la misericordia y el perdón divino. El papa nos reta a tratarnos y organizarnos de manera diferente. Tenemos que comprender, cada vez más, que la injusticia y la degradación se están instalando como parte de nuestra cultura, y eso nos encamina hacia la ruina. La Iglesia tiene la misión de seguir evangelizando y de ser una Iglesia ‘en salida’, con rostro misericordioso, para anunciar a todos la esperanza cristiana: convertir lo que nos está destruyendo y sacar toda la bondad que llevamos dentro.

Por último, nos exhorta a seguir siendo una Iglesia y una ciudad sensible a la realidad de las migraciones. Aquí convergen mexicanos, centroamericanos y de otros países del mundo que acarician el sueño americano, y que son víctimas del narcotráfico, de la extorsión, del secuestro y de la trata de personas. El papa nos llama a ser luz para tantos hermanos nuestros que sufren estos males. Nos invita a apoyar a las organizaciones eclesiales y de la sociedad civil que trabajan a favor de los migrantes, a apoyar a quienes defienden y acompañan la vida. Hemos de seguir siendo Iglesia de brazos abiertos que conforta y sostiene.

El próximo jueves 16 de febrero será una maravillosa oportunidad para congregarnos y orar juntos, como diócesis, ahí donde Francisco celebró su última Eucaristía en México. Y el viernes 17, ¡qué bendición poder revivir la visita en una solemne acción de gracias!

El Osito Bimbo, de luto
Murió Don Lorenzo Servitje, fundador del grupo Bimbo. Muchos en México lo recordarán como un empresario católico ejemplar. Don Lorenzo se tomó en serio lo que dijo Pablo apóstol: “Todo cuando hagan, de palabra o de obra, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre”. Como discípulo de Jesucristo edificó sus empresas en la responsabilidad social y aplicando el espíritu de la Doctrina Social de la Iglesia. Fue un hombre que generó una gran cantidad de empleos y contribuyó enormemente al bienestar social en comunidades rurales e indígenas.

  

Generoso en obras de caridad y humanista, don Lorenzo fue fundador del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc), que tanto bien sigue haciendo para formar empresas con responsabilidad social. Su constante esfuerzo por devolver la ética a la política y por generar una sociedad limpia de corrupción y más igualitaria, hizo de don Lorenzo Servitje un apasionado buscador del Reino de Dios ordenando las realidades temporales según Dios. Sí, fue un millonario muy exitoso, pero Dios le dio a manos llenas porque don Lorenzo nunca vivió apegado al dinero, sino que fue solamente su administrador para el servicio del Reino. Dios nos regale a los mexicanos más empresarios-héroes de la estatura de Lorenzo Servitje. Descanse en paz.

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